<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579</id><updated>2011-12-18T09:56:11.349-08:00</updated><title type='text'>CUENTARIO {Cuentos y relatos de los cien gaiteros del delirio}</title><subtitle type='html'>{Cuentos y relatos leídos en la taberna del Olvido}</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>11</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111411822013417840</id><published>2005-04-21T14:17:00.000-07:00</published><updated>2005-04-21T14:21:37.133-07:00</updated><title type='text'>Sesión doble</title><content type='html'>Por: Mar&amp;iacute;a Dub&amp;oacute;n&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Eran cerca de las tres de la madrugada, el the end acostumbrado anunciaba el final de la pel&amp;iacute;cula subida de tono, por no decir abiertamente pornogr&amp;aacute;fica, que estaba viendo en la televisi&amp;oacute;n. La protagonista, una mujer despampanante, de esas que arrebatan los sentidos con su sensualidad refinada y exquisita, mi prototipo ideal de diosa del amor, se hab&amp;iacute;a paseado por la pantalla ligera de ropa, en cueros, imponente, y el actor principal, aunque en el cine todo sea ficticio, se la hab&amp;iacute;a beneficiado con absoluta veracidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recordando la armon&amp;iacute;a de aquella figura, los perfectos pechos siliconados, los cabellos dorados y luminosos, la seductora sonrisa carmes&amp;iacute; de la actriz, me fui al lecho conyugal donde dorm&amp;iacute;a Alicia. Durante la cena hab&amp;iacute;amos mantenido una de nuestras habituales peleas de matrimonio que acarrea una d&amp;eacute;cada de v&amp;iacute;nculo a sus espaldas. Alicia me hab&amp;iacute;a lanzado su lista de agravios recrimin&amp;aacute;ndome severa por llegar tarde del despacho, por no haber encontrado el momento de reparar la l&amp;aacute;mpara de la mesilla estropeada desde hac&amp;iacute;a varios meses, por no llevarla nunca a ning&amp;uacute;n sitio, por no dedicarles el tiempo suficiente a nuestros tres hijos, por no colaborar en las labores del hogar, por negarme sistem&amp;aacute;ticamente a visitar a sus padres... Yo la hab&amp;iacute;a dejado explayarse a sus anchas, en parte porque la mayor&amp;iacute;a de sus acusaciones eran ciertas, en parte porque sus reivindicaciones eran justas y en parte porque la conoc&amp;iacute;a, y sab&amp;iacute;a que si replicaba, estar&amp;iacute;a perdido. As&amp;iacute; que en estos casos, y en otros parecidos, daba la callada por respuesta a sus imputaciones, y esto produc&amp;iacute;a en ella una sensaci&amp;oacute;n de victoria que le permit&amp;iacute;a salvar el orgullo y me conced&amp;iacute;a a m&amp;iacute; un respiro hasta la siguiente refriega. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me acost&amp;eacute; pegado a la espalda de Alicia, que vestida con su camis&amp;oacute;n de franela rosa era el ant&amp;iacute;doto de la lujuria, pero que todav&amp;iacute;a conservaba el poder de excitarme. Le coloqu&amp;eacute; una mano en los pechos y ella se revolvi&amp;oacute; en sue&amp;ntilde;os. Aquellos pechos poco o nada ten&amp;iacute;an que ver con los que acababa de admirar, redondos, turgentes, irresistibles; los que abarcaba con mi mano eran otra cosa, ni punto de comparaci&amp;oacute;n, pero eran unos pechos al fin y al cabo y su principal virtud radicaba en estar ah&amp;iacute;, asequibles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute; hora es?&lt;/i&gt; -murmur&amp;oacute; Alicia adormilada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Las tres&lt;/i&gt; -respond&amp;iacute;- &lt;i&gt;Me vuelves loco&lt;/i&gt; -ment&amp;iacute; con descaro mientras le acariciaba las caderas a trav&amp;eacute;s de la tela. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Es tarde, vamos a dormir&lt;/i&gt; -contest&amp;oacute; ella sin darle importancia a mi deseo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo no ten&amp;iacute;a ni pizca de sue&amp;ntilde;o, de manera que introduje la mano por debajo de la franela y recorr&amp;iacute; ansioso los muslos con sus incipientes cartucheras, el vientre ligeramente abombado, sub&amp;iacute; hasta los pechos algo ca&amp;iacute;dos, aunque todav&amp;iacute;a en su sitio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;D&amp;eacute;jame&lt;/i&gt; -gru&amp;ntilde;&amp;oacute; Alicia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Record&amp;eacute; la escena &amp;aacute;lgida de la pel&amp;iacute;cula, en la que los protagonistas consuman su amor en un garaje, dentro del coche. Vi a la rubia desprendi&amp;eacute;ndose de su tanga rojo, levant&amp;aacute;ndose la falda hasta la cintura, mostrando sus deliciosas nalgas prietas, su vello p&amp;uacute;bico de oro; a aquel elegido de la fortuna metiendo sus dedos golosos en el sexo mojado y hambriento de la mujer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me col&amp;eacute; dentro de las bragas de Alicia, hac&amp;iacute;a un calor deliciosamente tibio, recorr&amp;iacute; con suaves movimientos circulares cada una de sus nalgas y pas&amp;eacute; un dedo por el canal que las separaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute; te pasa?&lt;/i&gt; -protest&amp;oacute;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;iquest;Acaso no era evidente lo que me ocurr&amp;iacute;a? Diez a&amp;ntilde;os compartiendo cama y a&amp;uacute;n necesitaba explicaciones. &amp;iquest;Es que no percib&amp;iacute;a la rigidez de mi miembro apretado contra su carne? &amp;iquest;Hac&amp;iacute;a falta un certificado notarial para convencerla de mis intenciones? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lejos de desanimarme, su apat&amp;iacute;a me encendi&amp;oacute; m&amp;aacute;s. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rubia abr&amp;iacute;a las piernas para facilitar las caricias, la fricci&amp;oacute;n del cl&amp;iacute;toris, y le bajaba la cremallera del pantal&amp;oacute;n a su pareja para extraerle la verga, se colocaba a horcajadas sobre sus piernas y frotaba el sexo con el suyo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia no se movi&amp;oacute; para allanarme el camino, tampoco puso demasiados impedimentos. Me aventur&amp;eacute; por su regi&amp;oacute;n selv&amp;aacute;tica y encontr&amp;eacute; la oculta gruta del placer h&amp;uacute;meda y acogedora. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Quiero dormir&lt;/i&gt; -manifest&amp;oacute; Alicia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como en tantas ocasiones, no le hice el menor caso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rubia tambi&amp;eacute;n hab&amp;iacute;a dudado, en el &amp;uacute;ltimo instante estuvo a punto de arrepentirse, pero las h&amp;aacute;biles manipulaciones del gal&amp;aacute;n la persuadieron de inmediato y fue ella la que dirigi&amp;oacute; el cotarro escogiendo el ritmo, la manera de hacerlo. Aplastaba los labios de su vagina en el prepucio del otro, dejaba que introdujera apenas unos cent&amp;iacute;metros dentro de ella y luego, malvada y lasciva, se retiraba. El hombre imploraba que le permitiese la entrada, pero ella disfrutaba resisti&amp;eacute;ndose a la tentaci&amp;oacute;n. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Pues ponte hacia arriba y duerme&lt;/i&gt; -le ped&amp;iacute; a Alicia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella obedeci&amp;oacute; resignada, como si correspondiese a un favor que me deb&amp;iacute;a, para que la dejase en paz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La rubia se desaboton&amp;oacute; la blusa y el hombre le arrebat&amp;oacute; el sujetador para perderse en la esf&amp;eacute;rica tibieza de unos pechos gloriosos, hechos a la medida de cualquier exigencia varonil. Lam&amp;iacute;a, chupaba, succionaba aquellos pezones maquillados igual que fresones maduros. Qui&amp;eacute;n fuese &amp;eacute;l, el dichoso mortal capaz de mamar el delicioso n&amp;eacute;ctar del amor en unos c&amp;aacute;ntaros de fina porcelana. Ella volv&amp;iacute;a a meterse un pedazo de verga un poco mayor, la absorb&amp;iacute;a con sus labios y la desterraba fuera. El s&amp;aacute;dico juego se demor&amp;oacute; hasta que el pobre hombre jade&amp;oacute; fren&amp;eacute;tico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Por favor, por favor, d&amp;eacute;jame entrar&lt;/i&gt; -le suplicaba a la rubia al borde del paroxismo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, inclemente, prolong&amp;oacute; su tortura al m&amp;aacute;ximo y aprovech&amp;oacute; el &amp;uacute;ltimo contacto para provocarse el &amp;eacute;xtasis con aquella enloquecedora masturbaci&amp;oacute;n, &amp;eacute;l la acompa&amp;ntilde;&amp;oacute; en sus sacudidas espasm&amp;oacute;dicas y explot&amp;oacute;. En un primer plano quedaron recogidas las sucesivas descargas de semen. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iquest;Terminas ya?&lt;/i&gt; -me interrumpi&amp;oacute; Alicia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le sub&amp;iacute; el camis&amp;oacute;n por encima de los pechos. Le quit&amp;eacute; las bragas, no consinti&amp;oacute; que le besara la boca y apret&amp;oacute; los labios para impedirlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Podr&amp;iacute;as poner algo de tu parte &amp;iquest;no?&lt;/i&gt; -le suger&amp;iacute; en vano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me esforc&amp;eacute; por despertar sus instintos, su afecto, pero ella no demostraba ninguna emoci&amp;oacute;n. Le dediqu&amp;eacute; las mejores flores que se me ocurrieron para regalar sus o&amp;iacute;dos. La acarici&amp;eacute; entera aguardando una reacci&amp;oacute;n positiva. Alicia continuaba ausente. Mi mano se arriesg&amp;oacute; en su sexo grande y dilatado, lo recorr&amp;iacute; lentamente de abajo arriba, cuando alcanc&amp;eacute; el cl&amp;iacute;toris, me apart&amp;oacute; la mano con rudeza. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Sigue durmiendo&lt;/i&gt; -mascull&amp;eacute; enfadado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Le coloqu&amp;eacute; la ropa en su lugar, la dej&amp;eacute; tapada y regres&amp;eacute; a la sala malhumorado. Justo al encender el televisor, aparec&amp;iacute;an los cr&amp;eacute;ditos de una nueva pel&amp;iacute;cula: &lt;i&gt;"Chochos ardientes"&lt;/i&gt;. El t&amp;iacute;tulo lo revelaba todo acerca de su contenido. Un vendedor de seguros llama a una puerta, la se&amp;ntilde;ora de la casa abre, es una mujer de mediana edad, corriente, casi vulgar, viste una bata acolchada que le llega a los pies; deja entrar al hombre para que le explique los beneficios de un seguro de vida y enseguida van al asunto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Est&amp;aacute;n los dos de pie, junto a la mesa del comedor, el agente de seguros ha sacado una calculadora y un bloc donde anota tarifas, con la mano libre rodea a la mujer por la cintura, ella se inclina haciendo ver que presta atenci&amp;oacute;n a los n&amp;uacute;meros y le ofrece su trasero amplio y fuerte. El hombre le remanga la bata y le mete mano directamente, le palpa el trasero, le baja las bragas hasta los tobillos y le recorre las piernas. Ella finge que no se entera, pero cuando sus dedos aprisionan el bot&amp;oacute;n del gozo, empieza a gemir y restriega el culo en los pantalones del asegurador, que se olvida de las cifras para desabrochase la bragueta y quitarse los calzoncillos.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mujer se desprende con urgencia de la bata y su cuerpo se desparrama por la mesa. &lt;i&gt;"F&amp;oacute;llame"&lt;/i&gt;, le exige abri&amp;eacute;ndose de piernas, y nosotros masajeamos sus pechos blancos y abundantes; su sexo jugoso se nos ofrece con generosidad, con la punta del glande repasamos sus labios presionando el cl&amp;iacute;toris erecto y nos sumergimos en las profundidades de un oc&amp;eacute;ano de placer decididos, precisos. A cada embestida se derraman sus fluidos que rebosan resbalando por sus carnes lechosas. Gime. Chilla. Reclama m&amp;aacute;s. Aumentamos la fuerza de las arremetidas y ella nos atrae con furia por las caderas provocando que la penetraci&amp;oacute;n le alcance la matriz. No nos concede tregua. &lt;i&gt;"As&amp;iacute;, hazme da&amp;ntilde;o"&lt;/i&gt;. Imposible contenerse. Sus piernas s&amp;oacute;lidas se enroscan alrededor de nuestra cintura y la verga desliza su p&amp;eacute;trea dureza entre una cascada de flujo, dentro y fuera con certera precisi&amp;oacute;n, a cada envite los test&amp;iacute;culos chocan con su cl&amp;iacute;toris. &lt;i&gt;"&amp;iexcl;Oh, eres un aut&amp;eacute;ntico semental! Te siento como un martillo. Ll&amp;eacute;name de ti"&lt;/i&gt;. Complacemos sus demandas con una abundante eyaculaci&amp;oacute;n que la desborda. &lt;i&gt;"Dame m&amp;aacute;s. Dame m&amp;aacute;s. T&amp;uacute; puedes"&lt;/i&gt;, jadea suplicante al borde del cl&amp;iacute;max. &lt;br /&gt;Pero yo no resisto, estoy exhausto, as&amp;iacute; que delego en el agente de seguros para que complazca su ninfoman&amp;iacute;aca avidez. Suda, resopla y logra la proeza de arrancarle un sonoro orgasmo que la deja desmayada en la mesa, con las piernas separadas y el sexo abierto de par en par, rojo y brillante en un medio plano que contempl&amp;eacute; entre la bruma del sue&amp;ntilde;o.&lt;/div&gt; &lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111411822013417840?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111411822013417840/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111411822013417840' title='20 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111411822013417840'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111411822013417840'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/sesin-doble.html' title='Sesi&amp;oacute;n doble'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>20</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111411694179251572</id><published>2005-04-21T13:55:00.000-07:00</published><updated>2005-04-21T13:55:41.793-07:00</updated><title type='text'>La pérdida</title><content type='html'>Por: Armando &amp;Aacute;lvarez Bravo   &lt;br /&gt;&lt;hr&gt; &lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Siempre lo hab&amp;iacute;a dicho. &lt;i&gt;El d&amp;iacute;a en que algo de lo que hay en esta casa salga de ella, ya no valdr&amp;aacute; la pena vivir. Todo se habr&amp;aacute; perdido&lt;/i&gt;. Su ins&amp;oacute;lita y final afirmaci&amp;oacute;n no era producto de su edad. Los a&amp;ntilde;os nada ten&amp;iacute;an que ver con ella. Desde que tuvo uso de raz&amp;oacute;n y comenz&amp;oacute; a apreciar los muebles, los adornos, los cuadros, las esculturas, las cristaler&amp;iacute;as, las porcelanas, las vajillas y las exquisitas piezas de toda naturaleza que colmaban la vieja mansi&amp;oacute;n vedadense que siempre hab&amp;iacute;a sido su hogar, supo que la singular belleza y excepcionalidad de aquellos tesoros acumulados por su familia desde el pasado siglo, constitu&amp;iacute;an la raz&amp;oacute;n de su existencia. All&amp;iacute;, entre aquellas gruesas paredes y tras los ventanales franceses protegidos por elaboradas rejas que se abr&amp;iacute;an sobre el denso jard&amp;iacute;n, se hab&amp;iacute;a integrado un museo tan fant&amp;aacute;stico como ideal e ins&amp;oacute;lito, en que coincid&amp;iacute;an y se armonizaban, junto a exponentes excepcionales del refinamiento criollo y piezas &amp;uacute;nicas de las m&amp;aacute;s depuradas expresiones de la creaci&amp;oacute;n colonial hispanoamericana, las m&amp;aacute;s delicadas manifestaciones del arte y la artesan&amp;iacute;a europeas. No faltaban, agregando su prodigio a la totalidad, ejemplos deslumbrantes del arte del asi&amp;aacute;tico. El crecer rodeado por estas maravillas determin&amp;oacute; su existencia. As&amp;iacute;, desde muy ni&amp;ntilde;o prefiri&amp;oacute; el indefinible placer que le deparaba la contemplaci&amp;oacute;n, cuidado y estudio de aquellos bienes en la rica biblioteca familiar, a los juegos a los que se entregaban sus compa&amp;ntilde;eros de colegio. Al ingresar en la universidad ya convertido en un notable anticuario, y contrario a lo que podr&amp;iacute;a suponerse, no eligi&amp;oacute; una carrera centrada en las artes, sino el Derecho. Se gradu&amp;oacute; con todos los honores y, de inmediato, comenz&amp;oacute; a ejercer exitosamente su profesi&amp;oacute;n en uno de los mejores bufetes de la capital, del que no tardar&amp;iacute;a en convertirse en socio. Cinco a&amp;ntilde;os despu&amp;eacute;s de graduado, gan&amp;oacute; por oposici&amp;oacute;n una c&amp;aacute;tedra en su facultad. Su intensa y exigente actividad no merm&amp;oacute; en nada su pasi&amp;oacute;n por las antig&amp;uuml;edades. Por el contrario, las generosas entradas que &amp;eacute;sta le proporcionaba le sirvieron para aumentar sus colecciones con piezas compradas en sus viajes a Europa, los Estados Unidos y algunos pa&amp;iacute;ses latinoamericanos, su asistencia a subastas internacionales, y sus frecuentes recorridos sabatinos por las penumbrosas y colmadas casas de antig&amp;uuml;edades de La Habana. Su posici&amp;oacute;n le impon&amp;iacute;a ciertos compromisos sociales. Los llevaba a cabo con verdadero estilo, pero evitaba los no esenciales para poder dedicar el mayor tiempo posible al disfrute y cuidado del mundo maravilloso que se multiplicaba en su residencia y siempre deslumbraba a los visitantes. Compart&amp;iacute;a ese espacio encantado con su madre y su hermana. Eran ellas las que con sus cotidianos y delicados cuidados manten&amp;iacute;an resplandeciente aquel incre&amp;iacute;ble patrimonio. Ni su hermana ni &amp;eacute;l se casaron. En un principio, en el ambiente social en que se mov&amp;iacute;an, ese hecho caus&amp;oacute; un natural asombro. Ambos eran unos prospectos ideales para constituir un hogar y una familia con todas las de la ley. Con el paso de los a&amp;ntilde;os, su solter&amp;iacute;a se acept&amp;oacute; como parte del orden natural de las cosas. Aunque en su caso, no se le dej&amp;oacute; de considerar por algunos como algo exc&amp;eacute;ntrico. Otros, le atribu&amp;iacute;an una vida secreta. Tal combinaci&amp;oacute;n ofreci&amp;oacute; un recurrente tema de conversaci&amp;oacute;n a su c&amp;iacute;rculo y, en ocasiones, lo trascendi&amp;oacute;. En esto tan s&amp;oacute;lo lo igualaba uno de sus mejores amigos: un soltero oculista, astr&amp;oacute;nomo y filat&amp;eacute;lico de primera categor&amp;iacute;a. La muerte de su madre fue un golpe terrible para ambos. Mitigaron su ausencia irreparable perseverando en su di&amp;aacute;fana devoci&amp;oacute;n por los bienes que hab&amp;iacute;an alegrado su vida volcada en la familia y la belleza. Un singular detalle ilustra ese culto filial. Siempre en la &amp;iacute;ntima cena nocturna se dispuso su puesto en la regia mesa. Tambi&amp;eacute;n, diariamente se renovaban las flores en el suntuoso altar de maderas preciosas cubanas que ten&amp;iacute;a en su habitaci&amp;oacute;n. Ante este venerable y prodigiosamente ornamentado mueble, postrados en su amplio reclinatorio forrado en piel, hab&amp;iacute;an prodigado sus devociones, gratitudes y peticiones varias generaciones de la familia desde sus fundadoras ra&amp;iacute;ces trinitarias. Se&amp;ntilde;oreaba el altar una m&amp;aacute;s que centenaria imagen de la Virgen del Carmen, ejecutada en madera policromada por  exquisitos art&amp;iacute;fices andaluces. Hombre tan responsablemente meticuloso en el cumplimientos de sus obligaciones, como piadoso sin estridencias por convicci&amp;oacute;n y tradici&amp;oacute;n, cuando se retiraba cada noche tras haber dispuesto los asuntos prioritarios del d&amp;iacute;a siguiente y haberse volcado sobre una pieza o entregado a dar una nueva fisonom&amp;iacute;a al ordenamiento de las que proliferaban en las vitrinas, esquineros, pedestales, mesas y canastilleros, sus oraciones eran una final declaraci&amp;oacute;n de gratitud por las gracias recibidas, la fija armon&amp;iacute;a de su vida y la incalculable d&amp;aacute;diva de las maravillas que lo rodeaban. De igual manera, muy consciente de sus dones, siempre rogaba a la Divina Misericordia por aquellos que no eran tan afortunados como &amp;eacute;l y por las almas de los tantos que no ten&amp;iacute;an a nadie que rezara por ellos, que es algo que muchos olvidan. Por muchos a&amp;ntilde;os, su vida discurri&amp;oacute; con la precisi&amp;oacute;n de las mareas. No faltaron en ese decursar inevitables golpes e inquietudes, que son una pisada en el coraz&amp;oacute;n. Pero siempre hall&amp;oacute; alivio a la adversidad en el acogedor abrigo de la casa y sus m&amp;uacute;ltiples prodigios. El mundo puede ser hostil cuando uno cree que es inexorable. Pero &amp;eacute;l jam&amp;aacute;s dud&amp;oacute; que pod&amp;iacute;a hacia frente a los problemas, si acced&amp;iacute;a sin peros a otro universo, a una intimidad y una plenitud al margen del tiempo y las cosas tremendas de la realidad. Para ello bastaba traspasar el umbral de grandes y recias puertas dobles que guardaba la inocencia de la infancia en la eternidad de la belleza &amp;uacute;nica y excepcional a la que se abrieron sus ojos, all&amp;iacute; donde la maravilla ten&amp;iacute;a tanto de evidencia como de encantamiento. La casa en lo alto de El Vedado. Su abrigo, su hogar, su museo prefigurando el para&amp;iacute;so. Cuando la situaci&amp;oacute;n pol&amp;iacute;tica del pa&amp;iacute;s comenz&amp;oacute; a deteriorarse, coincidiendo con una &amp;eacute;poca de gran desarrollo y bonanza econ&amp;oacute;mica, pens&amp;oacute; como su familia, sus socios, sus colegas y muchos de sus clientes y amigos, que aquella crisis era transitoria. Cuando en la noche de San Silvestre cay&amp;oacute; el gobierno y los revolucionarios tomaron el poder, en su c&amp;iacute;rculo se consider&amp;oacute; de igual manera que la vida nacional, a pesar de los reclamos de cambios radicales en la mec&amp;aacute;nica social, pol&amp;iacute;tica y econ&amp;oacute;mica del pa&amp;iacute;s que anunciaban los vencedores, no tardar&amp;iacute;a en volver a la normalidad tan pronto como estos le tomaran el gusto al poder y sus complacencias. El gusto por el poder de los nuevos mandarines se hizo evidente de inmediato. Pero llev&amp;oacute; aparejado un ba&amp;ntilde;o de sangre y el que se llenaran las prisiones, que no tardaron en ser insuficientes. Tambi&amp;eacute;n, el incremento de una represi&amp;oacute;n de estirpe asi&amp;aacute;tica que coincidi&amp;oacute; con la arbitraria nacionalizaci&amp;oacute;n de la empresa privada y otras medidas draconianas que dieron un vuelco radical al desenvolvimiento que hab&amp;iacute;a presidido sus vidas. Sus cuentas bancarias y otros intereses e inversiones que le aseguraban una existencia desahogada, pasaron a las insaciables arcas del r&amp;eacute;gimen. Aquellos que en desacuerdo con el nuevo ordenamiento optaban por marcharse del pa&amp;iacute;s, acababan por perderlo todo. Cuando cerraron su bufete, casi coincidiendo con la renuncia a su c&amp;aacute;tedra, que present&amp;oacute; en rechazo a los nuevos programas y gobierno universitarios de ra&amp;iacute;z estalinista, sus socios se exiliaron, sin comprender c&amp;oacute;mo &amp;eacute;l pod&amp;iacute;a asumir el riesgo de permanecer. Fueron otros m&amp;aacute;s en el incesante &amp;eacute;xodo al que el r&amp;eacute;gimen totalitario no tard&amp;oacute; en imponer ominosas condiciones y negar reiteradamente. Su decisi&amp;oacute;n de quedarse estuvo determinada por dos razones fundamentales. La primera era que no cre&amp;iacute;a que aquella situaci&amp;oacute;n pod&amp;iacute;a sostenerse, para empezar porque los americanos no lo permitir&amp;iacute;an por su peligrosa cercan&amp;iacute;a a su territorio, la incautaci&amp;oacute;n de sus propiedades, la p&amp;eacute;rdida de su influencia y la entrega del pa&amp;iacute;s a los dictados del bloque comunista en plena Guerra Fr&amp;iacute;a. La segunda, su final rechazo a abandonar su casa y sus preciosos bienes, cuyo destino &amp;uacute;ltimo, un museo, su hermana y &amp;eacute;l hab&amp;iacute;an dispuesto y asegurado con una generosa dotaci&amp;oacute;n. No pod&amp;iacute;a dejar que el r&amp;eacute;gimen se hiciera de tanta maravilla, lo que equival&amp;iacute;a a su destrucci&amp;oacute;n y dispersi&amp;oacute;n. Sent&amp;iacute;a que era su deber definitivo estar entre sus cosas, a&amp;uacute;n en las m&amp;aacute;s adversas y antag&amp;oacute;nicas condiciones, para preservarlas intactas hasta que la libertad y la legalidad volviesen al pa&amp;iacute;s. Fueron muchos los que consideraron que su decisi&amp;oacute;n era una locura. Propuso a su hermana que se marchase hasta que todo retornara a la normalidad. Contaba con el suficiente dinero en el exterior para que ella se instalase en los Estados Unidos o en Europa hasta que pasase el temporal. Su hermana se neg&amp;oacute;. No quer&amp;iacute;a dejarlo solo y se sent&amp;iacute;a igualmente responsable de lo que llamaba sus juguetes. Su decisi&amp;oacute;n fue igualmente considerada como una locura por sus allegados y amigos ya exiliados o en v&amp;iacute;as de abandonar el pa&amp;iacute;s. Sus vidas dieron un vuelco. Este fue, de alguna manera, m&amp;aacute;s violento para &amp;eacute;l que para su hermana, porque ella siempre hab&amp;iacute;a estado en la casa y cumplido sin sobresaltos un amable ritual dom&amp;eacute;stico y social, en tanto que &amp;eacute;l hab&amp;iacute;a compartido su pasi&amp;oacute;n por las antig&amp;uuml;edades con las exigencias de su profesi&amp;oacute;n, la ense&amp;ntilde;anza, los negocios y sus diversos compromisos sociales. El s&amp;uacute;bito cambio lo afect&amp;oacute; con sus violentas exigencias, pero la forzosa reorganizaci&amp;oacute;n de su vida en torno a lo que era lo esencial a su existencia, facilit&amp;oacute; su obligada adaptaci&amp;oacute;n. Unos pocos amigos, contra toda l&amp;oacute;gica y presiones, tambi&amp;eacute;n hab&amp;iacute;an decidido quedarse. Esto hizo que, a medida que aumentaban las dificultades y el encarar los problemas que proliferaban en la cotidianidad se hac&amp;iacute;a m&amp;aacute;s oneroso en todos los &amp;oacute;rdenes, las amistades se estrecharan a&amp;uacute;n m&amp;aacute;s. Constitu&amp;iacute;an un cerrado y extra&amp;ntilde;o c&amp;iacute;rculo de inermes supervivientes que se empe&amp;ntilde;aban en mantener un estilo y la imagen de un ayer arrasado. Su gran escape lo ten&amp;iacute;a los s&amp;aacute;bados. Ese d&amp;iacute;a iba a casa de un amigo diplom&amp;aacute;tico que, como &amp;eacute;l, se hab&amp;iacute;a atrincherado en su casa llena de libros en las afueras. All&amp;iacute;, se reun&amp;iacute;a un reducido y herm&amp;eacute;tico grupo de viejos amigos. Su conversaci&amp;oacute;n fluctuaba entre el comentario sobre los &amp;uacute;ltimos acontecimientos, la especulaci&amp;oacute;n sobre las posibles salidas al problema nacional, las dificultades a las que hab&amp;iacute;an tenido que hacer frente esa semana, la evocaci&amp;oacute;n del pasado y los ausentes, y la discusi&amp;oacute;n hist&amp;oacute;rica. Sal&amp;iacute;a de aquellos encuentros, cuya realizaci&amp;oacute;n se dificultaba cada vez m&amp;aacute;s por problemas de transporte, con una ilusi&amp;oacute;n de normalidad que no tardaba en desvanecerse. Muchas veces se dijo a s&amp;iacute; mismo que los que integraban ese grupo eran fantasmas encandilados por sus propias fantasmagor&amp;iacute;as y el peso de una realidad implacable. La escasez se impuso vertiginosamente en sus vidas. La mitigaba adquiriendo lo que necesitaban en el mercado negro. Esa riesgosa soluci&amp;oacute;n clandestina no siempre era factible. Por una parte, los suministradores carec&amp;iacute;an cada vez con m&amp;aacute;s frecuencia de los bienes imprescindibles, lo que incrementaba su ya elevado costo, y por otra, los controles policiales eran m&amp;aacute;s estrictos. Ese inexorable estilo de vida repercut&amp;iacute;a en la ce&amp;ntilde;ida econom&amp;iacute;a de los que la llevaban, aunque sus gastos b&amp;aacute;sicos se concretaran a la adquisici&amp;oacute;n de alimentos y de alguna que otra cosa imprescindible al desenvolvimiento dom&amp;eacute;stico. Dos veces o tres veces a la semana, una vez que hab&amp;iacute;a obtenido el codiciado turno de acceso, bien tras hacer una interminable cola o comprarlo, su hermana y &amp;eacute;l iban a comer con algunos amigos el estricto men&amp;uacute; que ofrec&amp;iacute;an los mermados restaurantes capitalinos. Otro hecho aument&amp;oacute; su abatimiento. Observ&amp;oacute; con dolor y tristeza crecientes como eran cada vez m&amp;aacute;s los integrantes de su c&amp;iacute;rculo que se sosten&amp;iacute;an vendiendo piezas preciosas de su patrimonio. Muchos, que ya no soportaban m&amp;aacute;s los asfixiantes rigores que pesaban sobre ellos, se reduc&amp;iacute;an o procuraban la salida del pa&amp;iacute;s, ofreciendo sin peros sus residencias y bienes a altos funcionarios y organismos del r&amp;eacute;gimen. Eran inermes v&amp;iacute;ctimas otra vez. Ahora del saqueo que llevaba a cabo una nueva clase a la que obsesionaba poseer unos lujos que eran el emblema de un pasado que condenaban los poderes totalitarios que sustentaban. Cuando muri&amp;oacute; la vieja sirvienta que hab&amp;iacute;a compartido sus vidas y que sepultaron con dolor en el pante&amp;oacute;n familiar, se vieron precisados a hacerse cargo de todos los quehaceres. El esfuerzo fue muy oneroso, aunque contaban con una asistenta que ven&amp;iacute;a dos o tres veces por semana a ayudarlos y que demandaba de ellos una constante supervisi&amp;oacute;n para evitar que rompiese sus m&amp;aacute;s fr&amp;aacute;giles piezas. As&amp;iacute;, tanto &amp;eacute;l como su hermana tuvieron que hacer frente a una frustrante y demoledora rutina que consum&amp;iacute;a agotadora gran parte del d&amp;iacute;a en interminables colas para obtener, si llegaban, las paup&amp;eacute;rrimas cuotas de alimentos. Cada d&amp;iacute;a que pasaba, la calidad de sus vidas se degradaba m&amp;aacute;s a pesar de sus esfuerzos por mantener el pudor y la integridad de un estilo. Esa disminuci&amp;oacute;n no depend&amp;iacute;a estrictamente de la falta de bienes de consumo ni de aquello imprescindible para mantener la casa y satisfacer necesidades de toda &amp;iacute;ndole, ahora un verdadero lujo. A ese angustioso agobio se sumaba inflexible e inexorable el agresivo antagonismo del r&amp;eacute;gimen hacia aquellos que no se doblegaban a sus designios. Sujeto a esa vida en cr&amp;iacute;tico estado de sitio, tan s&amp;oacute;lo encontraba un precario respiro en su asistencia a la iglesia, las cada vez m&amp;aacute;s distanciadas visitas y la dedicaci&amp;oacute;n, venciendo el agotamiento tenaz, al cuidado de sus antig&amp;uuml;edades. La salud de ambos se resinti&amp;oacute; y su atenci&amp;oacute;n demand&amp;oacute; nuevos esfuerzos. Ese desgaste, precipitado por la edad, las preocupaciones, el sufrimiento y los muchos a&amp;ntilde;os de ingratos esfuerzos, sobresaltos y carest&amp;iacute;as, precipitaron la enfermedad de su hermana. Falleci&amp;oacute; al cabo de cuatro ag&amp;oacute;nicos meses en que &amp;eacute;l hizo lo imposible para contrarrestar la deficitaria atenci&amp;oacute;n m&amp;eacute;dica y hospitalaria a la que se vio sometida. Tras el sepelio, rechaz&amp;oacute; con gratitud y delicadeza la oferta de compa&amp;ntilde;&amp;iacute;a que, para ayudarlo a sobrellevar los primeros momentos de la p&amp;eacute;rdida, le ofrecieron. No quer&amp;iacute;a abrumar a nadie con su dolor y, por otra parte, no era capaz de imponer a la solidaridad entra&amp;ntilde;able, una carga m&amp;aacute;s en medio de la cr&amp;iacute;tica situaci&amp;oacute;n imperante. Ahora, su vac&amp;iacute;a casa era m&amp;aacute;s honda y reinaba en ella un silencio un&amp;aacute;nime. Estaba definitivamente solo. Algunos de los pocos &amp;iacute;ntimos que le quedaban y sab&amp;iacute;an que dispon&amp;iacute;a en el extranjero de lo suficiente para pasar de una manera m&amp;aacute;s amable los &amp;uacute;ltimos a&amp;ntilde;os de su vida, le aconsejaron que se marchara. Le aseguraron que cuando planteara su deseo de irse del pa&amp;iacute;s a los funcionarios y los organismos que rondaban con avidez su casa llena de prodigios, todo se le viabilizar&amp;iacute;a. Que no tendr&amp;iacute;a que padecer las demoledoras agon&amp;iacute;as derivadas de esa decisi&amp;oacute;n. A pesar de la l&amp;oacute;gica de tales razonamientos, no se sent&amp;iacute;a capaz de abandonar el colmado recinto en que hab&amp;iacute;a transcurrido toda su vida. Su soledad hizo m&amp;aacute;s ardua a&amp;uacute;n su existencia. Para mitigarla se dedic&amp;oacute; a la confecci&amp;oacute;n de un pormenorizado cat&amp;aacute;logo de sus antig&amp;uuml;edades. Era una labor tan inmensa como compleja, pero al concentrarse en su ejecuci&amp;oacute;n, llegaba a un estado tal de concentraci&amp;oacute;n que olvidaba la hostilidad y el rigor en que viv&amp;iacute;a sumido. As&amp;iacute;, perdi&amp;oacute; cuenta del paso del tiempo. Sin embargo, los crecientes e inevitables embates a que estaba sometida su existencia hicieron mella en su salud. Comenz&amp;oacute; por experimentar un tenaz decaimiento f&amp;iacute;sico. La ce&amp;ntilde;ida dieta impuesta por el racionamiento y las comidas que ocasionalmente pod&amp;iacute;a hacer en un restaurante siempre le sentaban mal. Se dio cuenta de su p&amp;eacute;rdida de peso por la ropa, que ahora parec&amp;iacute;a colgar de su cuerpo. Su piel adquiri&amp;oacute; un color enfermizo. Las n&amp;aacute;useas y los v&amp;oacute;mitos aumentaron su frecuencia. Recurri&amp;oacute; in&amp;uacute;tilmente a remedios a su alcance. Cuando su malestar se hizo intolerable, visit&amp;oacute; a un m&amp;eacute;dico amigo y contertulio sabatino que atendi&amp;oacute; a su madre y su hermana. Gracias a sus contactos, &amp;eacute;ste logr&amp;oacute; que le hiciesen una serie de investigaciones reservadas a los privilegiados del r&amp;eacute;gimen. El diagn&amp;oacute;stico fue terminante. Ten&amp;iacute;a cirrosis. No vivir&amp;iacute;a m&amp;aacute;s de dos meses. Pregunt&amp;oacute; al m&amp;eacute;dico qu&amp;eacute; tiempo demorar&amp;iacute;a en quedar incapacitado por la enfermedad. Este le respondi&amp;oacute; que escasamente unas cuatro o cinco semanas. &lt;i&gt;&amp;iquest;El dolor?&lt;/i&gt;, pregunt&amp;oacute; entonces. Llegar&amp;aacute; un momento en que no podr&amp;aacute; evitarse por falta de las drogas, tratamientos y medicamentos adecuados, fue la respuesta. Tras despedirse al cabo de un minucioso di&amp;aacute;logo sobre su estado y su inevitable evoluci&amp;oacute;n, se encamin&amp;oacute; a la iglesia y se sent&amp;oacute; solitario en un banco apartado. Apenas pudo rezar. Al regreso a su casa, abri&amp;oacute; una botella de co&amp;ntilde;ac y comenz&amp;oacute; a beber a pesar de que sab&amp;iacute;a le har&amp;iacute;a da&amp;ntilde;o. El malestar que experiment&amp;oacute; le impidi&amp;oacute; terminar la segunda copa. Tom&amp;oacute; un fuerte analg&amp;eacute;sico y cuando sinti&amp;oacute; cierto alivio, se puso a examinar sus piezas favoritas. En la madrugada, el voraz incendio y el atronador despliegue de los bomberos y la polic&amp;iacute;a despert&amp;oacute; al barrio. Nada qued&amp;oacute; de la casa ni de las maravillas que alberg&amp;oacute;. Cuando los equipos de rescate pudieron finalmente acceder al interior de la residencia, hallaron su cuerpo calcinado en el despacho y determinaron que el incendio hab&amp;iacute;a sido intencional. El m&amp;eacute;dico, el diplom&amp;aacute;tico y aquel otro exc&amp;eacute;ntrico amigo oculista, astr&amp;oacute;nomo y filat&amp;eacute;lico, recordaron sobrecogidos que &amp;eacute;l hab&amp;iacute;a asegurado que si algo ten&amp;iacute;a que salir de aquella casa, no valdr&amp;iacute;a la pena vivir. Ninguno lo juzg&amp;oacute;.&lt;/div&gt; &lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111411694179251572?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111411694179251572/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111411694179251572' title='5 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111411694179251572'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111411694179251572'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/la-prdida.html' title='La p&amp;eacute;rdida'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111403641345257906</id><published>2005-04-20T15:33:00.000-07:00</published><updated>2005-04-20T15:33:33.453-07:00</updated><title type='text'>Fe de ratas</title><content type='html'>Por: Lourdes Beatriz Arencibia Rodr&amp;iacute;guez&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Los sucesos paranormales ya no estaban de moda, pero en el coraz&amp;oacute;n de un barrio de urbanizaci&amp;oacute;n s&amp;oacute;lo para violentos, con la boca tirando a sonrisa y el est&amp;oacute;mago a nostalgia, Amparo hab&amp;iacute;a decidido iniciarse de prostituta ese preciso verano con vocaci&amp;oacute;n de monja visigoda aspirando a no tener que pararse nunca de aquella butaca que alguna vez hab&amp;iacute;a sido &lt;i&gt;"de estilo"&lt;/i&gt; en la que por decisi&amp;oacute;n propia y aunque no ten&amp;iacute;a ning&amp;uacute;n impedimento f&amp;iacute;sico de locomoci&amp;oacute;n, hac&amp;iacute;a dieciocho a&amp;ntilde;os que permanec&amp;iacute;a sentada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era todav&amp;iacute;a anta&amp;ntilde;ona, ni ten&amp;iacute;a mala pinta y a&amp;uacute;n en aquella ins&amp;oacute;lita postura no le habr&amp;iacute;a sido tan dif&amp;iacute;cil recuperar la vieja rutina de la ofrenda en un sentido ortodoxo, a no ser porque una inesperada e inoportuna radical de mama la hab&amp;iacute;a dejado a los veinticuatro abriles liada en el capote de paseo con una pavorosa cicatriz que le cruzaba de lado a lado la hondonada donde antes tuvo generosas tetas y punzantes protuberancias. Era ilusorio desconocer que en cualquier c&amp;oacute;digo de tr&amp;aacute;nsito aquello era una se&amp;ntilde;al inequ&amp;iacute;voca de &lt;i&gt;"PARE"&lt;/i&gt;. Pero Amparo la Sentada hab&amp;iacute;a o&amp;iacute;do decir muchas veces a Padre que no hab&amp;iacute;a mujeres feas sino s&amp;oacute;lo con bajo nivel de alcohol en sangre y entre otras cosas, ten&amp;iacute;a hambre de futuro. Estaba pues, dispuesta a dedicarse con rogativa, trisagio, motete y letan&amp;iacute;as como quien promete una novena a San Aniceto, a una de las actividades que se hab&amp;iacute;an convertido junto al robo, las drogas y el juego en iconos de su generaci&amp;oacute;n, aunque fuera en dosis homeop&amp;aacute;ticas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Experiencia con el sexo ten&amp;iacute;a de sobra. Siendo todav&amp;iacute;a una adolescente de secundaria, nunca faltaba a la cita con las mamandurrias de Guajimico &amp;#8211;el guajiro con cara de mono, vendedor de los c&amp;aacute;rnicos del puesto, que sol&amp;iacute;a asecharla todas las ma&amp;ntilde;anas en la escalera de la ciudadela donde ambos viv&amp;iacute;an y r&amp;aacute;pidamente le convert&amp;iacute;a la blusa del uniforme en una verbena de manchas de chorizo y huellas dactilares para envidia de sus condisc&amp;iacute;pulas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Si&amp;eacute;ntate aqu&amp;iacute; un ratico que siempre bajas como un condenado reguilete&lt;/i&gt;- , le susurraba insinuante el guajiro con la diligencia de sus apremios matinales, tratando de extender los espasm&amp;oacute;dicos masajes de las redondas certezas de Amparo a otras zonas de su geograf&amp;iacute;a y la chica le dejaba hacer para marcar no tanto la confirmaci&amp;oacute;n del deseo, como la superioridad de su manejo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iexcl;Qu&amp;eacute; pejiguera la tuya, su&amp;eacute;ltame ya!&lt;/i&gt;- fing&amp;iacute;a que forcejeaba la otra con un indisimulado rejuego de entregas y complicidades, escabull&amp;eacute;ndose escaleras abajo cuando menos se pensara con los pezones como garbanzos y una risa que amenazaba con volverse de permanente cosquilleo debajo del ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jolgorio con Guajimico empez&amp;oacute; a parecerse demasiado a la producci&amp;oacute;n de butifarras . De suerte que cuando al fin, la polic&amp;iacute;a se lo llev&amp;oacute; preso por prenderle fuego a la colchoneta fumando mariguana, Amparo se alegr&amp;oacute; porque por lo pronto no la dejaba pre&amp;ntilde;ada - &lt;i&gt;&amp;iexcl;Quiz&amp;aacute;s llegue a parir un hijo cuando caduque la "libreta de racionamiento"!&lt;/i&gt;- le dec&amp;iacute;a, pero aunque la hab&amp;iacute;a perseguido hasta el catre, Guajimico no dur&amp;oacute; ni tres asaltos encaramado en el caballo. Lo vio pasar con la trastienda vac&amp;iacute;a, imp&amp;aacute;vida y desaprensiva, sin moverse del sill&amp;oacute;n adonde una andanada de violencia verbal de la concubina de Padre la hab&amp;iacute;a moment&amp;aacute;neamente confinado:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;iexcl;Ese no sale m&amp;aacute;s del tanque! &amp;iexcl;Y no me ensucies el piso que se nos va el agua y lo acabo de baldear! &amp;iexcl;De contra que est&amp;aacute; negro de churre con tanta mierda como dejan los pu&amp;ntilde;eteros gallos de tu padre!&lt;/i&gt; &amp;#8211;. La griter&amp;iacute;a no la dejaba pensar bien en los pr&amp;oacute;ximos posibles aspirantes a la escalera y ese proyecto fue la mejor manera que hall&amp;oacute; de decir adi&amp;oacute;s a Guajimico. En la barriada hab&amp;iacute;a por lo menos una decena de sementales que merec&amp;iacute;an matr&amp;iacute;cula, pero &amp;iexcl;ya habr&amp;iacute;a tiempo de abrirles un expediente cuando llegue el momento! Mejor irse ahora al cine, su pasatiempo favorito en segunda bancada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque la primera parte de su vida hab&amp;iacute;a transcurrido asfixiada en la niebla cultural de su medio, el di&amp;aacute;logo con la pantalla hab&amp;iacute;a sido siempre para Amparo una suerte de m&amp;aacute;gica experiencia que la conectaba muy fuertemente en viaje de ida y vuelta con su propia filmograf&amp;iacute;a. Tambi&amp;eacute;n de cara al p&amp;uacute;blico que llenaba noche a noche la carpa del circo &lt;i&gt;"comunitario"&lt;/i&gt;, se hab&amp;iacute;a acostumbrado a ver a Padre enfrentar la vida con rostro de payaso en un ejercicio de malabarismo que ten&amp;iacute;a mucho que ver con su afici&amp;oacute;n cin&amp;eacute;fila. Por muy divergentes y ficticias que en apariencia fuesen ambas historias, los desenlaces eran los mismos y marcaban los conflictos de su generaci&amp;oacute;n en ese otro escenario material donde sobreviv&amp;iacute;an, la mayor&amp;iacute;a de las veces para confirmarlos y no para refutarlos, cuando m&amp;aacute;s para envejecerlos s&amp;uacute;bitamente de cara a una realidad que sol&amp;iacute;a hacer muchas menos concesiones a sus protagonistas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iexcl;De pel&amp;iacute;cula!&lt;/i&gt; sol&amp;iacute;a decir con la lucidez que daba el saberse parte de la pelea cuando al filo de la medianoche regresaba a la casa con la proporci&amp;oacute;n, la cautela y la concreta ambig&amp;uuml;edad de alguien a quien Chaplin le ha contado la verdad de los cuentos. &amp;#8211;Cuando uno sale del cine, a&amp;uacute;n sabi&amp;eacute;ndose contra las cuerdas, todo parece mejor- pensaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A principios de septiembre, por complacer a Padre, Amparo se matricul&amp;oacute; en un curso de Instructores de Arte. Y tambi&amp;eacute;n por aquella &amp;eacute;poca, el viejo empez&amp;oacute; a traer a la casa a un italiano de nombre Marco, a quien conoci&amp;oacute; en la calle. Hac&amp;iacute;a alg&amp;uacute;n tiempo que hab&amp;iacute;a venido a dar a Cuba desde Sao Paulo, m&amp;aacute;s precisamente desde una &lt;i&gt;"strada"&lt;/i&gt; de nombre tan poco italiano como la Rua Haddock Lobo donde en el n&amp;uacute;mero 1644, funcionaba un restaurante de cocina mediterr&amp;aacute;nea en el que trabajaba que se llamaba Fasano, como su pueblo natal en la regi&amp;oacute;n de Puglia. &amp;#8211;&lt;i&gt;Il mio "paese"&lt;/i&gt;- como dec&amp;iacute;a, alargando voluptuosamente el diptongo. Enseguida, hizo buenas migas aunque de distinta manera, con los tres miembros de la familia: Amparo, la concubina y Padre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Marco no ten&amp;iacute;a amigos, sino intereses, dos cosas que s&amp;oacute;lo suelen tener en la vida coincidencias puntuales . Como casi todos los italianos sab&amp;iacute;a hacer pasta, lo cual era una gran ventaja en un pa&amp;iacute;s donde la pizza y los spaghettis se hab&amp;iacute;an convertido en pocos a&amp;ntilde;os en los platos de mayor demanda nacional. De manera que sus aspiraciones de abrir un &lt;i&gt;"paladar"&lt;/i&gt; en Centro Habana con tiempo y un algo de suerte, no resultar&amp;iacute;an del todo descabelladas sobre todo si era clandestino y mejor si se lograba ambientar para ese prop&amp;oacute;sito, alg&amp;uacute;n recoveco de la ciudadela que no quedara demasiado a la vista de la polic&amp;iacute;a.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pugliese ten&amp;iacute;a un gran esp&amp;iacute;ritu empresarial y alguna instrucci&amp;oacute;n, y para ganarse la simpat&amp;iacute;a de la juventud farandulera del barrio y especialmente de la familia de Padre, se autopropuso para cooperar en un &lt;i&gt;"proyecto cultural"&lt;/i&gt; de la comunidad.. Lo primero que trajo -para que se fueran haciendo una idea del lugar de donde les vendr&amp;iacute;a la pizza- fue un gran cartel a todo color que hablaba de Fasano, &lt;i&gt;"una "villeggiatura"&lt;/i&gt; de unos 40,000 habitantes, o sea, m&amp;aacute;s o menos tantos como los de Centro Habana...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iexcl;Bueno, no exactamente los mismos! &amp;iexcl;Fasano era en Italia, capito! &amp;iexcl;en medio de una regi&amp;oacute;n toda plantada de olivares a 5 km del Adri&amp;aacute;tico y a otros 5 de las colinas de Puglia...!&lt;/i&gt; El italiano estaba se&amp;ntilde;alando un punto imaginario del planeta porque despu&amp;eacute;s de todo, el cartel de marras lo que anunciaba era el Fasano de Brasil...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;All&amp;aacute;, mi familia tiene una casita en la colina y mis hermanos que son 7, un bote para salir a pescar...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La concubina de Padre asist&amp;iacute;a arrobada y dijo que mucho le gustar&amp;iacute;a ir a Italia. A nadie, ni siquiera a Marco y salvo al viejo, llam&amp;oacute; la atenci&amp;oacute;n el comentario, entre otras cosas porque en este lugar se da por descontado que en presencia de cualquier extranjero, alguien debe siempre &lt;i&gt;"concientizar"&lt;/i&gt; la idea de viaje. Curiosamente, Padre lo miraba con tanto enojo que el otro no juzg&amp;oacute; necesario decir m&amp;aacute;s nada y pleg&amp;oacute; el anuncio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el cine de la barriada estaban exhibiendo La Strada de Federico Fellini, con Giulietta Massina y Anthony Quinn en los roles de Zampan&amp;oacute; y Gelsomina, por lo que un rato despu&amp;eacute;s, Marco y Amparo se besaban y exploraban mutuamente en la oscuridad. De camino a la escalera se tropezaron con Padre que a&amp;uacute;n con la ropa de payaso les cort&amp;oacute; pr&amp;aacute;cticamente el paso. Por poco se mueren del susto cuando se les apareci&amp;oacute; aquel rostro enharinado de expresi&amp;oacute;n casi siniestra. Se separaron sin decir palabra.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Amparo, &amp;iquest;qu&amp;eacute; te parece si le preparamos como grupo una funci&amp;oacute;n sorpresa a Padre el domingo?&lt;/i&gt;- dijo el italiano a media semana, irrumpiendo en el patio de la ciudadela donde sol&amp;iacute;an reunirse los talleristas del proyecto cultural comunitario. Llevaba un papel en la mano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;T&amp;uacute; ser&amp;aacute;s Gelsomina y yo Zampan&amp;oacute;. He encontrado un texto de Ra&amp;uacute;l Hern&amp;aacute;ndez Nov&amp;aacute;s , que es ideal para eso. Lo podemos montar en la carpa como parte del programa. El administrador no se va a oponer. D&amp;iacute;ganme algo ustedes&lt;/i&gt;- y escrutaba el rostro de los dem&amp;aacute;s buscando consenso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La iniciativa cuaj&amp;oacute; y comenzaron los ensayos con la discreci&amp;oacute;n m&amp;aacute;xima que pod&amp;iacute;a ped&amp;iacute;rsele a la ciudadela. Padre por el d&amp;iacute;a ocup&amp;aacute;ndose de los gallos y por la noche en el circo, no tuvo mucha oportunidad de enterarse y la concubina no iba a perder por tan poco pedido el favor de Marco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Amparo/Gelsomina los payasos la pon&amp;iacute;an nerviosa. La primera impresi&amp;oacute;n que le produc&amp;iacute;a mirarles de cerca la cara era de p&amp;aacute;nico, aunque fuese la de Padre y ahora la suya. Y o&amp;iacute;rle re&amp;iacute;r le daban ganas de salir corriendo. De pie frente al espejo de maquillaje, dibuj&amp;oacute; r&amp;aacute;pidamente los contornos de un tr&amp;eacute;bol donde deb&amp;iacute;a ir una l&amp;aacute;grima y huy&amp;oacute; del cristal para no seguirse mirando, con la certeza de haberse librado de una alucinaci&amp;oacute;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Padre pr&amp;aacute;cticamente la ignor&amp;oacute; cuando fue a situarse en el centro del ruedo de la mano de Marco/Zampan&amp;oacute;. Tampoco pareci&amp;oacute; escucharla cuando comenz&amp;oacute; a recitar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"El me ha dicho que todo sirve, Todo, para algo: las estrellas infinitas que brillan y esta oscura piedrecita que he recogido, Zampan&amp;oacute;, del lodo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;Yo soy como esta piedra, o como el fondo, para siempre vac&amp;iacute;o, de botella, que brilla roto y entre el lodo hondo responde a la sonrisa de la estrella.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;&amp;iquest;Por qu&amp;eacute; no me echas, bruto, del camino, pateando la piedra a tu capricho, y no te vas con las dem&amp;aacute;s mujeres? ".&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin dar tiempo a nada, Padre se lanza al ruedo, echa a un lado bruscamente a Gelsomina e increpa a Marco con voz rajada m&amp;aacute;s all&amp;aacute; de la afon&amp;iacute;a:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;i&gt;"&amp;iquest;Qu&amp;eacute; hay en tu cabeza? El Loco vino en la noche de estrellas y me ha dicho... Zampan&amp;oacute;, &amp;iquest;t&amp;uacute; me quieres? &amp;iquest;t&amp;uacute; me quieres?"&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amparo intent&amp;oacute; calmarlo. Pero el viejo estaba como pose&amp;iacute;do. Gritaba, gem&amp;iacute;a casi abrazado al italiano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trataba de comprobar con escalera y lupa el significado real de aquella desatinada intervenci&amp;oacute;n recibida en estado casi puro con la &amp;uacute;ltima estrofa del poema. &amp;iquest;Pero qu&amp;eacute; puede sentir una joven de 23 a&amp;ntilde;os la primera vez que se percata de que su padre tiene reacciones claramente homosexuales y que adem&amp;aacute;s, est&amp;aacute; loco de celos por causa suya? &amp;iquest; Y qu&amp;eacute; esperaba de ella el viejo, un comportamiento de inteligencia o la inteligencia del comportamiento?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Restablecer el equilibrio de aquellas cuatro vidas no fue f&amp;aacute;cil. Marco y la concubina trataron de sacar adelante el paladar aunque hubo que cerrarlo poco despu&amp;eacute;s por la presi&amp;oacute;n de los inspectores. Padre se pas&amp;oacute; semanas enteras sin ir al circo, ni apostar a los gallos. Se dir&amp;iacute;a que le abochornaba asumir su identidad. Y aunque Amparo trat&amp;oacute; de convencer a los suyos de que todo hab&amp;iacute;a sido una actuaci&amp;oacute;n para olvidar, ya la otra le estaba advirtiendo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iexcl;Eso te crees t&amp;uacute;..!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El extranjero desapareci&amp;oacute; un d&amp;iacute;a de la barriada y las malas lenguas dicen que de paso, se llev&amp;oacute; a la concubina de Padre a Italia para llevar a cabo, en Fasano, el proyecto de la pizzer&amp;iacute;a. Un a&amp;ntilde;o m&amp;aacute;s tarde, Amparo ingres&amp;oacute; de urgencia en el hospital para una amputaci&amp;oacute;n de mamas.. Al principio, el viejo la sustituy&amp;oacute; en la cilindrada de la escalera con el br&amp;iacute;o de una liberaci&amp;oacute;n finalmente alcanzada. Y meses despu&amp;eacute;s, sin pujas gremiales, llegaron a alternarse los recuentos del oto&amp;ntilde;o y las calenturas de la primavera sin que ninguno de los dos estimara que el otro iba a ara&amp;ntilde;arle los escalones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y as&amp;iacute; fue que aquel preciso d&amp;iacute;a de marzo, frente al Malec&amp;oacute;n de La Habana fonde&amp;oacute; el Maraveli, el misterioso buque que siempre se aparece por Semana Santa desafiando tornados en las aguas del oc&amp;eacute;ano Pac&amp;iacute;fico. Seg&amp;uacute;n la leyenda, quien se atreva a mirar los fuegos de San Telmo que se encienden en su palo mayor, queda ciego de inmediato. Como por Gabriel Garc&amp;iacute;a M&amp;aacute;rquez sab&amp;iacute;a que un buque as&amp;iacute; hab&amp;iacute;a encallado junto a la iglesia de un pueblo colombiano ante los despavoridos ojos de sus habitantes, Amparo corri&amp;oacute; a alertar a Padre, al cura, al babalao y al del Poder popular, con la esperanza de que si la nave llegaba a alcanzar las puertas de la ciudadela los capitanes Fokkeque y Van der Dekken quedar&amp;iacute;an prendados de los atractivos de su escalera. As&amp;iacute; se llamaban los holandeses condenados a errar por los mares hasta que hallasen una mujer capaz de serles fiel y a navegar adem&amp;aacute;s eternamente, por hacerse a la mar un Viernes Santo y pactar con el diablo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Respondiendo a las se&amp;ntilde;ales de las autoridades del puerto, los rubios capitanes ataviados con sus pintorescos y apolillados uniformes se dispon&amp;iacute;an a bajar a tierra, muy solemnes y circunspectos, para saludar a la gente que ya se estaba colocando a ambos lados del trayecto hacia la iglesia y asistir al servicio religioso que oficiar&amp;iacute;a el cura auxiliado por el babalao con el ceremonial que corresponde a herejes c&amp;eacute;lebres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El holand&amp;eacute;s Van der Dekke llevaba un gallo giro bajo el brazo. Presuntamente, lo hab&amp;iacute;a canjeado hac&amp;iacute;a poco en una comunidad ind&amp;iacute;gena de la Sierra de los Haitises cuando el Maraveli maniobraba para presenciar el apareamiento anual de las ballenas jorobadas sin poder evitar encallarse en la pen&amp;iacute;nsula de Saman&amp;aacute;, del vecino Santo Domingo. Su amaneramiento era evidente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que los homosexuales hablan entre s&amp;iacute; un lenguaje secreto con los ojos comparable al de las mujeres con los abanicos y que se identifican y se concertan s&amp;oacute;lo con mirarse. Nadie sabe c&amp;oacute;mo ni en qu&amp;eacute; momento Padre y Van der Dekke se pusieron de acuerdo. Pero al llegar a la casa, el viejo hablaba de echarle el gallo cenizo al giro del holand&amp;eacute;s, y dec&amp;iacute;a adem&amp;aacute;s, que el visitante estaba dispuesto a improvisar una valla en la cubierta del buque y que la pelea ser&amp;iacute;a con los dos solos, sin testigos, a la fantasmag&amp;oacute;rica claridad de las estrellas tan pronto terminara la ceremonia en la que la bater&amp;iacute;a de La Divina Pastora dispara el fogonazo de las nueve en el castillo de los Tres Reyes del Morro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Bueno, dec&amp;iacute;a Amparo, entretanto yo puedo ir entablando relaci&amp;oacute;n con Fokkeque en la escalera &amp;iexcl;Qui&amp;eacute;n sabe si el destino de Padre y m&amp;iacute;o es partir juntos, ni m&amp;aacute;s ni menos libres, a navegar por esos mares..!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iexcl;Ese buque esta deshabitado, Amparo!&lt;/i&gt; advirti&amp;oacute; de nuevo el barrio. La aludida reaccion&amp;oacute; casi con desprecio. -&amp;iexcl;Claro que no pod&amp;iacute;an verlo si se pon&amp;iacute;an a mirar de frente al Maraveli! &amp;iexcl;Deja que se produzcan los milagros!-.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, un extra&amp;ntilde;o sentimiento empez&amp;oacute; a avanzar desde lo oscuro como clave y no como carga en el principio y fin de los secretos, pero Padre parec&amp;iacute;a muy seguro cuando meti&amp;oacute; al cenizo en la bolsa de tela de saco con agujeros por ambas caras, se la colg&amp;oacute; al hombro y dijo a la muchacha: -&lt;i&gt;Esp&amp;eacute;reme aqu&amp;iacute; sentadita m&amp;rsquo;ija, que paso a buscarla a la media noche. Yo tambi&amp;eacute;n creo que nos vamos...- y sali&amp;oacute; presuroso.&lt;/i&gt; -&amp;iexcl;A&amp;uacute;n ni no volviese a verle..!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tarde en la madrugada llamaron a la puerta de Amparo para entregarle en una caja de zapatos lo que hab&amp;iacute;a quedado del viejo. &lt;i&gt;&amp;iquest;Ajuste de cuentas por deudas de juego en la siniestra valla...?&lt;/i&gt; Nunca se sabr&amp;iacute;a a cu&amp;aacute;nto se elevaron las apuestas en cubierta, ni en qu&amp;eacute; moneda el holand&amp;eacute;s le cobr&amp;oacute; la coima. El buque fantasma desapareci&amp;oacute; como mismo hab&amp;iacute;a aparecido, desliz&amp;aacute;ndose mar afuera sin hacer ruido y a oscuras haci&amp;eacute;ndose invisible a las luces del faro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amparo la Sentada lleva a&amp;ntilde;os en la misma postura. Le va bien de prostituta. Como no tiene tetas, se rapa la cabeza y pasa por travesti. A los cuarenta y dos a&amp;ntilde;os, se parece cada d&amp;iacute;a m&amp;aacute;s a Padre. As&amp;iacute; de pronto, se dir&amp;iacute;a que es la misma persona. Pero los sucesos paranormales ya no est&amp;aacute;n de moda.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111403641345257906?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111403641345257906/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111403641345257906' title='6 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111403641345257906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111403641345257906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/fe-de-ratas.html' title='Fe de ratas'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111386550555446295</id><published>2005-04-18T16:05:00.000-07:00</published><updated>2005-04-18T16:05:05.553-07:00</updated><title type='text'>Leyenda a las puertas de una sala del museo de arte moderno</title><content type='html'>Por: Mauricio-Jos&amp;eacute; Schwarz&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sadoc era m&amp;aacute;s que un tatuador. Era un artista del tatuaje.&lt;br /&gt;Se ve&amp;iacute;a a s&amp;iacute; mismo como un Gaugin, ignorado, despreciado, exiliado en las lejanas islas de un archipi&amp;eacute;lago de la sociedad que ni le satisfac&amp;iacute;a ni le asfixiaba. Simplemente lo dejaba ser, ignor&amp;aacute;ndolo salvo cuando, ocasionalmente, alg&amp;uacute;n tipo rudo llegaba pidi&amp;eacute;ndole sus servicios, generalmente un coraz&amp;oacute;n, un nombre o la figura de una mujer desnuda en simple color azul. Eran tatuajes baratos y se ve&amp;iacute;an baratos. Pero &amp;eacute;l trataba de afinar en ellos su t&amp;eacute;cnica, de experimentar y de demostrar que era mejor, a&amp;uacute;n por las m&amp;iacute;seras cantidades que le atra&amp;iacute;a su oficio. A diferencia de Gaugin, no estaba, empero, sumido en la miseria. &amp;Eacute;l no tendr&amp;iacute;a que trabajar en las cuadrillas suicidas de Ferdinand de Lesseps para abrir un canal en Panam&amp;aacute;. Ten&amp;iacute;a una modesta fortuna. Cuatro edificios de departamentos cuyas rentas le permit&amp;iacute;an no s&amp;oacute;lo vivir con desahogo, manteniendo sus consumos a un nivel en extremo modesto, sino reunir una suma respetable en monedas de oro celosamente guardadas en una caja de seguridad bancaria. Para pasar el tiempo administraba sin mucho inter&amp;eacute;s un peque&amp;ntilde;o establecimiento de libros viejos en uno de sus edificios, un sitio oscuro, ubicado en un callej&amp;oacute;n casi ignorado cerca del centro de la ciudad de M&amp;eacute;xico. La librer&amp;iacute;a comunicaba con un departamento amplio y c&amp;oacute;modo, sin lujos, pero sin duda muy superior a lo que uno habr&amp;iacute;a podido suponer juzgando a partir de la fachada. Rentaba tambi&amp;eacute;n otras accesorias a comerciantes maltrechos, que apenas sobreviv&amp;iacute;an. Una mujer que vend&amp;iacute;a yerbas medicinales, un taxidermista que siempre estaba atrasado con la renta, un relojero casi arruinado por el avance irrefrenable de la electr&amp;oacute;nica y, en la esquina, una anticuada seder&amp;iacute;a siempre impregnada del olor de antiguas m&amp;aacute;scaras de cart&amp;oacute;n que ya jam&amp;aacute;s habr&amp;iacute;an de venderse.&lt;br /&gt;Sadoc se reun&amp;iacute;a una vez al mes con su contador y cobrador, en un despacho que &amp;eacute;l mismo le rentaba, hac&amp;iacute;a cuentas y pasaba al banco a depositar. El resto del tiempo, en el mostrador de su librer&amp;iacute;a, dibujaba. Dibujaba constantemente, siempre sintiendo el l&amp;aacute;piz ajeno a sus dedos, a&amp;ntilde;orando el tacto de las agujas para tatuar.&lt;br /&gt;En una ocasi&amp;oacute;n, entre sus miserables clientes sin gusto y sin dinero, hab&amp;iacute;a destacado un personaje desusado, un estadounidense de origen chino que deseaba un tatuaje singular. Se trataba de un le&amp;oacute;n-drag&amp;oacute;n, como los que guardan la entrada a la ciudad prohibida de Pek&amp;iacute;n. El hombre, en mal espa&amp;ntilde;ol, le hab&amp;iacute;a preguntado si acaso &amp;eacute;l tendr&amp;iacute;a la habilidad necesaria para hacer un trabajo as&amp;iacute;, y le hab&amp;iacute;a mostrado un grabado exquisitamente elaborado, multicolor, fant&amp;aacute;stico e inspirado a la vez, de ra&amp;iacute;ces antiguas, pero indudablemente con influencias contempor&amp;aacute;neas.&lt;br /&gt;El extranjero estaba reticente, desconfiando acaso de lo que hab&amp;iacute;a sido una recomendaci&amp;oacute;n casual. Pero Sadoc sab&amp;iacute;a que era perfectamente capaz de reproducir el grabado con toda fidelidad, adapt&amp;aacute;ndose a los pliegues de la espalda del hombre, a los suaves valles que rodeaban a sus om&amp;oacute;platos, a la serpiente en bajorrelieve de su espina dorsal. Entusiasmado, casi le rog&amp;oacute; al hombre que le permitiera hacer el trabajo, aunque no lo pagara. El chino mencion&amp;oacute; algo de los tatuajistas de San Francisco. Sadoc los consideraba artistas menores, artesanos h&amp;aacute;biles nada m&amp;aacute;s. Le habl&amp;oacute;, le mostr&amp;oacute; fotos de algunos trabajos. Al fin lo convenci&amp;oacute;. El hombre volvi&amp;oacute; a su pa&amp;iacute;s con un maravilloso le&amp;oacute;n en la espalda.&lt;br /&gt;Dos a&amp;ntilde;os despu&amp;eacute;s, el le&amp;oacute;n llev&amp;oacute; a un nuevo cliente al establecimiento de Sadoc, donde &amp;eacute;ste hac&amp;iacute;a unas cuentas en su mostrador, bajo el letrero, siempre inc&amp;oacute;modo en la librer&amp;iacute;a, que anunciaba &lt;b&gt;"Se hacen tatuajes"&lt;/b&gt;.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Buenas tardes, &amp;iquest;el se&amp;ntilde;or Sadoc?&lt;/i&gt; &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; una voz aguda e insegura.&lt;br /&gt;Sadoc levant&amp;oacute; la vista y no alcanz&amp;oacute; a abarcar con ella a la colosal figura que estaba ante &amp;eacute;l. Era un hombre de dimensiones impresionantes. Llamarle gordo hubiera sido subestimarlo, insultarlo. Era gigantesco. Su circunferencia era tan asombrosa como su estatura. Casi dos metros de hombre llevaban a su alrededor el atroz esferoide de grasa que lo cubr&amp;iacute;a. Vest&amp;iacute;a una camisa enorme, de cuyas mangas cortas surg&amp;iacute;an como dos lechones los brazos rosados. Sadoc tard&amp;oacute; un poco en darse cuenta de que el hombre era adem&amp;aacute;s rubio y extremadamente blanco.&lt;br /&gt; &amp;#8212;&lt;i&gt;Yo soy, &amp;iquest;en qu&amp;eacute; puedo servirle?&lt;/i&gt; &amp;#8212;respondi&amp;oacute; al fin Sadoc tratando de ocultar su asombro y dando un plumazo final al cuaderno en el que estaba trabajando, como si hubiera estado considerando la parte final de un c&amp;aacute;lculo complicado antes de atender a su visitante. Fue un d&amp;eacute;bil intento. El hombre se hab&amp;iacute;a dado cuenta claramente de la impresi&amp;oacute;n que hab&amp;iacute;a producido en Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Usted es el tatuador?&lt;/i&gt; &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; V&amp;iacute;ctor, acostumbrado a evocar esa reacci&amp;oacute;n de sorpresa en quienes lo ve&amp;iacute;an por primera vez.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;S&amp;iacute;, yo soy&lt;/i&gt; &amp;#8212;admiti&amp;oacute; Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Bien. Mire, quer&amp;iacute;a hablar con usted porque s&amp;eacute; que es un excelente tatuador &amp;iquest;o se dice tatuajista?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Artista del tatuaje es lo correcto&lt;/i&gt; &amp;#8212;aclar&amp;oacute; Sadoc con cierto orgullo evidente.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Usted perdone, pero no estoy familiarizado con los t&amp;eacute;rminos. Como fuere, he tenido la oportunidad de ver un trabajo de usted, un le&amp;oacute;n chino que hizo para un amigo m&amp;iacute;o hace un par de a&amp;ntilde;os, &amp;iquest;lo recuerda?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Sadoc lo recordaba bien. Por primera vez hab&amp;iacute;a podido utilizar todos sus colores, su habilidad, sus instrumentos y su genio creativo en el tatuaje del chino. Asinti&amp;oacute; silenciosamente.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Quisiera un peque&amp;ntilde;o trabajo, pero con la misma calidad. Aqu&amp;iacute;.&lt;/i&gt; &amp;#8212;Con modestia el gigante se desaboton&amp;oacute; la camisa exhibiendo un pecho lampi&amp;ntilde;o que desafiaba a la expresi&amp;oacute;n. La suya era una gordura cultivada, cuidada. S&amp;oacute;lo hab&amp;iacute;a dos pliegues pronunciados bajo lo que s&amp;oacute;lo pod&amp;iacute;a describirse como sus pechos. Lo dem&amp;aacute;s era una planicie inmaculada y blanca, extensa. Se se&amp;ntilde;al&amp;oacute; con un dedo el lugar bajo el cual, profundamente enterrado bajo la capa de grasa, se hallaba su estern&amp;oacute;n.&lt;br /&gt;Sadoc no pudo ocultar que lo miraba con demasiada intensidad.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Quisiera una reproducci&amp;oacute;n de esta pintura&lt;/i&gt; &amp;#8212;dijo despu&amp;eacute;s de unos segundos la aguda, parad&amp;oacute;jica voz del gigante. Del bolsillo de la camisa extrajo una postal con la imagen de un b&amp;uacute;ho. Sadoc la reconoci&amp;oacute; de inmediato. Era una figura del panel central del Jard&amp;iacute;n de las delicias del Bosco. Un b&amp;uacute;ho gordo, lo que no dej&amp;oacute; de notar el tatuajista.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Por lo visto es usted un amante del arte. Un detallista&lt;/i&gt; &amp;#8212;coment&amp;oacute; Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Lo conoce?&lt;/i&gt; &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; genuinamente sorprendido el obeso personaje.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Por supuesto. El Bosco es uno de mis pintores favoritos, y el tr&amp;iacute;ptico lo conozco como la palma de mi mano.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Ya me imaginaba que usted era realmente un artista. Disculpe, &amp;iquest;no tiene una silla s&amp;oacute;lida que me pueda permitir? Me resulta muy fatigoso permanecer en pie.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Esp&amp;eacute;reme un momento. D&amp;eacute;jeme cerrar y pasemos a mi departamento. As&amp;iacute; podemos sentarnos y hablar con calma.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Mientras cerraba las puertas de la librer&amp;iacute;a, calculando que su colosal visitante seguramente hab&amp;iacute;a maniobrado con bastante cuidado para entrar al local, Sadoc pensaba en la forma de hablar del individuo. No parec&amp;iacute;a mexicano. Su espa&amp;ntilde;ol era fluido pero un tanto teatral: &lt;i&gt;"me resulta muy fatigoso"&lt;/i&gt;. No ten&amp;iacute;a acento identificable, empero ten&amp;iacute;a un aspecto y un trato desusados, y no s&amp;oacute;lo por su apabullante volumen. Sadoc pensaba a toda velocidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya instalados en el departamento de Sadoc, el hombre se present&amp;oacute; como V&amp;iacute;ctor.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Usted es mexicano?&lt;/i&gt; &amp;#8212;se atrevi&amp;oacute; a preguntar Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Bueno, en cierto modo s&amp;iacute;. Nac&amp;iacute; en el norte y mis padres me llevaron a Europa muy peque&amp;ntilde;o. Luego mi padre se vio precisado a ir a Nueva Zelanda. Estuvimos un tiempo en Birmania, en Jap&amp;oacute;n y finalmente en Estados Unidos, en San Francisco. Pero al morir mis padres, porque los dos murieron en un accidente de carretera, decid&amp;iacute; volver a M&amp;eacute;xico. Y, como no tengo parientes, me dediqu&amp;eacute; a ir de aqu&amp;iacute; para all&amp;aacute;, viajando, repitiendo el itinerario de mi infancia pero tratando siempre de mantenerme al tanto de los acontecimientos de aqu&amp;iacute; y de no olvidar el lenguaje. Finalmente me ubiqu&amp;eacute; aqu&amp;iacute; hace diez a&amp;ntilde;os. En fin... &amp;iquest;cu&amp;aacute;nto me va a cobrar por el trabajo?&lt;/i&gt; &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; volviendo de pronto de su ensue&amp;ntilde;o memorioso.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Bueno, eso lo veremos despu&amp;eacute;s. &amp;iquest;No gusta un caf&amp;eacute;? &amp;iquest;Un refresco? &amp;iquest;Unas galletas?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Caf&amp;eacute; no. Me causa un mayor esfuerzo al coraz&amp;oacute;n... y tengo que cargar con esto&lt;/i&gt; &amp;#8212;se se&amp;ntilde;al&amp;oacute; con un movimiento de la mano, un pase como el que realiza un mago sobre el sombrero del cual ha de extraer alg&amp;uacute;n prodigio&amp;#8212;. &lt;i&gt;Pero s&amp;iacute; un refresco... y si tiene galletas...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Sadoc entr&amp;oacute; a la cocina. Trat&amp;oacute; de ordenar sus ideas. V&amp;iacute;ctor no se ve&amp;iacute;a rico. Su camisa era vieja, y sus pantalones mostraban un prolongado uso. No llevaba joyer&amp;iacute;a fuera de un barato reloj digital en la mu&amp;ntilde;eca izquierda.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Por qu&amp;eacute; el b&amp;uacute;ho del Bosco?&lt;/i&gt; &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; Sadoc al volver&amp;#8212;. &lt;i&gt;No es que quiera meterme en lo que no me importa.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;No, no se aflija. Es una pieza menor de una obra maestra. Ser&amp;iacute;a un tatuaje original. Le ser&amp;eacute; sincero&lt;/i&gt; &amp;#8212;dijo en un arrebato&amp;#8212;. &lt;i&gt;Tengo algunos problemas singulares, de salud y de dinero. Ya se imaginar&amp;aacute; que a un hombre de mis caracter&amp;iacute;sticas le resulta en extremo dif&amp;iacute;cil hallar un empleo a modo. He decidido volver a los Estados Unidos, a ver si puedo trabajar en un sideshow. Usted sabe, esos carnavales que se ponen a un lado de los circos con mujeres barbadas, enanos y cosas as&amp;iacute;. Pero el Bosco siempre me ha gustado y... siempre he querido tatuarme. Aqu&amp;iacute; est&amp;aacute; muy mal visto, pero en los Estados Unidos se le considera una especie de arte. All&amp;iacute; un tipo tatuado lo puede atender a uno en un banco y nadie se escandaliza. Y si empiezo as&amp;iacute; y voy coleccionando un tatuaje aqu&amp;iacute; y otro all&amp;aacute; con diferentes artistas, ser&amp;iacute;a la mezcla perfecta: el hombre tatuado y el gordo del circo. Dos freaks en uno, dos monstruos, de los que no somos como los dem&amp;aacute;s. Quise comenzar con usted porque hace un a&amp;ntilde;o vi a mi amigo, Charles Li, y me mostr&amp;oacute; su magistral tatuaje. Y es muy probable que ya no vuelva jam&amp;aacute;s a M&amp;eacute;xico, as&amp;iacute; que, &amp;iquest;por qu&amp;eacute; no llevarme un recuerdo extra&amp;ntilde;o como una figura del Bosco tatuada en el pecho? Yo soy extra&amp;ntilde;o. Mi vida es extra&amp;ntilde;a. Todo el mundo se da cuenta de eso.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Hablaba y com&amp;iacute;a sin interrupci&amp;oacute;n. Sadoc le pas&amp;oacute; la caja de galletas. Su impresi&amp;oacute;n era real: el hombre no ten&amp;iacute;a dinero.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Pero, &amp;iquest;por qu&amp;eacute; puede querer una reproducci&amp;oacute;n un hombre como usted?&lt;/i&gt; &amp;#8212;dijo al fin Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Como yo?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Se ha visto usted al espejo? No, no me refiero a como lo ven los dem&amp;aacute;s. &amp;iquest;Sabe lo que es usted? &amp;iquest;Su cuerpo?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Bueno, yo...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Es materia prima. Es un muro, una fachada en la que puede plasmarse el m&amp;aacute;s asombroso mural que nadie se haya imaginado. Es la tierra f&amp;eacute;rtil en la que puede echar semilla el trabajo, la capacidad, la imaginaci&amp;oacute;n y la depurada t&amp;eacute;cnica de un artista. Piense: cada cent&amp;iacute;metro cuadrado de su piel cubierto de tatuajes maravillosos, todos originales. Mire esto.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Le entreg&amp;oacute; a V&amp;iacute;ctor un &amp;aacute;lbum de fotograf&amp;iacute;as que mostraban tatuajes espl&amp;eacute;ndidos: manos con los huesos delineados, senos floreados, rostros con las mejillas exquisitamente recubiertas de filigrana. Un &amp;aacute;lbum que har&amp;iacute;a palidecer al hombre ilustrado del cuento.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Usted ha hecho estos?&lt;/i&gt; &amp;#8212;pregunt&amp;oacute; V&amp;iacute;ctor.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iexcl;Por supuesto que no! Son trabajos menores. Se les considera lo mejor de los artistas del tatuaje de oriente y occidente, pero son apenas jugueteos menores, piezas artesanales sin imaginaci&amp;oacute;n. Muchas de ellas realizadas m&amp;aacute;s para escandalizar que por un inter&amp;eacute;s est&amp;eacute;tico. Ahora vea.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Un cartapacio lleno de hojas fue a dar a las manos de V&amp;iacute;ctor. Las empez&amp;oacute; a mirar.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Y &amp;eacute;stas?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Son bocetos, trazos, dise&amp;ntilde;os, sue&amp;ntilde;os. Es lo que yo puedo hacer. Lo puedo hacer con usted. Tatuajes como nunca nadie los ha visto. Yo lo puedo convertir en la obra de arte ambulante m&amp;aacute;s asombrosa del mundo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Pero... eso debe costar mucho. Yo no tengo dinero, ya le dije, y...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Eso se puede arreglar&lt;/i&gt; &amp;#8212;asegur&amp;oacute; Sadoc.&lt;br /&gt;Ante la perspectiva, V&amp;iacute;ctor se qued&amp;oacute; azorado. Un trozo de galleta colgaba de su labio, dejando caer migajas que rebotaban en su ampl&amp;iacute;simo pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sadoc y V&amp;iacute;ctor parec&amp;iacute;an hechos el uno para el otro. El acuerdo al que llegaron fue r&amp;aacute;pido y bastante satisfactorio. Sadoc hab&amp;iacute;a convenido en darle comida, bebida y alojamiento a V&amp;iacute;ctor, lo cual sin duda no har&amp;iacute;a mucha mella en el modesto tesoro acumulado por el tatuajista. Un precio justo. Pero tambi&amp;eacute;n tendr&amp;iacute;a que proporcionarle compa&amp;ntilde;&amp;iacute;a femenina, frecuente y variada, a la mole de carne que hab&amp;iacute;a acordado en convertirse en su capilla Sixtina viviente. Esa tarea era desagradable y, esperaba Sadoc, dif&amp;iacute;cil. S&amp;oacute;lo por un pago sustancioso alguna prostituta acordar&amp;iacute;a pasar la noche junto a esa monta&amp;ntilde;a humana.&lt;br /&gt;Pero al paso de los d&amp;iacute;as Sadoc se dio cuenta de que no hab&amp;iacute;a problema. Hizo un discreto trato con un sal&amp;oacute;n de masajes y cada vez que V&amp;iacute;ctor expresaba su deseo, le enviaban a una mujer discreta y profesional.&lt;br /&gt;La librer&amp;iacute;a cerr&amp;oacute; por tiempo indefinido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante varias semanas, Sadoc trabaj&amp;oacute; midiendo, fotografiando y calculando al hombre a la vez que bocetaba con furia, adaptando las imaginaciones de toda una vida, realizadas con la absoluta libertad del que sabe que nunca se ver&amp;aacute; obligado a llevarlas a la pr&amp;aacute;ctica, a las dimensiones exactas de V&amp;iacute;ctor.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;La mayor&amp;iacute;a de los tatuajes de cuerpo entero&lt;/i&gt; &amp;#8212;explicaba Sadoc ante el eterno asombro de V&amp;iacute;ctor&amp;#8212;, &lt;i&gt;son un grosero amontonamiento de los m&amp;aacute;s variados temas. No conforman una unidad. Con frecuencia parecen completos simplemente porque alg&amp;uacute;n artesano torpe, incapaz de generar ideas originales, rellena los espacios vac&amp;iacute;os entre una y otra imagen con plastas de color. Lo que haremos contigo es crear un genuino mural. Una obra magna como el Jard&amp;iacute;n de las Delicias. Algo en lo que cada parte tenga sentido y el todo tenga un sentido a&amp;uacute;n m&amp;aacute;s profundo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;V&amp;iacute;ctor asent&amp;iacute;a, frecuentemente al tiempo que masticaba alg&amp;uacute;n alimento.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Yo trabaj&amp;eacute; al &amp;oacute;leo, con acuarelas y con acr&amp;iacute;licos&lt;/i&gt; &amp;#8212;explicaba Sadoc en otras ocasiones&amp;#8212;. &lt;i&gt;Prob&amp;eacute; numerosas t&amp;eacute;cnicas para expresar las im&amp;aacute;genes que me persiguen desde peque&amp;ntilde;o, pidi&amp;eacute;ndome que las plasme. Pero una vez, por un problema sentimental, al cabo de una borrachera, un amigo decidi&amp;oacute; que quer&amp;iacute;a un tatuaje y lo acompa&amp;ntilde;&amp;eacute; a un cuchitril asqueroso. Me puse a platicar con el tatuajista. Mi amigo estaba inconsciente y por primera vez pude sentir la experiencia de trabajar con la piel humana. El tatuajista me permiti&amp;oacute; probar sus t&amp;eacute;cnicas. Y entonces entend&amp;iacute; que cualquier obra que yo produjera deb&amp;iacute;a hacerse sobre un tejido vivo, conociendo bien c&amp;oacute;mo reaccionan y cambian los colores bajo la piel, c&amp;oacute;mo se extienden y cu&amp;aacute;les son sus posibilidades y limitaciones.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;V&amp;iacute;ctor hablaba poco. Ped&amp;iacute;a de comer. Ped&amp;iacute;a de beber, muchos refrescos y con cierta frecuencia algo de alcohol, y cada dos o tres semanas ped&amp;iacute;a una nueva compa&amp;ntilde;era. El resto del tiempo soportaba con estoicismo la aguja de Sadoc. Cuando el dolor era intenso, hablaba del &amp;eacute;xito que tendr&amp;iacute;a en los Estados Unidos como el hombre gordo tatuado. O se imaginaba que impondr&amp;iacute;a el r&amp;eacute;cord del mayor tatuaje del mundo en extensi&amp;oacute;n. Y comentaba siempre que estaba dispuesto a repartir con Sadoc los beneficios de sus presentaciones. Estaba evidentemente agradecido y, en su debilidad, se sent&amp;iacute;a protegido.&lt;br /&gt;Los dos hombres viv&amp;iacute;an juntos, pero no se hicieron amigos. La relaci&amp;oacute;n que los un&amp;iacute;a era m&amp;aacute;s profunda, m&amp;aacute;s indisoluble, m&amp;aacute;s s&amp;oacute;lida que cualquier amistad. Era la relaci&amp;oacute;n del escultor con el bloque de m&amp;aacute;rmol. O la del paciente y el cirujano que ha de salvarlo. Para serse &amp;uacute;tiles no necesitaban apreciarse, ni siquiera conocerse. Bastaba que estuvieran all&amp;iacute;. Su simbiosis era tan perfecta que ni siquiera ten&amp;iacute;an que reconocerse como seres humanos para servirse mutuamente.&lt;br /&gt;Sadoc comenz&amp;oacute; en la espalda de V&amp;iacute;ctor. Sab&amp;iacute;a que all&amp;iacute; las terminaciones nerviosas eran m&amp;aacute;s escasas, el dolor ser&amp;iacute;a menor, ayudar&amp;iacute;a a que V&amp;iacute;ctor se fuera acostumbrando a ser tatuado.&lt;br /&gt;Desde un principio se deshizo de la mayor&amp;iacute;a de sus bocetos. Su mural deb&amp;iacute;a ser un recorrido por la vida moderna de la que &amp;eacute;l y V&amp;iacute;ctor eran producto. Los motivos tradicionales, las serpientes, las caras hind&amp;uacute;s, los dragones, no ten&amp;iacute;an cabida en la obra maestra de Sadoc. Comenz&amp;oacute; con una escena nocturna, un callej&amp;oacute;n sin salida dominado por un anuncio de una computadora bajo el cual sonre&amp;iacute;a con pocos dientes un viejo alcoholizado. Enfrente, casi en primer plano, pasaba un Ferrari rojo hacia la izquierda, sobre una avenida bien iluminada, mientras en el cielo del om&amp;oacute;plato derecho volaba un avi&amp;oacute;n rodeado de una V de patos asombrados y oscuros, casi indistinguibles, logrados con la maestr&amp;iacute;a y el cuidado de quien sabe que no se puede borrar, no se puede empezar de nuevo o cubrir ning&amp;uacute;n punto de la piel ya impregnado de color, que se trabaja con limitaciones a las que no estuvieron expuestos Miguel Angel, Leonardo, Dal&amp;iacute; o el propio Gaugin. Los estilos se entremezclaban, desde el popart hasta el comix underground y el heavy metal, pero todos con tal detalle que en conjunto parec&amp;iacute;an la pesadilla de un hiperrealista, para dar la idea de la velocidad y las angustias de un mundo cuya tensi&amp;oacute;n aumentaba constantemente haciendo a todos temer que, en cualquier momento, estallar&amp;iacute;a como un globo, se romper&amp;iacute;a como una cuerda de guitarra, caer&amp;iacute;a bajo su propio peso. Un &amp;iacute;cono de lo cotidiano, un testimonio del final del siglo veinte iba tomando forma en la tensa piel de V&amp;iacute;ctor, que parec&amp;iacute;a un beb&amp;eacute; gigantesco, un tanto sospechoso por su casi total falta de vello, su perfecci&amp;oacute;n exacta para las necesidades de Sadoc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los ocho meses, la espalda de V&amp;iacute;ctor estaba casi terminada y hab&amp;iacute;a numerosas figuras aisladas en todo su cuerpo. La delicada piel tend&amp;iacute;a a inflamarse si Sadoc la trabajaba en exceso y no deseaba que nada deformara su creaci&amp;oacute;n. En los brazos hab&amp;iacute;a figuras salvajes cuyas caras recordaban, sin ser retratos precisos, a numerosos personajes de la historia reciente. Sobre el pectoral derecho saltaba la inconclusa figura de un delf&amp;iacute;n encerrado en una burbuja trasl&amp;uacute;cida, tras una veladura que, Sadoc estaba seguro, jam&amp;aacute;s se hab&amp;iacute;a logrado antes en la piel humana. En la pierna del mismo lado se alzaba, curvada por la forma misma del rollizo miembro, una espada curva que lanzaba destellos gracias a una mezcla creada por Sadoc para introducir fin&amp;iacute;simas limaduras de platino bajo la piel. El cuerpo estaba cubierto aproximadamente en un cincuenta por ciento.&lt;br /&gt;Ahora Sadoc estaba trabajando en el abdomen, un cerro vibrante, una meseta interminable que exig&amp;iacute;a de su m&amp;aacute;xima precisi&amp;oacute;n. La piel ced&amp;iacute;a a la menor presi&amp;oacute;n, lanzando oleadas de grasa que temblaban en todas direcciones. Sadoc cre&amp;iacute;a ver en ocasiones ondas conc&amp;eacute;ntricas que part&amp;iacute;an del punto donde estaba trabajando y crec&amp;iacute;an hasta rodear a V&amp;iacute;ctor. Pero el tacto de la piel bajo sus dedos, el fluir del color en los puntos que tocaba con la aguja, la minuciosidad, le hac&amp;iacute;an olvidar todo lo que no fuera el trabajo. Le fascinaba su muro humano, la textura de su piel, la sensaci&amp;oacute;n de estar trabajando sobre una superficie viva, el&amp;aacute;stica, palpitante, que respiraba y lat&amp;iacute;a, en la que pod&amp;iacute;a percibir el azul de las venas que le iba sugiriendo nuevas formas, trazos que no estaban en los bocetos.&lt;br /&gt;V&amp;iacute;ctor lanz&amp;oacute; un grito agudo.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute; pasa? &amp;iquest;Doli&amp;oacute; mucho?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;El dolor se acumula, se va haciendo cada vez m&amp;aacute;s agudo. Necesito descansar.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Puedo seguir en la pierna izquierda mientras descansas&lt;/i&gt; &amp;#8212;sugiri&amp;oacute; Sadoc. Sab&amp;iacute;a por la tensi&amp;oacute;n en sus dedos que llevaba muchas horas trabajando en la misma sesi&amp;oacute;n. Y, a la vez, no se sent&amp;iacute;a cansado. Deseaba continuar. En el muslo sugerido estaba por concluir una extra&amp;ntilde;a figura alada que surg&amp;iacute;a de la tierra, rompi&amp;eacute;ndola poderosamente.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;No, no. Ya basta. Por favor&lt;/i&gt; &amp;#8212;pidi&amp;oacute; V&amp;iacute;ctor con tono infantil.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Est&amp;aacute; bien. &amp;iquest;Quieres comer algo?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;S&amp;iacute;. &amp;iquest;Qued&amp;oacute; jam&amp;oacute;n de ayer?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Sadoc asinti&amp;oacute; en silencio y fue a la cocina. Al tomar el plato vio que su mano temblaba por la fatiga. Era mejor detenerse, no arriesgarse a cometer un error imperdonable. Y sin embargo, Sadoc estaba furioso con V&amp;iacute;ctor por su grito, por su s&amp;uacute;plica de un descanso. No era la primera vez que suced&amp;iacute;a. Es m&amp;aacute;s, la frecuencia de las quejas hab&amp;iacute;a ido aumentando.&lt;br /&gt;Luego de dar cuenta de la cena, V&amp;iacute;ctor se fue a dormir. Ambos hab&amp;iacute;an olvidado que esa noche era el turno de una de las muchachas que asist&amp;iacute;an a servir a V&amp;iacute;ctor. Cuando son&amp;oacute; el timbre de la puerta, Sadoc supo lo que ocurrir&amp;iacute;a.&lt;br /&gt;Era una muchacha morena, en extremo agradable aunque a nadie se le hubiera ocurrido jam&amp;aacute;s llamarla hermosa. Sadoc no despert&amp;oacute; a V&amp;iacute;ctor. En cambio, la condujo a su propia rec&amp;aacute;mara y pas&amp;oacute; con ella la mayor parte de la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Anoche te vi&lt;/i&gt; &amp;#8212;dijo V&amp;iacute;ctor acusadoramente cuando Sadoc entr&amp;oacute; a su rec&amp;aacute;mara a la ma&amp;ntilde;ana siguiente.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;Y?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Estabas con ella.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;T&amp;uacute; te hab&amp;iacute;as dormido. Pago mensualmente una suma bastante respetable. No se iba a desperdiciar.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iexcl;Pero era m&amp;iacute;a!&lt;/i&gt; &amp;#8212;chill&amp;oacute; V&amp;iacute;ctor.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;No. En todo caso es m&amp;iacute;a, se paga con mi dinero&lt;/i&gt; &amp;#8212;dijo r&amp;iacute;gidamente Sadoc mirando a su cicl&amp;oacute;peo hu&amp;eacute;sped como nunca antes, apreci&amp;aacute;ndolo en su humanidad que, a&amp;uacute;n en el tono infantil y desprotegido que acostumbraba, ten&amp;iacute;a rastros de osad&amp;iacute;a y de lucha. Se corrigi&amp;oacute; de inmediato&amp;#8212;. &lt;i&gt;Pero en verdad cre&amp;iacute; que estabas dormido. Si quieres la llamo para que venga hoy en la noche. O llamamos a cualquiera otra.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;V&amp;iacute;ctor se encerr&amp;oacute; en un berrinche silencioso que habr&amp;iacute;a de durar toda la ma&amp;ntilde;ana. Sadoc no quiso insistir y parti&amp;oacute; a preparar el desayuno.&lt;br /&gt;Por primera vez Sadoc y V&amp;iacute;ctor entraban en conflicto. La muchacha no era importante. Jam&amp;aacute;s volvieron a hablar del asunto. Ninguno de los dos sab&amp;iacute;a siquiera su nombre y ella jam&amp;aacute;s volvi&amp;oacute;. Vinieron otras para complacer a V&amp;iacute;ctor, con una creciente curiosidad morbosa que inquietaba a Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Es incre&amp;iacute;ble&lt;/i&gt; &amp;#8212;coment&amp;oacute; una un mes despu&amp;eacute;s, tratando de iniciar una conversaci&amp;oacute;n casual con Sadoc antes de abandonar el departamento&amp;#8212;. &lt;i&gt;Me hab&amp;iacute;an advertido las otras chicas, pero en verdad que jam&amp;aacute;s hab&amp;iacute;a visto algo as&amp;iacute;.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iquest;As&amp;iacute; c&amp;oacute;mo?&lt;/i&gt; &amp;#8212;quiso saber Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Es... es monstruoso. Es buena persona pero...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Los ojos de la muchacha dijeron el resto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V&amp;iacute;ctor estaba pr&amp;aacute;cticamente prisionero, autoexiliado con Sadoc en su isla encantada. Jam&amp;aacute;s, desde que hicieran el trato y fuera por sus pocas propiedades, V&amp;iacute;ctor hab&amp;iacute;a sugerido siquiera alg&amp;uacute;n inter&amp;eacute;s en salir del departamento.&lt;br /&gt;Hab&amp;iacute;an pasado catorce meses.&lt;br /&gt;El trabajo estaba a punto de terminarse.&lt;br /&gt;Por un acuerdo jam&amp;aacute;s expresado verbalmente, las manos, el cuello y rostro de V&amp;iacute;ctor no hab&amp;iacute;an sido tocados por la aguja del tatuaje. Podr&amp;iacute;a as&amp;iacute; usar ropa que ocultara su secreto en p&amp;uacute;blico. Bastaba con su obesidad para hacerlo el blanco de todas las miradas.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Si logro todo lo que queremos&lt;/i&gt; &amp;#8212;coment&amp;oacute; V&amp;iacute;ctor un d&amp;iacute;a, contempl&amp;aacute;ndose las palmas de las manos mientras Sadoc trabajaba en una de sus rodillas&amp;#8212;, &lt;i&gt;volver&amp;eacute;. Te traer&amp;eacute; tu parte y quiz&amp;aacute; podr&amp;iacute;amos hacer algo en la cara y las manos. Si para entonces ya soy famoso. En San Francisco ser&amp;eacute; una sensaci&amp;oacute;n. Se pelear&amp;aacute;n por exhibirme. Ser&amp;eacute; el cuadro m&amp;aacute;s famoso de Estados Unidos...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;Sadoc dej&amp;oacute; de o&amp;iacute;rlo. Le molestaba la tendencia de V&amp;iacute;ctor a hablar casi siempre en primera persona. No lo hac&amp;iacute;a maliciosamente, ni siquiera tratando de minimizar la labor de Sadoc. S&amp;oacute;lo que daba por sentado que &amp;eacute;l saldr&amp;iacute;a finalmente del departamento de Sadoc a cosechar triunfos mientras &amp;eacute;ste volv&amp;iacute;a al mostrador de la ahora casi olvidada librer&amp;iacute;a de viejo. Y alg&amp;uacute;n d&amp;iacute;a, en un futuro impreciso, volver&amp;iacute;a a Sadoc trayendo el bot&amp;iacute;n de las batallas que ganar&amp;iacute;a. De su fama, su fortuna y su &amp;eacute;xito en el mundo.&lt;br /&gt;Sadoc no deseaba decirle a V&amp;iacute;ctor qu&amp;eacute; tan cerca estaba de terminar, pero &amp;eacute;ste pod&amp;iacute;a apreciar claramente que se acercaba el momento. Los espejos que hab&amp;iacute;a pedido para su cuarto le dec&amp;iacute;an que pronto estar&amp;iacute;a en un avi&amp;oacute;n, ocupando dos asientos, por supuesto, camino a los Estados Unidos.&lt;br /&gt;Sadoc se encontr&amp;oacute; a s&amp;iacute; mismo trabajando m&amp;aacute;s lentamente, retocando detalles, buscando alg&amp;uacute;n mil&amp;iacute;metro cuadrado de piel a&amp;uacute;n virgen.&lt;br /&gt;Fue entonces que vio al caballo.&lt;br /&gt;El caballo mitad animal y mitad robot, el Rocinante cibern&amp;eacute;tico de un Quijote ausente, que esperaba por siempre cansado, pero alerta, a la altura de los ri&amp;ntilde;ones de V&amp;iacute;ctor.&lt;br /&gt;Las precisas dimensiones del caballo estaban sutilmente alteradas. Se hab&amp;iacute;an descompuesto, perdiendo equilibrio y majestad. Su composici&amp;oacute;n ya no respond&amp;iacute;a a los cuidadosos bocetos, al minucioso trabajo de Sadoc.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Est&amp;aacute;s engordando&lt;/i&gt; &amp;#8212;acus&amp;oacute; el tatuajista.&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;Podr&amp;iacute;a ser&lt;/i&gt; &amp;#8212;respondi&amp;oacute; con despreocupaci&amp;oacute;n V&amp;iacute;ctor&amp;#8212;. &lt;i&gt;Despu&amp;eacute;s de todo hab&amp;iacute;a perdido algunos kilos cuando llegu&amp;eacute; aqu&amp;iacute;. T&amp;uacute; sabes, estaba llegando a mi l&amp;iacute;mite...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iexcl;Est&amp;aacute;s engordando!&lt;/i&gt; &amp;#8212;grit&amp;oacute; Sadoc interrumpi&amp;eacute;ndolo. En su tono de voz se descubr&amp;iacute;a la lucha que se libraba en su cabeza, en sus m&amp;uacute;sculos, en la m&amp;eacute;dula de sus huesos. Deseaba dar rienda suelta a la furia. Deseaba contenerse. Estaba atrapado&amp;#8212;. &lt;i&gt;&amp;iexcl;Lo vas a arruinar todo! Si engordas, tu piel se estira, las figuras se deforman, se caricaturizan...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&amp;#8212;&lt;i&gt;&amp;iexcl;Perd&amp;oacute;n!&lt;/i&gt; &amp;#8212;murmur&amp;oacute; genuinamente preocupado V&amp;iacute;ctor&amp;#8212;. &lt;i&gt;No hab&amp;iacute;a pensado... nunca pens&amp;eacute; en eso. Necesitar&amp;eacute; una b&amp;aacute;scula. Bajar unos pocos kilos y mantenerme en mi peso. No ser&amp;aacute; dif&amp;iacute;cil. Pero jam&amp;aacute;s se me ocurri&amp;oacute;...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;La puerta se cerr&amp;oacute; violentamente detr&amp;aacute;s de Sadoc y V&amp;iacute;ctor se encontr&amp;oacute; disculp&amp;aacute;ndose solo ante los espejos que multiplicaban su decorada enormidad.&lt;br /&gt;Sadoc no volvi&amp;oacute; a entrar a la rec&amp;aacute;mara de V&amp;iacute;ctor en todo el d&amp;iacute;a. Se qued&amp;oacute; silenciosamente sentado en un sof&amp;aacute;, pensando, durante la mayor parte de la tarde. Luego sali&amp;oacute; a caminar, sin que por un solo instante se detuviera la asfixiante catarata de ideas que lo inundaba. Ideas que hab&amp;iacute;an estado ah&amp;iacute;, empoll&amp;aacute;ndose, durante meses. Ideas que le hab&amp;iacute;an sugerido diversos momentos, palabras y acciones de V&amp;iacute;ctor, y que se hab&amp;iacute;an transformado en una misteriosa alquimia controlada por el catalizador que era la creatividad de Sadoc y que ahora surg&amp;iacute;an todas a la vez. Ideas que quiz&amp;aacute; estaban ya maduras pero que se hab&amp;iacute;a negado a contemplar. Preguntas a las que hab&amp;iacute;a dado temerosamente la espalda.&lt;br /&gt;V&amp;iacute;ctor, el tit&amp;aacute;nico ni&amp;ntilde;o inseguro, &amp;iquest;tendr&amp;iacute;a la fortaleza necesaria para cuidar esa obra de arte que hoy lo cubr&amp;iacute;a? &amp;iquest;En su perpetua b&amp;uacute;squeda de satisfacci&amp;oacute;n acabar&amp;iacute;a en alguna oscura morgue de un pueblo perdido en las monta&amp;ntilde;as de los Estados Unidos? Y quienes vieran a V&amp;iacute;ctor, quienes pagaran un precio por contemplarlo, &amp;iquest;apreciar&amp;iacute;an la obra de arte de Sadoc o simplemente observar&amp;iacute;an a un monstruo por partida doble, y se lo se&amp;ntilde;alar&amp;iacute;an a sus hijos para que rieran o sufrieran arcadas de asco? &lt;i&gt;"As&amp;iacute; puedes acabar si sigues comiendo esas cosas"&lt;/i&gt;, podr&amp;iacute;a amonestar una madre a sus peque&amp;ntilde;os.&lt;br /&gt;Al volver de noche a su departamento, Sadoc llevaba muy presente la debilidad del coraz&amp;oacute;n de V&amp;iacute;ctor, ese coraz&amp;oacute;n obligado a empujar sin descanso la sangre de su mural por entre la opresiva grasa que, sin duda, se acumulaba en las arterias tanto como bajo la epidermis de V&amp;iacute;ctor.&lt;br /&gt;Y llevaba muy presente tambi&amp;eacute;n que hac&amp;iacute;a varios meses que el taxidermista no pagaba su renta.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111386550555446295?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111386550555446295/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111386550555446295' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111386550555446295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111386550555446295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/leyenda-las-puertas-de-una-sala-del.html' title='Leyenda a las puertas de una sala del museo de arte moderno'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111386039453213606</id><published>2005-04-18T14:39:00.000-07:00</published><updated>2005-04-18T14:39:54.533-07:00</updated><title type='text'>Casa tomada</title><content type='html'>Por: Julio Cortazar&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la m&amp;aacute;s ventajosa liquidaci&amp;oacute;n de sus materiales) guardaba los secretos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa pod&amp;iacute;an vivir ocho personas sin estorbarse. Hac&amp;iacute;amos la limpieza por la ma&amp;ntilde;ana, levant&amp;aacute;ndonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las &amp;uacute;ltimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorz&amp;aacute;bamos a mediod&amp;iacute;a, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y c&amp;oacute;mo nos bast&amp;aacute;bamos para mantenerla limpia. A veces llegamos a creer que era ella la que no nos dej&amp;oacute; casarnos. Irene rechaz&amp;oacute; dos pretendientes sin mayor motivo, a m&amp;iacute; se me muri&amp;oacute; Mar&amp;iacute;a Esther antes que lleg&amp;aacute;ramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta a&amp;ntilde;os con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealog&amp;iacute;a asentada por los bisabuelos en nuestra casa. Nos morir&amp;iacute;amos all&amp;iacute; alg&amp;uacute;n d&amp;iacute;a, vagos y esquivos primos se quedar&amp;iacute;an con la casa y la echar&amp;iacute;an al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltear&amp;iacute;amos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del d&amp;iacute;a tejiendo en el sof&amp;aacute; de su dormitorio. No s&amp;eacute; porqu&amp;eacute; tej&amp;iacute;a tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era as&amp;iacute;, tej&amp;iacute;a cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para m&amp;iacute;, ma&amp;ntilde;anitas y chalecos para ella. A veces tej&amp;iacute;a un chaleco y despu&amp;eacute;s lo destej&amp;iacute;a en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el mont&amp;oacute;n de lana encrespada resisti&amp;eacute;ndose a perder su forma de algunas horas. Los s&amp;aacute;bados iba yo al centro a comprarle lana; Irene ten&amp;iacute;a fe en mi gusto, se complac&amp;iacute;a con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librer&amp;iacute;as y preguntar vanamente si hab&amp;iacute;a novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qu&amp;eacute; hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pull-over est&amp;aacute; terminado no se puede repetirlo sin esc&amp;aacute;ndalo. Un d&amp;iacute;a encontr&amp;eacute; el caj&amp;oacute;n de abajo de la c&amp;oacute;moda de alcanfor lleno de pa&amp;ntilde;oletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercer&amp;iacute;a; no tuve valor de preguntarle a Irene qu&amp;eacute; pensaba a hacer con ellas. No necesit&amp;aacute;bamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba la plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entreten&amp;iacute;a el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a m&amp;iacute; se me iban las horas vi&amp;eacute;ndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;C&amp;oacute;mo no acordarme de la distribuci&amp;oacute;n de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte m&amp;aacute;s retirada, la que mira hacia Rodr&amp;iacute;guez Pe&amp;ntilde;a. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esta parte del ala delantera donde hab&amp;iacute;a un ba&amp;ntilde;o, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zagu&amp;aacute;n con may&amp;oacute;lica, y la puerta central daba al living. De manera que uno entraba por el zagu&amp;aacute;n, abr&amp;iacute;a la cancel y pasaba al living; ten&amp;iacute;a a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente del pasillo que conduc&amp;iacute;a a la parte m&amp;aacute;s retirada; avanzando por le pasillo se franqueaba la puerta de roble y m&amp;aacute;s all&amp;aacute; empezaba el otro lado de la casa, o bien se pod&amp;iacute;a girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo m&amp;aacute;s estrecho que llevaba a la cocina y al ba&amp;ntilde;o. Cuando la puerta estaba abierta advert&amp;iacute;a uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresi&amp;oacute;n de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo viv&amp;iacute;amos siempre en esta parte de la casa, casi nunca &amp;iacute;bamos m&amp;aacute;s all&amp;aacute; de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es incre&amp;iacute;ble c&amp;oacute;mo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires ser&amp;aacute; una ciudad limpia, pero eso se lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una r&amp;aacute;faga se palpa el polvo en los m&amp;aacute;rmoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macram&amp;eacute;; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento despu&amp;eacute;s se deposita de nuevo en los muebles y en los pianos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo recordar&amp;eacute; siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias in&amp;uacute;tiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurri&amp;oacute; poner al fuego la pavita del mate. Fui hasta el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuch&amp;eacute; algo en el comedor o la biblioteca. El sonido ven&amp;iacute;a impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversaci&amp;oacute;n. Tambi&amp;eacute;n lo o&amp;iacute;, al mismo tiempo o un segundo despu&amp;eacute;s, en el fondo del pasillo que tra&amp;iacute;a desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tir&amp;eacute; contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerr&amp;eacute; de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y adem&amp;aacute;s corr&amp;iacute; el gran cerrojo para m&amp;aacute;s seguridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fui a la cocina, calent&amp;eacute; la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dej&amp;oacute; caer el tejido y me mir&amp;oacute; con sus graves ojos cansados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iquest;Est&amp;aacute;s seguro?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asent&amp;iacute;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Entonces&lt;/i&gt; -dijo recogiendo las agujas- &lt;i&gt;tendremos que vivir en este lado.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tard&amp;oacute; un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que tej&amp;iacute;a un chaleco gris; a m&amp;iacute; me gustaba ese chaleco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los primeros d&amp;iacute;as nos pareci&amp;oacute; penoso porque ambos hab&amp;iacute;amos dejado en la parte tomada muchas cosas que quer&amp;iacute;amos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene extra&amp;ntilde;aba unas carpetas, un par de pantuflas que tanto la abrigaban en invierno. Yo sent&amp;iacute;a mi pipa de enebro y creo que Irene pens&amp;oacute; en una botella de Hesperidina de muchos a&amp;ntilde;os. Con frecuencia (pero esto solamente sucedi&amp;oacute; los primeros d&amp;iacute;as) cerr&amp;aacute;bamos alg&amp;uacute;n caj&amp;oacute;n de las c&amp;oacute;modas y nos mir&amp;aacute;bamos con tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;No est&amp;aacute; aqu&amp;iacute;.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y era una cosa m&amp;aacute;s de todo lo que hab&amp;iacute;amos perdido al otro lado de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero tambi&amp;eacute;n tuvimos ventajas. La limpieza se simplific&amp;oacute; tanto que a&amp;uacute;n levant&amp;aacute;ndose tard&amp;iacute;simo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya est&amp;aacute;bamos de brazos cruzados. Irene se acostumbr&amp;oacute; a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien y se decidi&amp;oacute; esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinar&amp;iacute;a platos para comer fr&amp;iacute;os de noche. Nos alegramos porque siempre resulta molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Irene estaba contenta porque le quedaba m&amp;aacute;s tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colecci&amp;oacute;n de estampillas de pap&amp;aacute;, y eso me sirvi&amp;oacute; para matar el tiempo. Nos divert&amp;iacute;amos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era m&amp;aacute;s c&amp;oacute;modo. A veces Irene dec&amp;iacute;a:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;F&amp;iacute;jate este punto que se me ha ocurrido. &amp;iquest;No da un dibujo de tr&amp;eacute;bol?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un rato despu&amp;eacute;s era yo el que le pon&amp;iacute;a ante los ojos un cuadrito de papel para que viese el m&amp;eacute;rito de alg&amp;uacute;n sello de Eupen y Malm&amp;eacute;dy. Est&amp;aacute;bamos bien, y poco a poco empez&amp;aacute;bamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Cuando Irene so&amp;ntilde;aba en alta voz yo me desvelaba enseguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sue&amp;ntilde;os y no de la garganta. Irene dec&amp;iacute;a que mis sue&amp;ntilde;os consist&amp;iacute;an en grandes sacudones que a veces hac&amp;iacute;an caer el cobertor. Nuestros dormitorios ten&amp;iacute;an el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos o&amp;iacute;amos respirar, toser, present&amp;iacute;amos el adem&amp;aacute;n que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De d&amp;iacute;a eran los rumores dom&amp;eacute;sticos, el roce met&amp;aacute;lico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del &amp;aacute;lbum filat&amp;eacute;lico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el ba&amp;ntilde;o, que quedaban tocando la parte tomada, nos pon&amp;iacute;amos a hablar en voz m&amp;aacute;s alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiado ruido de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permit&amp;iacute;amos ah&amp;iacute; el silencio, pero cuando torn&amp;aacute;bamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se pon&amp;iacute;a callada y a media luz, hasta pis&amp;aacute;bamos m&amp;aacute;s despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a so&amp;ntilde;ar en alto voz, me desvelaba en seguida).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tej&amp;iacute;a) o&amp;iacute; el ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el ba&amp;ntilde;o porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llam&amp;oacute; la atenci&amp;oacute;n mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y en el ba&amp;ntilde;o, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No nos miramos siquiera. Apret&amp;eacute; el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atr&amp;aacute;s. Los ruidos se o&amp;iacute;an m&amp;aacute;s fuerte, pero siempre sordos a espaldas nuestras. Cerr&amp;eacute; de un golpe la cancel y nos quedamos en el zagu&amp;aacute;n. Ahora no se o&amp;iacute;a nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Han tomado esta parte&lt;/i&gt;- dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta el cancel y se perd&amp;iacute;an debajo. Cuando vio que los ovillos hab&amp;iacute;an quedado del otro lado, solt&amp;oacute; el tejido sin mirarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;&amp;iquest;Tuviste tiempo de traer alguna cosa?&lt;/i&gt;- le pregunt&amp;eacute; in&amp;uacute;tilmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;No, nada.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Est&amp;aacute;bamos con lo puesto. Me acord&amp;eacute; de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rode&amp;eacute; con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos a la calle. Antes de alejarnos tuve l&amp;aacute;stima, cerr&amp;eacute; bien la puerta de entrada y tir&amp;eacute; la llave a la alcantarilla. No fuese que a alg&amp;uacute;n pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111386039453213606?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111386039453213606/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111386039453213606' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111386039453213606'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111386039453213606'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/casa-tomada.html' title='Casa tomada'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111377690648858086</id><published>2005-04-17T15:28:00.000-07:00</published><updated>2005-04-17T15:28:26.486-07:00</updated><title type='text'>Torito</title><content type='html'>Por: Julio Cortazar&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;i&gt;A la memoria de don Jacinto C&amp;uacute;caro, &lt;br /&gt;que en las clases de pedagog&amp;iacute;a del normal "Mariano Acosta", &lt;br /&gt;all&amp;aacute; por el a&amp;ntilde;o 30, nos contaba las peleas de Su&amp;aacute;rez.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qu&amp;eacute; le vas a hacer, &amp;ntilde;ato, cuando est&amp;aacute;s abajo todos te fajan. Todos, che, hasta el m&amp;aacute;s maula. Te sacuden contra las sogas, te encajan la biaba. And&amp;aacute;, and&amp;aacute;, qu&amp;eacute; ven&amp;iacute;s con consuelos vos. Te conozco, mascarita. Cada vez que pienso en eso, sal&amp;iacute; de ah&amp;iacute;, sal&amp;iacute;. Vos te cre&amp;eacute;s que yo medesespero, lo que pasa es que no doy m&amp;aacute;s aqu&amp;iacute; tumbado todo el d&amp;iacute;a. Pucha que son largas las noches de invierno, te acord&amp;aacute;s del pibe del almac&amp;eacute;n c&amp;oacute;mo lo cantaba. Pucha que son largas... Y es as&amp;iacute;, &amp;ntilde;ato. M&amp;aacute;s largas que esperanza'e pobre. Fij&amp;aacute;te que yo a la noche casi no la conozco, y venir a encontrarla ahora... Siempre a la cama temprano, a las nueve o a las diez. El patr&amp;oacute;n me dec&amp;iacute;a: "Pibe, and&amp;aacute;te al sobre, ma&amp;ntilde;ana hay que meterle duro y parejo". Una noche que me le escapaba era una casualidad. El patr&amp;oacute;n... Y ahora todo el tiempo as&amp;iacute;, mirando el techo. Ah&amp;iacute; ten&amp;eacute;s otra cosa que no s&amp;eacute;hacer, mirar p'arriba. Todos dijeron que me hubiera convenido, que hice la gran macana de levantarme a los dos segundos, cabrero como la gran flauta. Tienen raz&amp;oacute;n, si me quedo hasta los ocho no me agarra tan mal el rubio.&lt;br /&gt;Y bueno, es as&amp;iacute;. Pa peor la tos. Despu&amp;eacute;s te vienen con el jarabe y los pinchazos. Pobre la hermanita, el trabajo que le doy. Ni mear solo puedo. Es buena la hermanita, me da leche caliente y me cuenta cosas. Qui&amp;eacute;n te iba a decir, pibe. El patr&amp;oacute;n me llamaba siempre pibe. Dale &amp;aacute;perca, pibe. A la cocina, pibe. Cuando peli&amp;eacute; con el negro en Nueva York el patr&amp;oacute;n andaba preocupado. Yo lo jun&amp;eacute; en el hotel antes de salir. "Lo faj&amp;aacute;s en seis rounds, pibe", pero fumaba como loco. El negro, c&amp;oacute;mo se llamaba el negrito, Flores o algo as&amp;iacute;. Duro de pelar, che. Un estilo lindo, me sacaba distancia vuelta a vuelta. &amp;Aacute;perca, pibe, metele &amp;aacute;perca. Ten&amp;iacute;a raz&amp;oacute;n el trompa. Al tercero se me vino abajo como un trapo. Amarillo, el negro. Flores, creo, algo as&amp;iacute;. Mir&amp;aacute; como uno se ensarta, al principio me pareci&amp;oacute; que el rubio iba a ser m&amp;aacute;s f&amp;aacute;cil. Lo que es la confianza, &amp;ntilde;ato. Me baraj&amp;oacute; de una pi&amp;ntilde;a que te la debo. Me agarr&amp;oacute; en fr&amp;iacute;o el maula. Pobre patr&amp;oacute;n, no quer&amp;iacute;a creer. Con qu&amp;eacute; bronca me levant&amp;eacute;. Ni sent&amp;iacute;a las piernas, me lo quer&amp;iacute;a comer ah&amp;iacute; nom&amp;aacute;s. Mala suerte, pibe. Todo el mundo cobra al final. La noche del Tani, te acord&amp;aacute;s pobre Tani, qu&amp;eacute; biaba. Se ve&amp;iacute;a que el Tani estaba de vuelta. Guapo el indio, me sacud&amp;iacute;a con todo, dale que va, arriba, abajo. No me hac&amp;iacute;a nada, pobre Tani. Y eso que cuando lo fui a saludar al rinc&amp;oacute;n me dol&amp;iacute;a bastante la cara, al fin y al cabo me arrim&amp;oacute; una buena le&amp;ntilde;ada. Pobre Tani, vos sab&amp;eacute;s que me mir&amp;oacute;, yo le puse el guante en la cabeza y me re&amp;iacute;a de contento, no me quer&amp;iacute;a re&amp;iacute;r, te imagin&amp;aacute;s que no era de &amp;eacute;l, pobre pibe. Me mir&amp;oacute; apenas, pero me hizo no s&amp;eacute; qu&amp;eacute;. Todos me agarraban, pibe lindo, pibe macho, ah criollo, y el Tani quieto entre los de &amp;eacute;l, m&amp;aacute;s chatos que cinco e'queso. Pobre Tani. Por qu&amp;eacute; me acuerdo de &amp;eacute;l, decime un poco. A lo mejor yo lo mir&amp;eacute; as&amp;iacute; al rubio esa noche. Qu&amp;eacute; s&amp;eacute; yo, para acordarme estaba. Qu&amp;eacute; biaba, hermano. Ahora no vas a andar disimulando. Te faj&amp;oacute;y se acab&amp;oacute;. Lo malo que yo no quer&amp;iacute;a creer. Estaba acostado en el hotel, y el patr&amp;oacute;n fumaba y fumaba, casi no hab&amp;iacute;a luz. Me acuerdo que hac&amp;iacute;a calor. Despu&amp;eacute;s me pusieron hielo, fij&amp;aacute;te un poco yo con hielo. El trompa no dec&amp;iacute;a nada, lo malo que no dec&amp;iacute;a nada. Te juro que ten&amp;iacute;a ganas de llorar, como cuando ella... Pero para qu&amp;eacute; te vas a hacer mala sangre. Si llego a estar solo, te juro que moqueo. "Mala pata, patr&amp;oacute;n", le dije. Qu&amp;eacute; m&amp;aacute;s le iba a decir. &amp;Eacute;l dale que dale al tabaco. Fue suerte dormirme. Como ahora, cada vez que agarro el sue&amp;ntilde;o me saco la loter&amp;iacute;a. De d&amp;iacute;a ten&amp;eacute;s la radio que trajo la hermanita, la radio que... Parece mentira, &amp;ntilde;ato. Bueno, te o&amp;iacute;s unos tanguitos y las transmisiones de los teatros. &amp;iquest;Te gusta Canaro a vos? A m&amp;iacute; Fresedo, che, y Pedro Maffia. Si los habr&amp;eacute; visto en el ringside, me iban a ver todas las veces. Pod&amp;eacute;s pensar en eso, y se te acortan las horas. Pero a la noche qu&amp;eacute; lata, viejo. Ni la radio, ni la hermanita, y en una de esas te agarra la tos, y dale que dale, y por ah&amp;iacute; uno de otra cama se rechifla y te pega un grito. Pensar que antes... Fij&amp;aacute;te que ahora me cabreo m&amp;aacute;s que antes. En los diarios sal&amp;iacute;a que de pibe los peleaba a los carreros en la Quema. Puras macanas, che, nunca me agarr&amp;eacute; a trompadas en la calle. Una o dos veces, y no por mi culpa, te juro. Me pod&amp;eacute;s creer. Cosas que pasan, est&amp;aacute;s con la barra, caen otros y en una de esas se arma. No me gustaba, pero cuando me met&amp;iacute; la primera vez me di cuenta que era lindo. Claro, c&amp;oacute;mo no va a ser lindo si el que cobraba era el otro. De pibe yo peleaba de zurda, no sab&amp;eacute;s lo que me gustaba fajar de zurda. Mi vieja se descompuso la primera vez que me vio pelearme con uno que ten&amp;iacute;a como treinta a&amp;ntilde;os. Se cre&amp;iacute;a que me iba a matar, pobre vieja. Cuando el tipo se vino al suelo no lo pod&amp;iacute;a creer. Te voy a decir que yo tampoco, cre&amp;eacute;me que las primeras veces me parec&amp;iacute;a cosa de suerte. Hasta que el amigo del trompa me fue a ver al club y me dijo que hab&amp;iacute;a que seguir. Te acord&amp;aacute;s de esos tiempos, pibe. Qu&amp;eacute; pestos. Hab&amp;iacute;a cada pesado que te la voglio dire. "Vos metele nom&amp;aacute;s", dec&amp;iacute;a el amigo del patr&amp;oacute;n. Despu&amp;eacute;s hablaba de profesionales, del Parque Romano, de River. Yo qu&amp;eacute; sab&amp;iacute;a, si nunca ten&amp;iacute;a cincuenta guitas para ir a ver nada. Tambi&amp;eacute;n la noche que me dio veinte pesos, qu&amp;eacute; alegr&amp;oacute;n. Fue con Tala, o con aquel flaco zurdo, ya ni me acuerdo. Lo saqu&amp;eacute; en dos vueltas, ni me toc&amp;oacute;. Vos sab&amp;eacute;s que siempre mezquin&amp;eacute; la cara. Si me llego a sospechar lo del rubio... Vos cre&amp;eacute;s que ten&amp;eacute;s la pera de fierro, y en eso te la hacen sonar de una pi&amp;ntilde;a. Qu&amp;eacute; fierro ni que ocho cuartos. Veinte pesos, pibe, imag&amp;iacute;nate un poco. Le di cinco a la vieja, te juro que de compadre, pa mostrarle. La pobre me quer&amp;iacute;a poner agua de azahar en la mu&amp;ntilde;eca resentida. Cosas de la vieja, pobre. Si te fij&amp;aacute;s, fue la &amp;uacute;nica que ten&amp;iacute;a esas atenciones, porque la otra... Ah&amp;iacute; ten&amp;eacute;s, apenas pienso en la otra, ya estoy de vuelta en Nueva York. De Lan&amp;uacute;s casi no me acuerdo, se me borra todo. Un vestido a cuadritos, s&amp;iacute;, ahora veo, y el zagu&amp;aacute;n de Don Furcio, y tambi&amp;eacute;n las mateadas. C&amp;oacute;mo me ten&amp;iacute;an en esa casa, los pibes se juntaban a mirarme por la reja, y ella siempre pegando alg&amp;uacute;n recorte de Cr&amp;iacute;tica o de &amp;Uacute;ltima Hora en el &amp;aacute;lbum que hab&amp;iacute;a empezado, o me mostraba las fotos del Gr&amp;aacute;fico. &amp;iquest;Vos nunca te viste en foto? Te hace impresi&amp;oacute;n la primera vez, vos pens&amp;aacute;s pero &amp;eacute;se soy yo, con esa cara. Despu&amp;eacute;s te das cuenta que la foto es linda, casi siempre sos vos que est&amp;aacute;s fajando, o al final con el brazo levantado. Yo ven&amp;iacute;a con mi Graham Paige, imaginate, me empilchaba para ir a verla, y el barrio se alborotaba. Era lindo matear en el patio, y todos me preguntaban qu&amp;eacute; s&amp;eacute; yo cu&amp;aacute;nta cosa. Yo a veces no pod&amp;iacute;a creer que era cierto, de noche antes de dormirme me dec&amp;iacute;a que estaba so&amp;ntilde;ando. Cuando le compr&amp;eacute; el terreno a la vieja, qu&amp;eacute; barullo que hac&amp;iacute;an todos. El trompa era el &amp;uacute;nico que se quedaba tranquilo. "Hac&amp;eacute;s bien, pibe", dec&amp;iacute;a, y dale al tabaco. Me parece estarlo viendo la primera vez, en el club de la calle Lima. No, era en Chacabuco, esper&amp;aacute; que no me acuerdo, pero si era en Lima, infeliz, no te acord&amp;aacute;s del vestuario todo de verde, con m&amp;aacute;s mugre... Esa noche el entrenador me present&amp;oacute; al patr&amp;oacute;n, resultaba que eran amigos, cuando me dijo el nombre casi me agarro de las sogas, apenas lo vi que me miraba yo pens&amp;eacute;: "Vino para verme pelear", y cuando el entrenador me lo present&amp;oacute;me quer&amp;iacute;a morir. &amp;Eacute;l no me hab&amp;iacute;a dicho nunca nada, de puro rana, pero hizo bien, as&amp;iacute; yo iba subiendo despacio, sin engolosinarme. Como el pobre zurdito, que lo llevaron a River en un a&amp;ntilde;o, y en dos meses se vino abajo que daba miedo. En ese entonces no era macana, pibe. Te ven&amp;iacute;a cada tano de Italia, cada gallego que te daba miedo, y no te digo nada de los rubios. Claro que a veces la gozabas, como la vez del pr&amp;iacute;ncipe. Eso fue un plato, te juro, el pr&amp;iacute;ncipe en el ringside y el patr&amp;oacute;n que me dice en el camar&amp;iacute;n: " No te and&amp;eacute;s con vueltas, no te vayas a dejar vistear que para eso los yonis son una luz", y te acord&amp;aacute;s que dec&amp;iacute;an que era el campe&amp;oacute;n de Inglaterra, o qu&amp;eacute; s&amp;eacute; yo qu&amp;eacute; cosa. Pobre rubio, lindo pibe. Me daba no s&amp;eacute; qu&amp;eacute; cuando nos saludamos, el tipo chamuy&amp;oacute; una cosa que and&amp;aacute; a entendele, y parec&amp;iacute;a que te iba a salir a pelear con galera. El patr&amp;oacute;n no te vayas a creer que estaba muy tranquilo, te puedo decir que &amp;eacute;l nunca se daba cuenta de c&amp;oacute;mo yo lo palpitaba. Pobre trompa, se cre&amp;iacute;a que no me daba cuenta. Che, y el pr&amp;iacute;ncipe ah&amp;iacute;abajo, eso fue grande, a la primera finta que me hace el rubio le largo la derecha en gancho y se la meto justo justo. Te juro que me qued&amp;eacute; fr&amp;iacute;o cuando lo vi patas arriba. Qu&amp;eacute; manera de dormir, pobre tipo. Esa vez no me dio gusto ganar, m&amp;aacute;s lindo hubiera sido una linda agarrada, cuatro o cinco vueltas como con el Tani o con el yoni aqu&amp;eacute;l, Herman se llamaba, uno que ven&amp;iacute;a con un auto colorado y una pinta b&amp;aacute;rbara... Cobr&amp;oacute;, pero fue lindo. Qu&amp;eacute; le&amp;ntilde;ada, mama m&amp;iacute;a. No quer&amp;iacute;a aflojar y ten&amp;iacute;a m&amp;aacute;s ma&amp;ntilde;as que... Ahora que para ma&amp;ntilde;as el Brujo, che. De donde me lo fueron a sacar a &amp;eacute;se. Era uruguayo, sab&amp;eacute;s, ya estaba acabado pero era peor que los otros, se te pegaba como sanguijuela y and&amp;aacute; sac&amp;aacute;telo de encima. Meta forcejeo, y el tipo con el guante por los ojos, pucha me daba una bronca. Al final lo faj&amp;eacute; feo, me dej&amp;oacute; un claro y le entr&amp;eacute; con una ganas... Mu&amp;ntilde;eco al suelo, pibe. Mu&amp;ntilde;eco al suelo fastr&amp;aacute;s... Vos sab&amp;eacute;s que me hab&amp;iacute;an hecho un tango y todo. Todav&amp;iacute;a me acuerdo un cacho, de Mataderos al centro, y del centro a Nueva York... Me lo cantaban por todos lados, en los asados, por la radio... Era lindo o&amp;iacute;rse en la radio, che, la vieja me escuchaba todas las peleas. Y vos sab&amp;eacute;s que ella tambi&amp;eacute;n me escuchaba, un d&amp;iacute;a me dijo que me hab&amp;iacute;a conocido por la radio, porque el hermano puso la pelea con uno de los tanos... &amp;iquest;Vos te acord&amp;aacute;s de los tanos? Yo no s&amp;eacute; de d&amp;oacute;nde los iba a sacar el trompa, me los tra&amp;iacute;a fresquitos de Italia, y se armaban unas le&amp;ntilde;adas en River... Hasta me hizo pelear con dos hermanos, con el primero fue colosal, al cuarto round se pone a llover, &amp;ntilde;ato, y nosotros con ganas de seguirla porque el tanito era de ley y nos faj&amp;aacute;bamos que era un contento, y en eso empezamos a refalar y dale al suelo yo, y al suelo &amp;eacute;l... Era una pantomima, hermano... La suspendieron, que macana. A la otra vez el tano cobr&amp;oacute; por las dos, y el patr&amp;oacute;n me puso con el hermano, y otro pesto... Qu&amp;eacute; tiempos, pibe, aqu&amp;iacute; s&amp;iacute; era lindo pelear, con toda la barra que ven&amp;iacute;a, te acord&amp;aacute;s de los carteles y las bocinas de auto, che, qu&amp;eacute; l&amp;iacute;o que armaban en la popular... Una vez le&amp;iacute; que el boxeador no oye nada cuando est&amp;aacute; peleando, qu&amp;eacute; macana, pibe. Claro que oye, vos te cre&amp;eacute;s que yo no o&amp;iacute;a distinto entre los gringos, menos mal que lo ten&amp;iacute;a al trompa en el rinc&amp;oacute;n, &amp;aacute;perca, pibe, dale &amp;aacute;perca. Y en el hotel, y los caf&amp;eacute;s, qu&amp;eacute; cosa tan rara, che, no te hallabas ah&amp;iacute;. Despu&amp;eacute;s el gimnasio, con esos tipos que te hablaban y no les pescabas ni medio. Meta se&amp;ntilde;as, pibe, como los mudos. Menos mal que estaba ella y el patr&amp;oacute;n para chamuyar, y pod&amp;iacute;amos matear en el hotel y de cuando en cuando ca&amp;iacute;a un criollo y dale con los aut&amp;oacute;grafos, y a ver si me lo faj&amp;aacute;s bien a ese gringo pa que aprendan c&amp;oacute;mo somos los argentinos. No hablaban m&amp;aacute;s que del campeonato, qu&amp;eacute; le vas a hacer, me ten&amp;iacute;an fe, che, y me daban unas ganas de salir atropellando y no parar hasta el campe&amp;oacute;n. Pero lo mismo pensaba todo el tiempo en Buenos Aires, y el patr&amp;oacute;n pon&amp;iacute;a los discos de Carlitos y los de Pedro Maffia, y el tango que me hicieron, yo no s&amp;eacute;si sab&amp;eacute;s que me hab&amp;iacute;an hecho un tango. Como a Legui, igualito. Y una vez me acuerdo que fuimos con ella y el patr&amp;oacute;n a una playa, todo el d&amp;iacute;a en el agua, fue macanudo. No te creas que pod&amp;iacute;a divertirme mucho, siempre con el entrenamiento y la comida cuidada, y nada que hacerle, el trompa no me sacaba los ojos. "Ya te vas a dar el gusto, pibe", me dec&amp;iacute;a el trompa. Me acuerdo cuando la pelea con Mocoroa, esa fue pelea. Vos sab&amp;eacute;s que dosmeses antes ya lo ten&amp;iacute;a al patr&amp;oacute;n dale que esa izquierda va mal, que no dej&amp;eacute;s entrar as&amp;iacute;, y me cambiaba los sparrings y meta salto a la soga y bife jugoso... Menos mal que me dejaba matear un poco, pero siempre me quedaba con sed de verde. Y vuelta a empezar todos los d&amp;iacute;as, ten&amp;eacute; cuidado con la derecha, la tir&amp;aacute;s muy abierta, mir&amp;aacute;que el coso no es macana. Te cre&amp;eacute;s que yo no lo sab&amp;iacute;a, m&amp;aacute;s de una vez lo fui a ver y me gustaba el pibe, no se achicaba nunca, y un estilo, che. Vos sab&amp;eacute;s lo que es el estilo, est&amp;aacute;s ah&amp;iacute; y cuando hay que hacer una cosa vas y la hac&amp;eacute;s sobre el pucho, no como esos que la empiezan a zapallazo limpio, dale que va, arriba abajo los tres minutos. Una vez en El Gr&amp;aacute;fico un coso escribi&amp;oacute; que yo no ten&amp;iacute;a estilo. Me dio una bronca, te juro. No te voy a decir que yo era como Rayito, eso era para ir a verlo, pibe, y Mocoroa lo mismo. Yo qu&amp;eacute; te voy a decir, al rato de empezar ya ve&amp;iacute;a todo colorado y le met&amp;iacute;a nom&amp;aacute;s, pero no te vas a creer que no me daba cuenta, solamente que me sal&amp;iacute;a y si me sal&amp;iacute;a bien para qu&amp;eacute; te vas a afligir. Vos ves c&amp;oacute;mo fue con Rayito, est&amp;aacute; bien que no lo saqu&amp;eacute; pero lo pude. Y a Mocoroa igual, qu&amp;eacute; quer&amp;eacute;s. Flor de le&amp;ntilde;ada, viejo, se me agachaba hasta el suelo y de abajo me zampaba cada pi&amp;ntilde;a que te la debo. Y yo meta a la cara, te juro que a la mitad ya est&amp;aacute;bamos con bronca y dale nom&amp;aacute;s. Esa vez no sent&amp;iacute; nada, el patr&amp;oacute;n me agarraba la cabeza y dec&amp;iacute;a pibe no te abr&amp;aacute;s tanto, dale abajo, pibe, guarda la derecha. Yo le o&amp;iacute;a todo pero despu&amp;eacute;s sal&amp;iacute;amos y meta biaba los dos, y hasta el final que no pod&amp;iacute;amos m&amp;aacute;s, fue algo grande. Vos sab&amp;eacute;s que esa noche despu&amp;eacute;s de la pelea nos juntamos en un bodeg&amp;oacute;n, estaba toda la barra y fue lindo verlo al pibe que se re&amp;iacute;a, y me dijo qu&amp;eacute; fen&amp;oacute;meno, che, c&amp;oacute;mo faj&amp;aacute;s, y yo le dije te gan&amp;eacute; pero para m&amp;iacute; que la empatamos, y todos brindaban y era un l&amp;iacute;o que no te puedo contar... L&amp;aacute;stima esta tos, te agarra descuidado y te dobla. Y bueno, ahora hay que cuidarse, mucha leche y estar quieto, qu&amp;eacute; le vas a hacer. Una cosa que me duele es que no te dejan levantar, a las cinco estoy despierto y meta mirar p'arriba. Pens&amp;aacute;s y pens&amp;aacute;s, y siempre lo malo, claro. Y los sue&amp;ntilde;os igual, la otra noche, estaba peleando de nuevo con Peralta. Por qu&amp;eacute; justo tengo que venir a embocarla en esa pelea, pens&amp;aacute; lo que fue, pibe, mejor no acordarse. Vos sab&amp;eacute;s lo que es toda la barra ah&amp;iacute;, todo de nuevo como antes, no como en Nueva York, con los gringos... Y la barra del ringside, toda la hinchada, y unas ganas de ganar para que vieran que... Otra que ganar, si no me sal&amp;iacute;a nada, y vos sab&amp;eacute;s c&amp;oacute;mo pegaba V&amp;iacute;ctor. Ya s&amp;eacute;, ya s&amp;eacute;, yo le ganaba con una mano, pero a la vuelta era distinto. No ten&amp;iacute;a &amp;aacute;nimo, che, el patr&amp;oacute;n menos todav&amp;iacute;a, qu&amp;eacute; te vas a entrenar bien si est&amp;aacute;s triste. Y bueno, yo aqu&amp;iacute; era el campe&amp;oacute;n y &amp;eacute;l me desafi&amp;oacute;, ten&amp;iacute;a derecho. No le voy a disparar, no te parece. El patr&amp;oacute;n pensaba que le pod&amp;iacute;a ganar por puntos, no te abr&amp;aacute;s mucho y no te cans&amp;eacute;s de entrada, mir&amp;aacute; que aqu&amp;eacute;l te va a boxear todo el tiempo. Y claro, se me iba para todos lados, y despu&amp;eacute;s que yo no estaba bien, con la barra ah&amp;iacute; y todo te juro que ten&amp;iacute;a un cansancio en el cuerpo... Como modorra, entend&amp;eacute;s, no te puedo explicar. A la mitad de la pelea la empec&amp;eacute; a pasar mal, despu&amp;eacute;s no me acuerdo mucho. Mejor no acordarse, no te parece. Son cosas que para qu&amp;eacute;. Me quisiera olvidar de todo. Mejor dormirse, total aunque so&amp;ntilde;&amp;eacute;s con las peleas a veces le acert&amp;aacute;s una linda y la goz&amp;aacute;s de nuevo. Como cuando el pr&amp;iacute;ncipe, qu&amp;eacute; plato. Pero mejor cuando no so&amp;ntilde;&amp;aacute;s, pibe, y est&amp;aacute;s durmiendo que es un gusto y no tos&amp;eacute;s ni nada, meta dormir nom&amp;aacute;s toda la noche dale que dale.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111377690648858086?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111377690648858086/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111377690648858086' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111377690648858086'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111377690648858086'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/torito.html' title='Torito'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111374865780911886</id><published>2005-04-17T07:37:00.000-07:00</published><updated>2005-04-17T07:37:37.810-07:00</updated><title type='text'>Una modesta proposición</title><content type='html'>Por: Jonathan Swift&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;i&gt;Para prevenir que los ni&amp;ntilde;os de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el pa&amp;iacute;s, y para hacerlos &amp;uacute;tiles al p&amp;uacute;blico&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;b&gt;Dubl&amp;iacute;n, Irlanda, 1729&lt;/b&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es un asunto melanc&amp;oacute;lico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las caba&amp;ntilde;as atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis ni&amp;ntilde;os, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido pa&amp;iacute;s natal para luchar por el Pretendiente en Espa&amp;ntilde;a, o se venden a s&amp;iacute; mismos en las Barbados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creo que todos los partidos est&amp;aacute;n de acuerdo en que este n&amp;uacute;mero prodigioso de ni&amp;ntilde;os en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un m&amp;eacute;todo razonable, econ&amp;oacute;mico y f&amp;aacute;cil para hacer de ellos miembros cabales y &amp;uacute;tiles del estado, merecer&amp;iacute;a tanto agradecimiento del p&amp;uacute;blico como para tener instalada su estatua como protector de la Naci&amp;oacute;n. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero mi intenci&amp;oacute;n est&amp;aacute; muy lejos de limitarse a proveer solamente por los ni&amp;ntilde;os de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendr&amp;aacute; en cuenta el n&amp;uacute;mero total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos a&amp;ntilde;os sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su c&amp;aacute;lculo. Es cierto que un ni&amp;ntilde;o reci&amp;eacute;n nacido puede ser mantenido durante un a&amp;ntilde;o solar por la leche materna y poco alimento m&amp;aacute;s; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su leg&amp;iacute;tima ocupaci&amp;oacute;n de mendigar. Y es exactamente al a&amp;ntilde;o de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuir&amp;aacute;n por el contrario a la alimentaci&amp;oacute;n, y en parte a la vestimenta, de muchos miles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay adem&amp;aacute;s otra gran ventaja en mi plan, que evitar&amp;aacute; esos abortos voluntarios y esa pr&amp;aacute;ctica horrenda, &amp;iexcl;cielos!, &amp;iexcl;demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres beb&amp;eacute;s inocentes, no s&amp;eacute; si m&amp;aacute;s por evitar los gastos que la verg&amp;uuml;enza, lo cual arrancar&amp;iacute;a las l&amp;aacute;grimas y la piedad del pecho m&amp;aacute;s salvaje e inhumano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El n&amp;uacute;mero de almas en este reino se estima usualmente en un mill&amp;oacute;n y medio, de &amp;eacute;stas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese n&amp;uacute;mero resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponi&amp;eacute;ndolo as&amp;iacute;, quedar&amp;aacute;n ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el a&amp;ntilde;o. Quedan s&amp;oacute;lo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuesti&amp;oacute;n es entonces, c&amp;oacute;mo se educar&amp;aacute; y sostendr&amp;aacute; a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los m&amp;eacute;todos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesan&amp;iacute;a ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis a&amp;ntilde;os, excepto cuando est&amp;aacute;n precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, &amp;eacute;poca durante la cual s&amp;oacute;lo pueden considerarse aficionados, seg&amp;uacute;n me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me asegur&amp;oacute; que nunca supo de m&amp;aacute;s de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la m&amp;aacute;s pronta competencia en ese arte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercanc&amp;iacute;a vendible antes de los doce a&amp;ntilde;os; e incluso cuando llegan a esta edad no producir&amp;aacute;n m&amp;aacute;s de tres libras o tres libras y media corona como m&amp;aacute;ximo en la transacci&amp;oacute;n; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrici&amp;oacute;n y harapos, que habr&amp;aacute; sido al menos de cuatro veces ese valor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Propondr&amp;eacute; ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestar&amp;aacute;n a la menor objeci&amp;oacute;n. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno ni&amp;ntilde;o sano y bien criado constituye al a&amp;ntilde;o de edad el alimento m&amp;aacute;s delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servir&amp;aacute; igualmente en un fricas&amp;eacute; o un ragout. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideraci&amp;oacute;n del p&amp;uacute;blico que de los ciento veinte mil ni&amp;ntilde;os ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducci&amp;oacute;n, de los cuales s&amp;oacute;lo una cuarta parte ser&amp;aacute;n machos; lo que es m&amp;aacute;s de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi raz&amp;oacute;n es que esos ni&amp;ntilde;os raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho ser&amp;aacute; suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al a&amp;ntilde;o de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el &amp;uacute;ltimo mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un ni&amp;ntilde;o llenar&amp;aacute; dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituir&amp;aacute; un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal despu&amp;eacute;s de hervirlo resultar&amp;aacute; muy bueno hasta el cuarto d&amp;iacute;a, especialmente en invierno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He calculado que como t&amp;eacute;rmino medio un ni&amp;ntilde;o reci&amp;eacute;n nacido pesar&amp;aacute; doce libras, y en un a&amp;ntilde;o solar, si es tolerablemente criado, alcanzar&amp;aacute; las veintiocho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Concedo que este manjar resultar&amp;aacute; algo costoso, y ser&amp;aacute; por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayor&amp;iacute;a de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo el a&amp;ntilde;o habr&amp;aacute; carne de infante, pero m&amp;aacute;s abundantemente en marzo, y un poco antes o despu&amp;eacute;s: pues nos informa un grave autor, eminente m&amp;eacute;dico franc&amp;eacute;s, que siendo el pescado una dieta prol&amp;iacute;fica, en los pa&amp;iacute;ses cat&amp;oacute;licos romanos nacen muchos mas ni&amp;ntilde;os aproximadamente nueve meses despu&amp;eacute;s de Cuaresma que en cualquier otra estaci&amp;oacute;n; en consecuencia, contando un a&amp;ntilde;o despu&amp;eacute;s de Cuaresma, los mercados estar&amp;aacute;n m&amp;aacute;s abarrotados que de costumbre, porque el n&amp;uacute;mero de ni&amp;ntilde;os papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traer&amp;aacute; otra ventaja colateral, al disminuir el n&amp;uacute;mero de papistas entre nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los caba&amp;ntilde;eros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por a&amp;ntilde;o, harapos incluidos; y creo que ning&amp;uacute;n caballero se quejar&amp;iacute;a de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen ni&amp;ntilde;o gordo, del cual, como he dicho, sacar&amp;aacute; cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando s&amp;oacute;lo tenga a alg&amp;uacute;n amigo o a su propia familia a comer con &amp;eacute;l. De este modo, el hacendado aprender&amp;aacute; a ser un buen terrateniente y se har&amp;aacute; popular entre los arrendatarios; y la madre tendr&amp;aacute; ocho chelines de ganancia limpia y quedar&amp;aacute; en condiciones de trabajar hasta que produzca otro ni&amp;ntilde;o. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quienes sean m&amp;aacute;s ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podr&amp;aacute;n hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En nuestra ciudad de Dubl&amp;iacute;n, los mataderos para este prop&amp;oacute;sito pueden establecerse en sus zonas m&amp;aacute;s convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltar&amp;aacute;n; aunque m&amp;aacute;s bien recomiendo comprar los ni&amp;ntilde;os vivos y adobarlos mientras a&amp;uacute;n est&amp;aacute;n tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo much&amp;iacute;simo, se entretuvo &amp;uacute;ltimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurri&amp;oacute; que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podr&amp;iacute;a ser bien satisfecha por los cuerpos de j&amp;oacute;venes mozos y doncellas, no mayores de catorce a&amp;ntilde;os ni menores de doce; ya que son tantos los que est&amp;aacute;n a punto de morir de hambre en todo el pa&amp;iacute;s, por falta de trabajo y de ayuda; de &amp;eacute;stos dispondr&amp;iacute;an sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes m&amp;aacute;s cercanos. Pero con la debida consideraci&amp;oacute;n a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me asegur&amp;oacute;, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificar&amp;iacute;a el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituir&amp;iacute;a una p&amp;eacute;rdida para el p&amp;uacute;blico, porque muy pronto ser&amp;iacute;an fecundas; y adem&amp;aacute;s, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante pr&amp;aacute;ctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para m&amp;iacute; la objeci&amp;oacute;n m&amp;aacute;s firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero a fin de justificar a mi amigo, &amp;eacute;l confes&amp;oacute; que este expediente se lo meti&amp;oacute; en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que lleg&amp;oacute; de all&amp;iacute; a Londres hace m&amp;aacute;s de veinte a&amp;ntilde;os, y que conversando con &amp;eacute;l le cont&amp;oacute; que en su pa&amp;iacute;s, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vend&amp;iacute;a el cad&amp;aacute;ver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su &amp;eacute;poca el cuerpo de una rolliza muchacha de quince a&amp;ntilde;os, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al pat&amp;iacute;bulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias j&amp;oacute;venes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con ex&amp;oacute;ticos atav&amp;iacute;os que nunca pagar&amp;aacute;n, el reino no estar&amp;iacute;a peor. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas personas de esp&amp;iacute;ritu agorero est&amp;aacute;n muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que est&amp;aacute;n viejos, enfermos o inv&amp;aacute;lidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la naci&amp;oacute;n de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se est&amp;aacute; muriendo y pudriendo cada d&amp;iacute;a por el fr&amp;iacute;o y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan r&amp;aacute;pidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores j&amp;oacute;venes, est&amp;aacute;n en una situaci&amp;oacute;n igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo com&amp;uacute;n no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el pa&amp;iacute;s y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;He divagado excesivamente, de manera que volver&amp;eacute; al tema. Me parece que las ventajas de la proposici&amp;oacute;n que he enunciado son obvias y muchas, as&amp;iacute; como de la mayor importancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En primer lugar, como ya he observado, disminuir&amp;iacute;a grandemente el n&amp;uacute;mero de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la naci&amp;oacute;n y nuestros enemigos m&amp;aacute;s peligrosos; y que se quedan en el pa&amp;iacute;s con el prop&amp;oacute;sito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el pa&amp;iacute;s antes que quedarse en &amp;eacute;l pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segundo, los m&amp;aacute;s pobres arrendatarios poseer&amp;aacute;n algo de valor que la ley podr&amp;aacute; hacer embargable y que les ayudar&amp;aacute; a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tercero, puesto que la manutenci&amp;oacute;n de cien mil ni&amp;ntilde;os, de dos a&amp;ntilde;os para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se ver&amp;aacute; incrementado en cincuenta mil libras por a&amp;ntilde;o, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan alg&amp;uacute;n refinamiento en el gusto. Y el dinero circular&amp;aacute; s&amp;oacute;lo entre nosotros, ya que los bienes ser&amp;aacute;n enteramente producidos y manufacturados por nosotros. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuarto, las reproductoras constantes, adem&amp;aacute;s de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus ni&amp;ntilde;os, se quitar&amp;aacute;n de encima la obligaci&amp;oacute;n de mantenerlos despu&amp;eacute;s del primer a&amp;ntilde;o. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quinto, este manjar atraer&amp;aacute; una gran clientela a las tabernas, donde los venteros ser&amp;aacute;n seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfecci&amp;oacute;n, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa c&amp;oacute;mo agradar a sus hu&amp;eacute;spedes, se las ingeniar&amp;aacute; para hacerlo tan caro como a ellos les plazca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sexto: esto constituir&amp;aacute; un gran est&amp;iacute;mulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentar&amp;iacute;a el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres ni&amp;ntilde;os tendr&amp;iacute;an una colocaci&amp;oacute;n de por vida, provista de alg&amp;uacute;n modo por el p&amp;uacute;blico, y que les dar&amp;iacute;a una ganancia anual en vez de gastos. Pronto ver&amp;iacute;amos una honesta emulaci&amp;oacute;n entre las mujeres casadas para mostrar cu&amp;aacute;l de ellas lleva al mercado al ni&amp;ntilde;o m&amp;aacute;s gordo. Los hombres atender&amp;iacute;an a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando est&amp;aacute;n por parir; y no las amenazar&amp;iacute;an con golpearlas o patearlas (pr&amp;aacute;ctica tan frecuente) por temor a un aborto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas otras ventajas podr&amp;iacute;an enumerarse. Por ejemplo, la adici&amp;oacute;n de algunos miles de reses a nuestra exportaci&amp;oacute;n de carne en barricas, la difusi&amp;oacute;n de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucci&amp;oacute;n de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un ni&amp;ntilde;o de un a&amp;ntilde;o, gordo y bien desarrollado, que har&amp;aacute; un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite p&amp;uacute;blico. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suponiendo que mil familias de esta ciudad ser&amp;iacute;an compradoras habituales de carne de ni&amp;ntilde;o, adem&amp;aacute;s de otras que la comer&amp;iacute;an en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dubl&amp;iacute;n se colocar&amp;iacute;an anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se vender&amp;aacute;n algo m&amp;aacute;s barato) las restantes ochenta mil. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se me ocurre ning&amp;uacute;n reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposici&amp;oacute;n, a menos que se aduzca que la poblaci&amp;oacute;n del Reino se ver&amp;iacute;a muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este &amp;uacute;nico y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ning&amp;uacute;n hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo ex&amp;oacute;tico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazaner&amp;iacute;a y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro pa&amp;iacute;s, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinamb&amp;uacute;; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar m&amp;aacute;s como los jud&amp;iacute;os, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro pa&amp;iacute;s y nuestra conciencia por nada; de ense&amp;ntilde;ar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasi&amp;oacute;n de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un esp&amp;iacute;ritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tom&amp;aacute;ramos la decisi&amp;oacute;n de no comprar otras mercanc&amp;iacute;as que las nacionales, inmediatamente se unir&amp;iacute;an para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podr&amp;iacute;a arrancar una sola oferta de comercio honrado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por consiguiente, repito, que ning&amp;uacute;n hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se har&amp;aacute; alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en pr&amp;aacute;ctica. Pero en lo que a m&amp;iacute; concierne, habi&amp;eacute;ndome fatigado durante muchos a&amp;ntilde;os ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de &amp;eacute;xito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de s&amp;oacute;lido y real, trae adem&amp;aacute;s poco gasto y pocos problemas, est&amp;aacute; completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercanc&amp;iacute;a no soportar&amp;aacute; la exportaci&amp;oacute;n, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quiz&amp;aacute; yo podr&amp;iacute;a mencionar un pa&amp;iacute;s que se alegrar&amp;iacute;a de devorar toda nuestra naci&amp;oacute;n a&amp;uacute;n sin ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despu&amp;eacute;s de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opini&amp;oacute;n como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, c&amp;oacute;modo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicci&amp;oacute;n con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como est&amp;aacute;n las cosas, c&amp;oacute;mo se las arreglar&amp;aacute;n para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas in&amp;uacute;tiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un mill&amp;oacute;n de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejar&amp;iacute;a debiendo dos millones de libras esterlinas, a&amp;ntilde;adiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, caba&amp;ntilde;eros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos pol&amp;iacute;ticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestaci&amp;oacute;n, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habr&amp;iacute;a sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al a&amp;ntilde;o de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresi&amp;oacute;n de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la m&amp;aacute;s inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Declaro, con toda la sinceridad de mi coraz&amp;oacute;n, que no tengo el menor inter&amp;eacute;s personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien p&amp;uacute;blico de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los ni&amp;ntilde;os, aliviando al pobre y dando alg&amp;uacute;n placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el m&amp;aacute;s joven tiene nueve a&amp;ntilde;os, y mi mujer ya no es fecunda.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111374865780911886?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111374865780911886/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111374865780911886' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111374865780911886'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111374865780911886'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/una-modesta-proposicin.html' title='Una modesta proposici&amp;oacute;n'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111368207829264595</id><published>2005-04-16T13:07:00.000-07:00</published><updated>2005-04-16T13:07:58.293-07:00</updated><title type='text'>Historias de un Graduado</title><content type='html'>Por: Aymer Waldir Zuluaga Miranda&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una vez terminadas las clases en la Universidad, deb&amp;iacute;a esperar casi un mes para lo de la ceremonia de graduaci&amp;oacute;n, durante ese tiempo, so&amp;ntilde;aba obviamente con estar desempe&amp;ntilde;ando el puesto para el que me hab&amp;iacute;a formado e informado, el cargo que todos merecemos luego de la gran inversi&amp;oacute;n acad&amp;eacute;mica... ser Jefe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero, &amp;iquest;Jefe de qu&amp;eacute;? &amp;Eacute;sa era una pregunta que aun no ten&amp;iacute;a resuelta, pero que pronto se encargar&amp;iacute;an de responderme las empresas a las que luego de una cuidadosa selecci&amp;oacute;n, eleg&amp;iacute; para que se beneficiaran de mis grandes conocimientos reci&amp;eacute;n adquiridos, conocimientos que me hac&amp;iacute;an sentir como un autom&amp;oacute;vil &amp;uacute;ltimo modelo cero kil&amp;oacute;metros, con el tanque de la gasolina repleto. As&amp;iacute; que decid&amp;iacute; no esperar a la ceremonia de mi grado y por ah&amp;iacute; derecho hacerle un favor anticipado a alguna empresa, revis&amp;eacute; cuidadosamente la lista de empresas candidatas, imprim&amp;iacute; varias copias de mi curriculum, me hice tomar unas fotograf&amp;iacute;as en las que mi cautivadora sonrisa me daba un coqueto aire a Brad Pitt, copi&amp;eacute; cuidadosamente las direcciones en cada uno de los sobres, empaqu&amp;eacute; todo y fui al servicio de correo a enviarlas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como ninguna empresa dudar&amp;iacute;a en contratar a alguien con mi talento; decid&amp;iacute; enviar s&amp;oacute;lo algunos sobres, los dirigidos a las empresas m&amp;aacute;s opcionadas y as&amp;iacute; empezar a mover mi curr&amp;iacute;culum entre ellas; as&amp;iacute; que al d&amp;iacute;a siguiente me dispuse a esperar las consecuentes llamadas telef&amp;oacute;nicas de mis candidatos a empleadores. Pas&amp;eacute; el d&amp;iacute;a completo pendiente del tel&amp;eacute;fono y como no recib&amp;iacute; ninguna llamada, conclu&amp;iacute; que la empresa de mensajer&amp;iacute;a que utilic&amp;eacute; no era la m&amp;aacute;s cumplida y que tal vez ser&amp;iacute;a ma&amp;ntilde;ana el tan esperado d&amp;iacute;a D.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron todos los d&amp;iacute;as terminados en "s", es decir pasaron los lunes, martes, mi&amp;eacute;rcoles, jueves, viernes, s&amp;aacute;bados y domingos y nada, cuando el tel&amp;eacute;fono sonaba no era para m&amp;iacute;, y cuando era para m&amp;iacute;, era de un ex-compa&amp;ntilde;ero de universidad para contarme que tambi&amp;eacute;n andaba en lo mismo, en esperar a que alguna empresa recibiera su talentoso curr&amp;iacute;culum. As&amp;iacute; que comenc&amp;eacute; a sospechar que mis amigos tambi&amp;eacute;n usaban la misma empresa de correos y que estos desgraciados estaban extraviando la valiosa correspondencia que les hab&amp;iacute;amos encomendado: nuestras intachables hojas de vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pas&amp;oacute; el d&amp;iacute;a de mi grado y varios d&amp;iacute;as m&amp;aacute;s, y ya empezaba a dar muestras de impaciencia ante el aterrador silencio del tel&amp;eacute;fono, as&amp;iacute; que empec&amp;eacute; a imaginar que tal vez el tel&amp;eacute;fono estaba malo y no entraban las llamadas, que tal vez la empresa de correspondencia hab&amp;iacute;a enviado mis sobres a Cisjordania o a Kosovo, o que tal vez las bellas y voluptuosas secretarias de las empresas al recibir un curriculum con mi espectacular fotograf&amp;iacute;a hab&amp;iacute;an decidido que yo era el hombre de sus sue&amp;ntilde;os y ante la imposibilidad de un romance er&amp;oacute;tico sensual con un posible compa&amp;ntilde;ero de trabajo, prefer&amp;iacute;an conservar los documentos y no pasarlos al departamento de selecci&amp;oacute;n para que me contrataran.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Segu&amp;iacute;an los d&amp;iacute;as llegando sin noticias, hasta que un d&amp;iacute;a recib&amp;iacute; una llamada... era mi mejor compa&amp;ntilde;ero de clases, mi confidente, mi c&amp;oacute;mplice de academia, con quien tanto compart&amp;iacute;, llamaba a contarme de su felicidad, pues lo hab&amp;iacute;an llamado de una empresa multinacional para una entrevista al d&amp;iacute;a siguiente (multinacional a la que yo tambi&amp;eacute;n hab&amp;iacute;a enviado mi curriculum), as&amp;iacute; que esa noche no dorm&amp;iacute; pensando los motivos para que la maldita empresa no me hubiera llamado a m&amp;iacute; y s&amp;iacute; llamara a entrevista a ese penta catre triple doble hijo de p... pantufla (no serv&amp;iacute;a para ning&amp;uacute;n deporte) que siempre me cay&amp;oacute; mal, al que no le confiar&amp;iacute;a nada y con quien nunca me gust&amp;oacute; compartir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron dos d&amp;iacute;as m&amp;aacute;s y pas&amp;oacute; tambi&amp;eacute;n mi episodio de envidia, c&amp;oacute;mo iba a sentir envidia de ese gran compa&amp;ntilde;ero que siempre tuvo una palabra de aliento para m&amp;iacute;, de ese amigo incondicional que me ayudaba en las tareas y los ex&amp;aacute;menes, c&amp;oacute;mo sentir envidia de un amigo del alma al que rechazaron en la primera entrevista con la empresa multinacional... bien sab&amp;iacute;a yo que &amp;eacute;l no serv&amp;iacute;a para el cargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de enviar varios miles de curr&amp;iacute;culum, varias semanas despu&amp;eacute;s empec&amp;eacute; a recibir respuestas de algunas empresas, me escrib&amp;iacute;an para exaltar mis cualidades, pero concluyendo todas en que mi perfil profesional no era el que por ahora requer&amp;iacute;an y que guardar&amp;iacute;an tan valiosa informaci&amp;oacute;n a la espera de una vacante. Al principio estas cartas sirvieron mucho para adular a mi ego que tan golpeado se hab&amp;iacute;a sentido al no encontrar r&amp;aacute;pidamente trabajo; pero luego al empezar a parecerse tanto entre ellas, (solo cambiaba el encabezado de la carta donde estaba el nombre de la empresa que me rechazaba); empec&amp;eacute; a notar algo turbio. El t&amp;iacute;o de un amigo que trabajaba en el &amp;aacute;rea de recursos humanos de una gran empresa, me confes&amp;oacute; que dichas cartas eran solo un protocolo y que se enviaban sin distingo a los remitentes de los curr&amp;iacute;culum que no clasificaban y me sugiri&amp;oacute; que intentara con una empresa del sector p&amp;uacute;blico que en esos d&amp;iacute;as hab&amp;iacute;a empezado un proceso de reclutamiento de personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alentado por tan esperanzadora noticia, me refiero a la noticia de que hab&amp;iacute;a una empresa necesitando personal, pues la noticia de que la carta era una proforma hizo que llamara a la marqueter&amp;iacute;a para cancelar la orden de enmarcar las cartas que iba a exhibir orgulloso en mi cuarto; alentado de esa manera, me inform&amp;eacute; de los requisitos para acceder al cargo p&amp;uacute;blico. Eran en realidad pocos los requisitos, si nos atenemos a la enorme papeler&amp;iacute;a que te exigen en el sector p&amp;uacute;blico para cualquier tr&amp;aacute;mite; solo hab&amp;iacute;a que diligenciar 3 formularios HV-512 y las respectivas copias amarillas y rosadas; enviar 4 fotograf&amp;iacute;as en blanco y negro, de ciertas dimensiones, donde aparecieras de frente y se te vieran las orejas, 5 estampillas para el fondo mutuo de inversi&amp;oacute;n del sector agroindustrial, certificado de buena conducta expedido por la procuradur&amp;iacute;a, fiscal&amp;iacute;a y rentas municipales, copias de las actas de graduaci&amp;oacute;n desde kindergaten hasta Universidad, donde aparecieran las direcciones actualizadas de tus ex-compa&amp;ntilde;eros, fotocopia de la c&amp;eacute;dula de ciudadan&amp;iacute;a, de la visa, del pasaporte, de la licencia de conducci&amp;oacute;n, del carn&amp;eacute; de afiliaci&amp;oacute;n al equipo de f&amp;uacute;tbol preferido; dos declaraciones extrajuicio juramentadas ante notario, copias del examen de sangre, examen de orina, examen de materias fecales y examen de conciencia, certificado de idoneidad profesional expedido por la CIA, FBI, KGB, OTAN y NBA (bueno, el de la NBA era solo para los basquetbolistas, pero igual lo envi&amp;eacute;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una vez conseguidos estos previos y escasos requisitos, los anex&amp;eacute; a mi ya famoso rid&amp;iacute;culum vitae y los envi&amp;eacute; con la esperanza de que al fin me llamaran para alguna entrevista de trabajo. En el sector p&amp;uacute;blico, seg&amp;uacute;n la constituci&amp;oacute;n, cualquiera podr&amp;iacute;a llegar a ser Presidente de la Rep&amp;uacute;blica u ocupar cargo p&amp;uacute;blico y aunque eso estaba ya m&amp;aacute;s que demostrado, (sobre todo en lo que cualquiera llegaba a presidente), quer&amp;iacute;a al menos intentar llegar a obtener una entrevista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de haber enviado un sobre con mi curr&amp;iacute;culum y cuarenta sobres con los papeles que eran pre-requisito para lo del cargo en la entidad del sector p&amp;uacute;blico, comenz&amp;oacute; mi angustiosa espera frente al tel&amp;eacute;fono. La ma&amp;ntilde;ana siguiente, me despert&amp;eacute; sobresaltado con un repique insistente del aparato, al fin, la esperada llamada, la cita para la entrevista, mi primer empleo, el mundo a mis pies, en una mil&amp;eacute;sima de segundo descolgu&amp;eacute; el tel&amp;eacute;fono y antes de decir al&amp;oacute;, descubr&amp;iacute; que el maldito reloj despertador imitaba a la perfecci&amp;oacute;n el sonido del tel&amp;eacute;fono. Aunque fue una falsa alarma, demostraba mi actitud ante la inminente llamada del destino, as&amp;iacute; que r&amp;aacute;pido, sin p&amp;eacute;rdida de tiempo pas&amp;eacute; a la ducha, y luego a ponerme la mejor ropa para la posible entrevista. Vestido, afeitado, y oliendo a perfume, ensayaba frente al espejo las mejores posturas para acompa&amp;ntilde;ar las ingeniosas respuestas a las preguntas de mi posible entrevistador; la imagen mostraba una manera de expresarse, una forma de gesticular, que ni un pol&amp;iacute;tico en plena campa&amp;ntilde;a lograr&amp;iacute;a mejorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de casi una ma&amp;ntilde;ana de ensayo ante el espejo, que ya me empezaba a aburrir, son&amp;oacute; por primera vez el tel&amp;eacute;fono y all&amp;iacute; estaba mi &amp;aacute;gil brazo y mi melodiosa voz contestando... &lt;i&gt;&amp;iquest;al&amp;oacute;? &amp;iquest;a qui&amp;eacute;n necesita? .... Claro... un momento... mam&amp;aacute; es para ti...&lt;/i&gt; Mi madre al tel&amp;eacute;fono con su mejor amiga; no hab&amp;iacute;a previsto esa posibilidad, era un hecho cumplido que se tardar&amp;iacute;an m&amp;aacute;s de lo normal en colgar el tel&amp;eacute;fono para dar espacio a que entrara mi tan esperada llamada, as&amp;iacute; que deb&amp;iacute;a elaborar r&amp;aacute;pidamente un plan de reacci&amp;oacute;n para retomar el control sobre el tel&amp;eacute;fono.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi h&amp;aacute;bil cerebro (s&amp;iacute;, ese que a&amp;uacute;n no consegu&amp;iacute;a empleo en ninguna empresa) buscaba la estrategia que combinada con una excelente t&amp;aacute;ctica, devolver&amp;iacute;a el tel&amp;eacute;fono a su estado original, una vez planeada la estratagema, la ejecuci&amp;oacute;n fue inmediata... mam&amp;aacute;, mu&amp;eacute;vete, vas a llegar tarde a la cita con pap&amp;aacute; y a &amp;eacute;l no le gusta esperar... Lo dicho, reacci&amp;oacute;n inmediata, pronta despedida y por fin el tel&amp;eacute;fono disponible, s&amp;oacute;lo pasaron varios segundos y de nuevo, el repique del aparato, m&amp;uacute;sica celestial para mis o&amp;iacute;dos, &lt;i&gt;&amp;iquest;al&amp;oacute;? ... &amp;iquest;a qui&amp;eacute;n necesitas? ... lo siento... est&amp;aacute;s marcando n&amp;uacute;mero equivocado&lt;/i&gt;. Qu&amp;eacute; irrespeto, marcar equivocado cuando necesito la l&amp;iacute;nea libre, ah&amp;iacute; suena de nuevo, &lt;i&gt;&amp;iquest;al&amp;oacute;? ... hola, buenos d&amp;iacute;as... s&amp;iacute;, como no... un momento... "manita"&lt;/i&gt; (as&amp;iacute; le digo a mi hermanita) &lt;i&gt;al tel&amp;eacute;fono, cuelga r&amp;aacute;pido que estoy esperando llamada o le digo a tu novio que ayer te fuiste a la discoteca con otro amigo...&lt;/i&gt; por supuesto la llamada dur&amp;oacute; poco. Pas&amp;oacute; la ma&amp;ntilde;ana, la tarde, y varios d&amp;iacute;as m&amp;aacute;s en los que la historia narrada en los p&amp;aacute;rrafos anteriores se repiti&amp;oacute; hasta agotarse y agotarme, aunque a veces con unas variaciones que me llenaban de negra envidia, pues tambi&amp;eacute;n me llamaban ex-compa&amp;ntilde;eros de la universidad a comentarme que los hab&amp;iacute;an citado a entrevista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta que un d&amp;iacute;a, por fin, mi espera se vio compensada, ahora ya surt&amp;iacute;an efecto las diecisiete velas encendidas, las trece novenas que le rec&amp;eacute; a San Antonio, las miles de promesas al Divino Ni&amp;ntilde;o Jes&amp;uacute;s, por fin la llamada que de tanto esperar me hac&amp;iacute;a desesperar. La cita ser&amp;iacute;a dentro de los dos d&amp;iacute;as siguientes. La velocidad tan aplastante con que pasaron los d&amp;iacute;as despu&amp;eacute;s de recibir la llamada que me citaba (por fin) a una entrevista para un cargo en una empresa del sector p&amp;uacute;blico, no me dej&amp;oacute; espacio para contarle de ella a todas las personas que yo quer&amp;iacute;a enterar; s&amp;oacute;lo pude contarle a mis dos padres, dos hermanos, quince primos, doce t&amp;iacute;os, cuatro abuelos, cuarenta y tres vecinos, veinticinco amigos y treinta y tres ex-compa&amp;ntilde;eros de Universidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;As&amp;iacute;, que por fin me llamaban para una entrevista de trabajo, al fin una empresa se hab&amp;iacute;a dado cuenta de que contratarme traer&amp;iacute;a consigo a un invaluable trabajador, un tomador nato de decisiones, un visionario, un gur&amp;uacute; de las finanzas, un desempleado menos. Ten&amp;iacute;a muy clara en mi memoria la fecha y la hora para esta cita, no pod&amp;iacute;a fallar nada, ya ten&amp;iacute;a planes para la compra del autom&amp;oacute;vil &amp;uacute;ltimo modelo, s&amp;oacute;lo en el remoto caso de que la empresa no me proporcionara alguno; por supuesto, tambi&amp;eacute;n ten&amp;iacute;a claro con que muebles har&amp;iacute;a redecorar mi amplia y confortable oficina; y por &amp;uacute;ltimo pero no menos importante ten&amp;iacute;a claro el largo de la minifalda que deb&amp;iacute;a lucir mi secretaria privada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me arregl&amp;eacute; impecablemente, hasta lustr&amp;eacute; mis zapatillas negras y sal&amp;iacute; de mi casa confiando en que el mundo se rendir&amp;iacute;a a los pies de este conquistador; llegu&amp;eacute; temprano a la cita, quince minutos antes para sondear el territorio, para darle una primera y &amp;uacute;ltima mirada a esta empresa con ojos de visitante, pues yo ser&amp;iacute;a de ese momento en adelante, el ejecutivo m&amp;aacute;s prominente y respetado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hab&amp;iacute;a varias personas en el gran sal&amp;oacute;n, que al parecer ten&amp;iacute;an dispuesto para la reuni&amp;oacute;n, todos con ese fuego en los ojos que me parec&amp;iacute;a familiar; parec&amp;iacute;a que no se conocieran entre s&amp;iacute;, unos miraban las carteleras, otros el ascensor, otros miraban la hora y algunos usaban su tel&amp;eacute;fono port&amp;aacute;til celular, claro &amp;#8230; a m&amp;iacute; tambi&amp;eacute;n me asignar&amp;iacute;an un pr&amp;aacute;ctico utensilio de esos, pens&amp;eacute;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;S&amp;oacute;lo una joven mujer, de aspecto normal, estaba tras un escritorio y al verme entrar me pidi&amp;oacute; que me acercara; ya lo supon&amp;iacute;a yo, una admiradora y a&amp;uacute;n sin empezar a trabajar... supon&amp;iacute;a mal, era la secretaria auxiliar de personal que requer&amp;iacute;a mis datos, que firmara una constancia de llegada y que esperara a la persona encargada de las pruebas, le pregunt&amp;eacute; entonces si alguno de los que estaban presentes era el hombre clave y me dijo sonriendo que no, que todos ellos eran aspirantes. &amp;iquest;Aspirantes?, que cargo tan extra&amp;ntilde;o, &amp;iquest;qu&amp;eacute; labores desempe&amp;ntilde;ar&amp;iacute;an?, aunque debe ser muy bien remunerado, ya que todos parec&amp;iacute;an estar muy felices, con los zapatos bien lustrados y estrenando ropa; una nueva mirada al sal&amp;oacute;n, me demostr&amp;oacute; que eran m&amp;aacute;s y m&amp;aacute;s los aspirantes que estaban como a la espera, &amp;iquest;porqu&amp;eacute; no hacen nada productivo? me preguntaba, as&amp;iacute; que para irme socializando interrogu&amp;eacute; a una despampanante, voluptuosa y curvil&amp;iacute;nea rubia acerca de qu&amp;eacute; era lo concretamente ella estaba haciendo en esa empresa, me respondi&amp;oacute; de inmediato, y su respuesta me hizo abrir los ojos a&amp;uacute;n m&amp;aacute;s de lo que los hab&amp;iacute;a abierto cuando not&amp;eacute; bajo su escote las redondeces con que la hab&amp;iacute;a dotado la madre naturaleza (o quiz&amp;aacute;s la madrina cirug&amp;iacute;a).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me qued&amp;eacute; de una sola pieza cuando ella me dijo que &lt;i&gt;"hago lo mismo que t&amp;uacute; y toda esta cantidad de profesionales reci&amp;eacute;n graduados, vengo a lo de la entrevista, tambi&amp;eacute;n soy aspirante al &amp;uacute;nico cargo vacante de esta empresa"&lt;/i&gt;. Ella con su respuesta hab&amp;iacute;a batido el r&amp;eacute;cord de n&amp;uacute;mero de minutos en dejarme con la boca abierta, el depuesto r&amp;eacute;cord de diez minutos lo ten&amp;iacute;a mi odont&amp;oacute;logo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una conclusi&amp;oacute;n r&amp;aacute;pida me lleg&amp;oacute; a la confundida y ahora desilusionada mente: el n&amp;uacute;mero de aspirantes al cargo es directamente proporcional a la necesidad de conseguirlo. Entonces all&amp;iacute; estaba yo, perdido entre medio centenar de aspirantes al &amp;uacute;nico cargo vacante para la empresa del sector p&amp;uacute;blico, sintiendo como mi ego profesional se escurr&amp;iacute;a por debajo de la alfombra que cubr&amp;iacute;a el piso del amplio sal&amp;oacute;n que hab&amp;iacute;an dispuesto para la cita. Un se&amp;ntilde;or de edad avanzada, que por su apariencia nos superaba a todos en edad, con una relaci&amp;oacute;n de tres a uno, nos habl&amp;oacute; con voz fuerte y concreta, nos orden&amp;oacute; (literalmente) que por favor hici&amp;eacute;ramos el silencio necesario para escucharlo (grit&amp;oacute; "c&amp;aacute;llense") y ocup&amp;aacute;ramos las sillas dispuestas y distantes unas de otras (grit&amp;oacute; "si&amp;eacute;ntense"). Continu&amp;oacute; &amp;eacute;l, inform&amp;aacute;ndonos con su peculiar forma de hablar, que la selecci&amp;oacute;n del aspirante al cargo, se har&amp;iacute;a por partes y que &amp;eacute;sta primera cita constitu&amp;iacute;a de un sencillo cuestionario de selecci&amp;oacute;n m&amp;uacute;ltiple que &amp;eacute;l llam&amp;oacute; "prueba de selecci&amp;oacute;n" y que reparti&amp;oacute; entre los ansiosos y desorientados aspirantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El llamado sencillo cuestionario, result&amp;oacute; ser en realidad una prueba de conocimientos muy parecida a la que usaban en la Nasa para elegir a sus astronautas, porque ten&amp;iacute;a unas preguntas muy complicadas, as&amp;iacute; que cualquiera las hubiera dejado en blanco, cualquiera que no tuviera mi gran habilidad para seleccionar una respuesta entre varias sin tener que lanzar una moneda. La habilidad la hab&amp;iacute;a usado bastantes veces durante mis ex&amp;aacute;menes de la Universidad y consist&amp;iacute;a en ir cantando &lt;i&gt;"tin mar&amp;iacute;n de do pin g&amp;uuml;e, cucuru , macara, ti ti ri fu&amp;eacute;"&lt;/i&gt; y marcar como cierta la respuesta que coincid&amp;iacute;a con la terminaci&amp;oacute;n de la letra de la profunda canci&amp;oacute;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, aunque yo iba contestando con mucha determinaci&amp;oacute;n las preguntas sencillas y usando el m&amp;eacute;todo arriba descrito para las preguntas dif&amp;iacute;ciles, (lo que me permit&amp;iacute;a avanzar con rapidez), el n&amp;uacute;mero de preguntas se extendi&amp;oacute; mas all&amp;aacute; de mi paciencia, mi tiempo y mi ansiedad; as&amp;iacute; que cuando dieron la orden de recoger, tuve que rellenar las quince preguntas que me restaban con la habilidad que me permit&amp;iacute;a el l&amp;aacute;piz en mi cansada mano, y usando el dif&amp;iacute;cil m&amp;eacute;todo cient&amp;iacute;fico del azar. Recogieron todas las hojas de preguntas y respuestas y quedaron en el sal&amp;oacute;n muchas caras cansadas y con sensaci&amp;oacute;n de derrota, es que con tantos aspirantes y con esa manera de seleccionar quedaban pocas esperanzas de ser llamado a la siguiente prueba, y pocos &amp;aacute;nimos para enfrentarse a la realidad de que no est&amp;aacute;bamos solos en este asunto de buscar nuestros primeros trabajos... trabajos, eso era lo que &amp;iacute;bamos a pasar para conseguir un buen trabajo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haber acudido junto a medio centenar de aspirantes a la prueba de selecci&amp;oacute;n, cuyo extenso cuestionario yo respond&amp;iacute; a conciencia, me fue dando herramientas (ya era hora) para enterarme que no estaba solo en esta b&amp;uacute;squeda de trabajo y que la competencia iba a estar muy re&amp;ntilde;ida. Sin embargo el destino premia a quien persevera y por supuesto a m&amp;iacute;, que siempre he perseverado en los errores, no me iba a dejar sin regalo; as&amp;iacute; que el obsequio no se hizo esperar y me citaron para una segunda prueba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se hab&amp;iacute;a reducido considerablemente la cantidad de aspirantes, s&amp;oacute;lo qued&amp;aacute;bamos unas quince personas a las que al parecer nos iban a efectuar unos nuevos ex&amp;aacute;menes para seguir como en los reinados de belleza, hasta que solamente quedara una terna y escoger all&amp;iacute;, reina, virreina y primera princesa; con la diferencia de que en este concurso solo habr&amp;iacute;a reina, pues despu&amp;eacute;s del primero los dem&amp;aacute;s ser&amp;iacute;an perdedores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablando de reinas, all&amp;iacute; estaba de nuevo la despampanante rubia, la que me hab&amp;iacute;a hecho ver a la altura de las suelas de los zapatos con su acertada respuesta; se la ve&amp;iacute;a serena, tranquila, en contraste con mi persona, pues me sent&amp;iacute;a nervioso, ansioso y con ganas de salir de una vez por todas del famoso examen usando mi ya demostrado m&amp;eacute;todo cient&amp;iacute;fico del azar en las respuestas. Pero el destino te cobra lo que te regala haci&amp;eacute;ndote malas jugadas, resulta que ahora el examen consist&amp;iacute;a en dos partes, una era algo as&amp;iacute; como un test de personalidad, cuyo nombre era como de asteroide intergal&amp;aacute;ctico (16PF) y el otro un cuestionario de motivaci&amp;oacute;n para el trabajo, cuyas siglas formaban un nombre de agencia de noticias (CMT). Obviamente, el m&amp;eacute;todo probado anteriormente no iba a dar resultados en este nuevo escenario y me toc&amp;oacute; asincerarme y hacerme el diagn&amp;oacute;stico cl&amp;iacute;nico psicol&amp;oacute;gico psiqui&amp;aacute;trico, que me hizo sentir como analizado por el mism&amp;iacute;simo Sigmund Freud y varios de sus secuaces. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me preguntaban acerca de gustos, preferencias, formas de hacer, decisiones ante casos espec&amp;iacute;ficos, y lo extra&amp;ntilde;o era que intercalaban las mismas preguntas pero hechas de una manera diferente, como buscando que te reafirmaras en tu respuesta anterior, o que te contradijeras, o te confundieras, o ninguna de las anteriores, o todas las anteriores, o no sabe no responde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termin&amp;eacute; mi autodiagn&amp;oacute;stico sin tener idea de cu&amp;aacute;les deber&amp;iacute;an ser las respuestas correctas, pues todas parec&amp;iacute;an serlo, claro que hab&amp;iacute;a unas que reflejaban la manera como yo las resolver&amp;iacute;a y otras que reflejaban la manera como alguien experto las resolver&amp;iacute;a, as&amp;iacute; que siempre me decid&amp;iacute; por las m&amp;iacute;as, confiado en que si no pasaba estas duras pruebas, de una vez por todas me enviar&amp;iacute;an al hospital mental o cl&amp;iacute;nica de reposo, que me merec&amp;iacute;a.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasada esta dura prueba, quedamos 3 de los candidatos y nos hicieron pasar juntos a entrevista con el Jefe de Personal, yo me sent&amp;eacute; en el borde de la silla que me asignaron, otra joven se sent&amp;oacute; en una silla a mi lado y la despampanante rubia se sent&amp;oacute; a todo el frente del entrevistador, justo a la distancia de un mal pensamiento; pas&amp;oacute; coquetamente su mano sobre su minifalda y cruz&amp;oacute; las piernas... yo solo atin&amp;eacute; a cruzar los dedos. El puesto lo obtuve yo, no supe como&amp;#8230; luego les contar&amp;eacute; como me va en el trabajo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111368207829264595?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111368207829264595/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111368207829264595' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111368207829264595'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111368207829264595'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/historias-de-un-graduado.html' title='Historias de un Graduado'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111352102495207794</id><published>2005-04-14T16:23:00.000-07:00</published><updated>2005-04-14T16:23:44.953-07:00</updated><title type='text'>Bilenio</title><content type='html'>Por: James G. Ballard&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Durante todo el d&amp;iacute;a, y a menudo en las primeras horas de la ma&amp;ntilde;ana, se o&amp;iacute;a el ruido de los pasos que sub&amp;iacute;an y bajaban por la escalera. El cub&amp;iacute;culo de Ward hab&amp;iacute;a sido instalado en un cuarto estrecho, en la curva de la escalera entre el cuarto piso y el quinto, y las paredes de madera terciada se doblaban y cruj&amp;iacute;an con cada paso en las vigas de un ruinoso molino de viento. En los tres &amp;uacute;ltimos pisos de la vieja casa de vecindad viv&amp;iacute;an m&amp;aacute;s de cien personas, y a veces Ward se quedaba despierto hasta las dos o tres de la ma&amp;ntilde;ana, tendido de espaldas en el catre, contando mec&amp;aacute;nicamente el n&amp;uacute;mero de inquilinos que regresaban del estadio cinematogr&amp;aacute;fico nocturno a tres cuadras de distancia. A trav&amp;eacute;s de la ventana alcanzaba a o&amp;iacute;r unos largos fragmentos de di&amp;aacute;logo amplificado que resonaban sobre los techos. El estadio no estaba nunca vac&amp;iacute;o. Durante el d&amp;iacute;a la gr&amp;uacute;a alzaba el vasto cubo de la pantalla, despejando el terreno donde se suceder&amp;iacute;an luego los partidos de f&amp;uacute;tbol y las competencias deportivas. Para la gente que viv&amp;iacute;a alrededor del estadio el estruendo deb&amp;iacute;a de ser insoportable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward, por lo menos, disfrutaba de cierta intimidad. Hac&amp;iacute;a dos meses, antes de venir a vivir a la escalera, hab&amp;iacute;a compartido un cuarto con otros siete en un piso bajo de la calle 755, y la marea incesante que pasaba junto a la ventana le hab&amp;iacute;a dejado un agotamiento cr&amp;oacute;nico. La calle estaba siempre colmada de gente: un clamor interminable de voces y de pies que se arrastraban. Cuando Ward despertaba a las seis y media, y corr&amp;iacute;a a ocupar su sitio en la cola del ba&amp;ntilde;o, las multitudes ya cubr&amp;iacute;an la calle de acera a acera, y los trenes elevados que pasaban sobre las tiendas de enfrente puntuaban el estr&amp;eacute;pito cada medio minuto. Tan pronto como Ward vio el anuncio que describ&amp;iacute;a el cub&amp;iacute;culo decidi&amp;oacute; mudarse, a pesar de lo elevado del alquiler. Como todos se pasaba la mayor parte del tiempo libre examinando los avisos clasificados en los peri&amp;oacute;dicos, cambiando de vivienda por lo menos una vez cada dos meses. Un cub&amp;iacute;culo en una escalera seria con certeza algo privado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el cub&amp;iacute;culo ten&amp;iacute;a tambi&amp;eacute;n sus inconveniencias. La mayor&amp;iacute;a de las noches los compa&amp;ntilde;eros de la biblioteca iban a visitar a Ward, necesitando descansar los codos luego de los apretujones de la sala de lectura. El piso del cub&amp;iacute;culo tenia una superficie de poco m&amp;aacute;s de cuatro metros cuadrados y medio, medio metro cuadrado m&amp;aacute;s del m&amp;aacute;ximo establecido para una persona, los carpinteros hab&amp;iacute;an aprovechado, ilegalmente, el hueco dejado por el tubo de una chimenea empotrada. Esto hab&amp;iacute;a permitido poner una sillita de respaldo recto entre la cama y la puerta, de modo que no era necesario que se sentara m&amp;aacute;s de una persona por vez en la cama. En la mayor parte de los cub&amp;iacute;culos simples el anfitri&amp;oacute;n y el hu&amp;eacute;sped tengan que sentarse en la cama uno al lado del otro, conversando por encima del hombro y cambiando de lugar de cuando en cuando para evitar que se les endureciera el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Has tenido suerte en encontrar este sitio&lt;/i&gt; - no se cansaba de decir Rossiter, el m&amp;aacute;s asiduo de los visitantes. Se reclin&amp;oacute; en la cama se&amp;ntilde;alando el cub&amp;iacute;culo -. &lt;i&gt;Es enorme, una perspectiva que da v&amp;eacute;rtigos. No me sorprender&amp;iacute;a que tuvieras aqu&amp;iacute; cinco metros por lo menos, quiz&amp;aacute; seis.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward mene&amp;oacute; categ&amp;oacute;ricamente la cabeza. Rossiter era su amigo m&amp;aacute;s &amp;iacute;ntimo, pero la b&amp;uacute;squeda de espacio vital hab&amp;iacute;a desarrollado reflejos poderosos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;S&amp;oacute;lo cuatro y medio. Lo he medido cuidadosamente. No hay ninguna duda.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter alz&amp;oacute; una ceja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Me asombras. Tiene que ser el cielo raso entonces.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El manejo de los cielos rasos era un recurso favorito de los propietarios inescrupulosos. E] alquiler se establec&amp;iacute;a a menudo por el &amp;aacute;rea del cielo raso, e inclinando un poco hacia afuera las particiones de madera terciada se incrementaba la superficie del cub&amp;iacute;culo, para beneficio de un presunto inquilino (muchos matrimonios se decid&amp;iacute;an por este motivo a alquilar un cub&amp;iacute;culo simple) o se la reduc&amp;iacute;a temporalmente cuando llegaba alg&amp;uacute;n inspector de casas. Unas marcas de l&amp;aacute;piz limitaban en los cielos rasos las posibles reclamaciones de los inquilinos vecinos. Si alguien no defend&amp;iacute;a firmemente sus derechos corr&amp;iacute;a el peligro de perder la vida literalmente exprimido. En realidad los avisos &amp;laquo;clientela tranquila&amp;raquo; era com&amp;uacute;nmente una invitaci&amp;oacute;n a actos de pirater&amp;iacute;a semejantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;La pared se inclina un poco&lt;/i&gt; - admiti&amp;oacute; Ward -. &lt;i&gt;Unos cuatro grados... Lo comprob&amp;eacute; con una plomada. Pero a&amp;uacute;n queda sitio en las escaleras para que pase la gente.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter sonri&amp;oacute; torciendo la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Por supuesto, John. Qu&amp;eacute; quieres, te tengo envidia. Mi cuarto me est&amp;aacute; volviendo loco.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como todos Rossiter empleaba la palabra &amp;laquo;cuarto&amp;raquo; para describir los cub&amp;iacute;culos min&amp;uacute;sculos, un doloroso recuerdo de los d&amp;iacute;as de cincuenta a&amp;ntilde;os atr&amp;aacute;s cuando la gente viv&amp;iacute;a de veras en un cuarto, a veces, incre&amp;iacute;blemente, en una casa. Los microfilms de los cat&amp;aacute;logos de arquitectura mostraban escenas de museos, salas de concierto y otros edificios p&amp;uacute;blicos, aparentemente muy comunes entonces, a menudo vac&amp;iacute;os, donde dos o tres personas iban de un lado a otro por pasillos y escaleras enormes. El tr&amp;aacute;nsito se mov&amp;iacute;a libremente a lo largo del centro de las calles, y en los barrios m&amp;aacute;s tranquilos era posible encontrar cincuenta metros o m&amp;aacute;s de aceras desiertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, por supuesto, los edificios m&amp;aacute;s viejos hab&amp;iacute;an sido demolidos, y reemplazados por edificios de habitaciones. La vasta sala de banquetes de la Municipalidad hab&amp;iacute;a sido dividida horizontalmente en cuatro cubiertas de centenares de cub&amp;iacute;culos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cuanto a las calles, no hab&amp;iacute;a tr&amp;aacute;nsito de veh&amp;iacute;culos desde hac&amp;iacute;a tiempo. Excepto unas pocas horas antes del alba cuando la gente se apretaba s&amp;oacute;lo en las aceras, las calles estaban continuamente ocupadas por una multitud que se arrastraba lentamente y no pod&amp;iacute;a tener en cuenta los innumerables avisos de &amp;laquo;conserve la izquierda&amp;raquo; suspendidos en el aire, mientras se abr&amp;iacute;a paso a empujones hacia las casas o las oficinas, vistiendo ropas polvorientas y deformes. Muy a menudo ocurr&amp;iacute;an &amp;laquo;embotellamientos&amp;raquo;, cuando el gent&amp;iacute;o se encontraba en una bocacalle, y a veces esto duraba varios d&amp;iacute;as. Dos a&amp;ntilde;os antes Ward hab&amp;iacute;a quedado aprisionado en las afueras del estadio, y durante cuatro d&amp;iacute;as no pudo desprenderse de una jalea gigantesca de veinte mil personas, alimentada por las gentes que dejaban el estadio desde un lado y las que se acercaban del otro. Todo un kil&amp;oacute;metro cuadrado del barrio hab&amp;iacute;a quedado paralizado, y Ward recordaba a&amp;uacute;n v&amp;iacute;vidamente aquella pesadilla: c&amp;oacute;mo hab&amp;iacute;a tenido que esforzarse por mantener el equilibrio mientras la jalea se mov&amp;iacute;a y empujaba. Cuando al fin la polic&amp;iacute;a cerr&amp;oacute; el estadio y dispers&amp;oacute; a la multitud, Ward se arrastr&amp;oacute; a su cub&amp;iacute;culo y durmi&amp;oacute; una semana, el cuerpo cubierto de moretones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;O&amp;iacute; decir que redujeron los espacios disponibles a tres metros y medio&lt;/i&gt; - se&amp;ntilde;al&amp;oacute; Rossiter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward esper&amp;oacute; a que unos inquilinos del sexto piso bajaran la escalera, sosteniendo la puerta para que no se saliera de quicio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Eso dicen siempre&lt;/i&gt; - coment&amp;oacute; -. &lt;i&gt;Recuerdo haber o&amp;iacute;do ese rumor hace diez a&amp;ntilde;os.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;No es un rumor&lt;/i&gt; - admiti&amp;oacute; Rossiter -. &lt;i&gt;Pronto ser&amp;aacute; inevitable. Treinta millones apretujados en esta ciudad, y un mill&amp;oacute;n m&amp;aacute;s cada a&amp;ntilde;o. Ha habido serias discusiones en el Departamento de Vivienda.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward sacudi&amp;oacute; la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Una resoluci&amp;oacute;n dr&amp;aacute;stica de ese tipo es casi imposible. Habr&amp;iacute;a que desmantelar todos los cuartos y clavar de nuevo los tabiques. S&amp;oacute;lo las dificultades administrativas son inimaginables. Nuevos dise&amp;ntilde;os y certificados para millones de cub&amp;iacute;culos, otorgamiento de nuevas licencias, y la redistribuci&amp;oacute;n de todos los inquilinos. Desde la ultima resoluci&amp;oacute;n la mayor parte de los edificios fueron dise&amp;ntilde;ados de acuerdo con un m&amp;oacute;dulo de cuatro metros. No puedes quitarle as&amp;iacute; como as&amp;iacute; medio metro a cada cub&amp;iacute;culo y establecer de ese modo que hay tantos nuevos cub&amp;iacute;culos. Habr&amp;iacute;a algunos de no m&amp;aacute;s de una pulgada de ancho.&lt;/i&gt; - Ward se ri&amp;oacute;. - &lt;i&gt;Adem&amp;aacute;s, &amp;iquest;qui&amp;eacute;n puede vivir en tres metros y medio?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter sonri&amp;oacute;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Te parece un buen argumento? Hace veinticinco a&amp;ntilde;os, en la &amp;uacute;ltima resoluci&amp;oacute;n, dijeron lo mismo, cuando bajaron el m&amp;iacute;nimo de cinco a cuatro. No es posible, dijeron todos, nadie aguantar&amp;iacute;a vivir en cuatro metros. Cabr&amp;iacute;a una cama y un armario pero no habr&amp;iacute;a sitio para abrir la puerta.&lt;/i&gt; - Rossiter cloque&amp;oacute;. - &lt;i&gt;Se equivocaban. Bast&amp;oacute; decidir que desde entonces todas las puertas se abrir&amp;iacute;an hacia afuera. Y as&amp;iacute; nos quedamos con cuatro metros.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward mir&amp;oacute; el reloj pulsera. Eran las siete y media.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Hora de comer. Veamos si podemos llegar al bar de enfrente.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gru&amp;ntilde;endo ante la perspectiva, Rossiter se levant&amp;oacute; de la cama. Salieron del cub&amp;iacute;culo y bajaron por la escalera. Las pilas de valijas, ba&amp;uacute;les y cajones dejaban apenas espacio libre junto al pasamano, pero algo m&amp;aacute;s que en los pisos bajos. Los corredores, bastante anchos, hab&amp;iacute;an sido divididos en cub&amp;iacute;culos simples. Hab&amp;iacute;a olor a cerrado, y en las paredes de cart&amp;oacute;n colgaban ropas h&amp;uacute;medas y despensas improvisadas. En cada una de las cinco habitaciones de cada piso hab&amp;iacute;a doce inquilinos y las voces reverberaban atravesando los tabiques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente estaba sentada en los escalones del segundo piso, utilizando la escalera como vest&amp;iacute;bulo informal, aunque esto estaba prohibido en las normas contra incendios, y las mujeres charlaban con los hombres que esperaban turno frente a los ba&amp;ntilde;os, mientras los ni&amp;ntilde;os se mov&amp;iacute;an alrededor. Cuando llegaron a la planta baja, Ward y Rossiter tuvieron que abrirse paso entre los inquilinos que se apretaban en los &amp;uacute;ltimos escalones, alrededor de los tableros de noticias, o que ven&amp;iacute;an empujando desde la calle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tomando aliento, Ward se&amp;ntilde;al&amp;oacute; el bar del otro lado de la calle. Estaba s&amp;oacute;lo a treinta metros, pero la multitud flu&amp;iacute;a calle abajo como un r&amp;iacute;o crecido, de derecha a izquierda. La primera funci&amp;oacute;n en el estadio comenzaba a las nueve, y la gente ya se hab&amp;iacute;a puesto en camino para no quedarse afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;No podemos ir a otra parte?&lt;/i&gt; - pregunt&amp;oacute; Rossiter, torciendo la cara. No s&amp;oacute;lo encontrar&amp;iacute;an colmado el bar, de modo que pasar&amp;iacute;a media hora antes que los atendieran, sino que la comida era adem&amp;aacute;s insulsa y poco apetecible. El viaje de cuatro cuadras desde la biblioteca le hab&amp;iacute;a abierto el apetito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward se encogi&amp;oacute; de hombros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Hay un sitio en la esquina, pero me parece dif&amp;iacute;cil que podamos llegar.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El bar estaba a doscientos metros calle arriba, y tendr&amp;iacute;an que luchar todo el tiempo contra la corriente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Quiz&amp;aacute; tengas raz&amp;oacute;n.&lt;/i&gt; - Rossiter apoy&amp;oacute; la mano en el hombro de Ward. - &lt;i&gt;Sabes, John, lo que ocurre contigo es que no vas a ninguna parte, no pones inter&amp;eacute;s en nada, y no ves qu&amp;eacute; mal andan las cosas.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward asinti&amp;oacute;. Rossiter ten&amp;iacute;a raz&amp;oacute;n. A la ma&amp;ntilde;ana, cuando sal&amp;iacute;a para la biblioteca, el tr&amp;aacute;nsito de peatones se mov&amp;iacute;a junto con &amp;eacute;l hacia el barrio de oficinas; a la noche, de vuelta, flu&amp;iacute;a en la otra direcci&amp;oacute;n. En general no dejaba esta rutina. Criado desde los diez a&amp;ntilde;os en una residencia municipal de pupilos hab&amp;iacute;a ido perdiendo contacto con sus padres, poco a poco. Viv&amp;iacute;an en el extremo este de la ciudad y no pod&amp;iacute;an ir a visitarlo, o no ten&amp;iacute;an ganas. Habi&amp;eacute;ndose entregado voluntariamente a la din&amp;aacute;mica de la ciudad, Ward se resist&amp;iacute;a a rebelarse en nombre de una mejor taza de caf&amp;eacute;. Por fortuna, el trabajo en la biblioteca lo pon&amp;iacute;a en contacto con mucha gente joven de intereses afines. Tarde o temprano se casar&amp;iacute;a, encontrar&amp;iacute;a un cub&amp;iacute;culo doble cerca de la biblioteca, e iniciar&amp;iacute;a otra vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si ten&amp;iacute;an bastantes hijos (tres era el m&amp;iacute;nimo requerido) hasta podr&amp;iacute;an vivir un d&amp;iacute;a en un cuarto propio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward y Rossiter entraron en la corriente de peatones, se dejaron llevar unos veinte o treinta metros, y luego apresuraron el paso y fueron avanzando de costado a trav&amp;eacute;s de la multitud, hasta llegar al otro lado de la calle. All&amp;iacute;, al amparo de los frentes de las tiendas, volvieron hacia el bar, cruzados de brazos para defenderse de las innumerables colisiones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Cu&amp;aacute;les son las &amp;uacute;ltimas cifras de poblaci&amp;oacute;n?&lt;/i&gt; - pregunt&amp;oacute; Ward mientras bordeaban un kiosco de cigarrillos, dando un paso adelante cada vez que descubr&amp;iacute;an un hueco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter sonri&amp;oacute;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Lo siento, John. Me gustar&amp;iacute;a dec&amp;iacute;rtelo, pero podr&amp;iacute;as desencadenar una estampida. Adem&amp;aacute;s, no me creer&amp;iacute;as.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter trabajaba en el departamento municipal de seguros, y ten&amp;iacute;a f&amp;aacute;cil acceso a las estad&amp;iacute;sticas del censo. Durante los &amp;uacute;ltimos diez a&amp;ntilde;os estas estad&amp;iacute;sticas hab&amp;iacute;an sido clasificadas como secretas, en parte porque se consideraban inexactas, pero sobre todo porque se tem&amp;iacute;a que provocaran un ataque masivo de claustrofobia. Ya hab&amp;iacute;an sobrevenido algunas crisis de p&amp;aacute;nico, y la pol&amp;iacute;tica oficial era ahora declarar que la poblaci&amp;oacute;n mundial hab&amp;iacute;a llegado a un nivel estable de veinte mil millones. Nadie lo cre&amp;iacute;a, y Ward pensaba que el crecimiento anual del tres por ciento segu&amp;iacute;a manteni&amp;eacute;ndose desde 1960.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante cu&amp;aacute;nto tiempo se mantendr&amp;iacute;a as&amp;iacute; era imposible decirlo. A pesar de las sombr&amp;iacute;as profec&amp;iacute;as de los neomaltusianos, la agricultura hab&amp;iacute;a crecido adecuadamente junto con la poblaci&amp;oacute;n mundial, aunque los cultivos intensivos hab&amp;iacute;an obligado a que el noventa y cinco por ciento de la poblaci&amp;oacute;n viviera permanentemente encerrada en vastas zonas urbanas. El &amp;aacute;rea de las ciudades hab&amp;iacute;a sido limitada al fin, pues la agricultura hab&amp;iacute;a reclamado las superficies suburbanas de todo el mundo, y el exceso de habitantes hab&amp;iacute;a sido confinado en los ghettos urbanos. El campo como tal ya no exist&amp;iacute;a. En cada metro cuadrado de tierra crec&amp;iacute;a alg&amp;uacute;n tipo de planta comestible. Los prados y praderas del mundo eran ahora terrenos industriales tan mecanizados y cerrados al p&amp;uacute;blico como cualquier &amp;aacute;rea de f&amp;aacute;bricas. Las rivalidades econ&amp;oacute;micas e ideol&amp;oacute;gicas se hab&amp;iacute;an desvanecido ante el problema fundamental: la colonizaci&amp;oacute;n interna de la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward y Rossiter llegaron al bar y entraron a empellones uni&amp;eacute;ndose al mont&amp;oacute;n de clientes que se apretaba en seis filas contra el mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Lo malo con este problema de la poblaci&amp;oacute;n&lt;/i&gt; - le confi&amp;oacute; Ward a Rossiter - &lt;i&gt;es que nadie ha tratado nunca de enfrentarlo de veras. Hace cincuenta a&amp;ntilde;os un nacionalismo miope y la expansi&amp;oacute;n industrial alentaron el crecimiento de la poblaci&amp;oacute;n, y aun ahora el incentivo oculto es tener una familia numerosa para ganar as&amp;iacute; una cierta intimidad. La gente soltera es la m&amp;aacute;s castigada, pues no s&amp;oacute;lo es la m&amp;aacute;s numerosa sino que adem&amp;aacute;s no se la puede meter adecuadamente en cub&amp;iacute;culos dobles o triples. Pero el villano de la historia es la familia numerosa, que necesita el auxilio de una log&amp;iacute;stica de ahorro de espacio.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter asinti&amp;oacute;, acerc&amp;aacute;ndose al mostrador, preparado para gritar su pedido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Demasiado cierto. Todos deseamos casarnos para conseguir los seis metros propios.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dos muchachas se volvieron y sonrieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Seis metros cuadrados&lt;/i&gt; - dijo una de ellas, una muchacha morena, de bonito rostro oval -. &lt;i&gt;Me parece que es usted la clase de joven que necesito conocer. &amp;iquest;Decidido a entrar en el negocio inmobiliario, Peter?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter sonri&amp;oacute; con una mueca y le apret&amp;oacute; el brazo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Hola, Judith. Estoy pens&amp;aacute;ndolo de veras. &amp;iquest;Me acompa&amp;ntilde;as en esta empresa privada?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La muchacha se apoy&amp;oacute; contra Rossiter mientras llegaban al mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Bueno, me agradar&amp;iacute;a. Necesitar&amp;iacute;amos un contrato legal, sin embargo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra muchacha, Helen Waring, una ayudanta de la biblioteca, tir&amp;oacute; de la manga de Ward.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;O&amp;iacute;ste la &amp;uacute;ltima noticia, John? A Judith y a m&amp;iacute; nos echaron del cuarto. Estamos literalmente en la calle.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute;?&lt;/i&gt; - grit&amp;oacute; Rossiter. Juntaron las sopas y los caf&amp;eacute;s y fueron al fondo del bar -. &lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute; diablos ha pasado?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helen explic&amp;oacute;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Recuerdas el armarito de las escobas frente a nuestro cuarto? Judith y yo est&amp;aacute;bamos utiliz&amp;aacute;ndolo como una especie de refugio, y nos met&amp;iacute;amos all&amp;iacute; a leer. Es tranquilo y c&amp;oacute;modo, si te acostumbras a no respirar. Bueno, la vieja nos descubri&amp;oacute; y arm&amp;oacute; un alboroto, diciendo que quebrant&amp;aacute;bamos la ley y cosas parecidas.&lt;/i&gt; - Helen hizo una pausa. - &lt;i&gt;Luego supimos que alquilar&amp;aacute; el armario como cuarto para uno.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter golpe&amp;oacute; el borde del mostrador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Un armario de escobas? &amp;iquest;Alguien va a vivir ah&amp;iacute;? Pero a la vieja no le dar&amp;aacute;n un permiso.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Judith mene&amp;oacute; la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Ya se lo dieron. Tiene un hermano que trabaja en el Departamento de Vivienda.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward ri&amp;oacute; inclinado sobre la sopa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Pero c&amp;oacute;mo podr&amp;aacute; alquilarlo? Nadie querr&amp;aacute; vivir en un armario de escobas.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Judith lo mir&amp;oacute; sombr&amp;iacute;amente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Lo crees de veras, John?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward dej&amp;oacute; caer la cuchara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;No, supongo que tienes raz&amp;oacute;n. La gente vivir&amp;aacute; en cualquier sitio. Cielos, no s&amp;eacute; qui&amp;eacute;n me da m&amp;aacute;s l&amp;aacute;stima. Vosotras dos, o el pobre diablo que vivir&amp;aacute; en ese armario. &amp;iquest;Qu&amp;eacute; vais a hacer?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Una pareja a dos manzanas de aqu&amp;iacute; nos subalquilan un cub&amp;iacute;culo. Han colgado una s&amp;aacute;bana en el medio y Helen y yo dormimos por turno en un catre de campa&amp;ntilde;a. No es broma; nuestro cuarto tiene sesenta cent&amp;iacute;metros de ancho.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Le dije a Helen que podr&amp;iacute;amos subdividirlo tambi&amp;eacute;n en dos y subalquilarlo al doble de lo que nos cuesta.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos rieron de buena gana, y Ward se despidi&amp;oacute; y volvi&amp;oacute; a su casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;All&amp;iacute; se encontr&amp;oacute; con problemas parecidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El administrador se apoy&amp;oacute; en la puerta endeble, moviendo en la boca una colilla h&amp;uacute;meda de cigarro, y mirando a Ward con una expresi&amp;oacute;n de fatigado aburrimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Usted tiene cuatro metros setenta y dos&lt;/i&gt; - dijo cerr&amp;aacute;ndole el paso a Ward que estaba de pie en la escalera. Dos mujeres de bata discut&amp;iacute;an tironeando furiosamente de la pared de ba&amp;uacute;les y valijas. De cuando en cuando el administrador las miraba enojado -. &lt;i&gt;Cuatro setenta y dos. Lo med&amp;iacute; dos veces.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo dijo como si esto eliminara toda posibilidad de discusi&amp;oacute;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Techo o piso?&lt;/i&gt; - pregunt&amp;oacute; Ward.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Techo, por supuesto. &amp;iquest;C&amp;oacute;mo podr&amp;iacute;a medir el piso con todos estos trastos?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El administrador pate&amp;oacute; la caja de libros que asomaba debajo de la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward se hizo el distra&amp;iacute;do.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;La pared est&amp;aacute; bastante inclinada&lt;/i&gt; - dijo -. &lt;i&gt;Tres o cuatro grados por lo menos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El administrador asinti&amp;oacute; vagamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Ha superado usted el l&amp;iacute;mite de los cuatro. Es indiscutible.&lt;/i&gt; - Se volvi&amp;oacute; hacia Ward que hab&amp;iacute;a descendido varios escalones para dar paso a una pareja. - &lt;i&gt;Yo podr&amp;iacute;a alquilarlo como doble.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute;? &amp;iquest;Un cuarto de cuatro y medio?&lt;/i&gt; - dijo Ward, incr&amp;eacute;dulo -. &lt;i&gt;&amp;iquest;C&amp;oacute;mo?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre que acababa de pasar junto a Ward mir&amp;oacute; por encima del hombro del administrador y vio todos los detalles del cuarto en una ojeada de un segundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Alquila aqu&amp;iacute; un doble, Louie?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El administrador lo apart&amp;oacute; con un adem&amp;aacute;n, hizo entrar a Ward en el cuarto y cerr&amp;oacute; la puerta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Equivale nominalmente a uno de cinco&lt;/i&gt; - le dijo a Ward -. &lt;i&gt;Nuevas normas, acaban de salir. M&amp;aacute;s de cuatro y medio es ahora un doble.&lt;/i&gt; - Mir&amp;oacute; astutamente a Ward. - &lt;i&gt;Bueno, &amp;iquest;qu&amp;eacute; quiere? Un buen cuarto, hay espacio de sobra, casi podr&amp;iacute;a ser un triple. Tiene acceso a la escalera, ranura - ventana...&lt;/i&gt; - El administrador se interrumpi&amp;oacute;. Ward se hab&amp;iacute;a dejado caer en la cama y se hab&amp;iacute;a echado a re&amp;iacute;r. - &lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute; pasa? Mire, si quiere un cuarto grande como este tiene que pagarlo. Me da medio alquiler m&amp;aacute;s o se larga de aqu&amp;iacute;.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward se sec&amp;oacute; los ojos, luego se incorpor&amp;oacute; cansadamente y llev&amp;oacute; las manos a los estantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Tranquil&amp;iacute;cese, ya me marcho. Me voy a vivir a un armario de escobas. &amp;laquo;Acceso a la escalera&amp;raquo;, verdaderamente un lujo. D&amp;iacute;game, Louie, &amp;iquest;hay vida en Urano?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por un tiempo, &amp;eacute;l y Rossiter decidieron alquilar juntos un cub&amp;iacute;culo doble en una casa semiabandonada a cien metros de la biblioteca. El barrio era sucio y descolorido, y las casas de vecindad estaban atestadas de inquilinos. La mayor&amp;iacute;a de esas casas pertenec&amp;iacute;an a personas que estaban ausentes o a la corporaci&amp;oacute;n municipal, y empleaban a administradores de la peor cala&amp;ntilde;a, simples cobradores que no se preocupaban en lo m&amp;aacute;s m&amp;iacute;nimo por la forma en que los inquilinos divid&amp;iacute;an el espacio vital, y nunca se arriesgaban m&amp;aacute;s all&amp;aacute; de los primeros pisos. Hab&amp;iacute;a botellas y latas vac&amp;iacute;as esparcidas por los pasillos, y los retretes parec&amp;iacute;an sumideros. Muchos de los inquilinos eran viejos achacosos, sentados con indiferencia en los estrechos cub&amp;iacute;culos, espalda contra espalda a los lados de los delgados tabiques, consol&amp;aacute;ndose mutuamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cub&amp;iacute;culo doble de Ward y Rossiter estaba en el tercer piso, al final de un pasillo que rodeaba la casa. La arquitectura era imposible de seguir; por todas partes asomaban habitaciones, y afortunadamente el pasillo terminaba en el cub&amp;iacute;culo doble. Los montones de cajas llegaban a un metro de la pared y un tabique divid&amp;iacute;a el cub&amp;iacute;culo, dejando el espacio justo para dos camas. Una ventana alta daba al pozo de aire entre ese edificio y el siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tendido en la cama, debajo del estante donde ten&amp;iacute;an las pertenencias de los dos, Ward observaba pensativo el techo de la biblioteca entre la bruma del atardecer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;No se est&amp;aacute; mal aqu&amp;iacute;&lt;/i&gt; - dijo Rossiter, vaciando la valija -. &lt;i&gt;S&amp;eacute; que no hay una verdadera intimidad y que nos enloqueceremos mutuamente dentro de una semana, pero por lo menos no tenemos a seis personas respir&amp;aacute;ndonos en las orejas a cincuenta cent&amp;iacute;metros de distancia.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cub&amp;iacute;culo m&amp;aacute;s cercano, uno individual, hab&amp;iacute;a sido construido con cajas a lo largo del corredor, a media docena de pasos, pero el ocupante, un hombre de setenta a&amp;ntilde;os, estaba postrado en cama y era sordo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;No se est&amp;aacute; mal&lt;/i&gt; - remed&amp;oacute; Ward de mala gana -. &lt;i&gt;Ahora dime cu&amp;aacute;l es el &amp;uacute;ltimo &amp;iacute;ndice de - crecimiento demogr&amp;aacute;fico. Quiz&amp;aacute; me consuele.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter hizo una pausa, bajando la voz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;El cuatro por ciento. Ochocientos millones de personas por a&amp;ntilde;o, poco menos que la poblaci&amp;oacute;n total de la tierra en 1950.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward silb&amp;oacute; lentamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Entonces har&amp;aacute;n un reajuste. &amp;iquest;Cu&amp;aacute;nto? &amp;iquest;Tres y medio?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Tres. Desde los primeros d&amp;iacute;as del a&amp;ntilde;o pr&amp;oacute;ximo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iexcl;Tres metros cuadrados!&lt;/i&gt; - Ward se incorpor&amp;oacute; y mir&amp;oacute; alrededor. - &lt;i&gt;&amp;iexcl;Es incre&amp;iacute;ble! El mundo est&amp;aacute; enloqueciendo, Rossiter. Dios m&amp;iacute;o, &amp;iquest;cu&amp;aacute;ndo parar&amp;aacute;n? &amp;iquest;Te das cuenta que dentro de poco no habr&amp;aacute; sitio para sentarse, y mucho menos para acostarse?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Exacerbado, golpe&amp;oacute; la pared junto a &amp;eacute;l; al segundo golpe desprendi&amp;oacute; un peque&amp;ntilde;o tablero empapelado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iexcl;Eh!&lt;/i&gt; - grit&amp;oacute; Rossiter -. &lt;i&gt;Est&amp;aacute;s destrozando el cuarto.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se lanz&amp;oacute; por encima de la cama para volver a poner en su sitio el tablero que colgaba ahora de una tira de papel. Ward desliz&amp;oacute; la mano en el hueco negro, y cuidadosamente tir&amp;oacute; del tablero hacia la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Qui&amp;eacute;n vivir&amp;aacute; del otro lado?&lt;/i&gt; - susurr&amp;oacute; Rossiter -. &lt;i&gt;&amp;iquest;Habr&amp;aacute;n o&amp;iacute;do?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward atisb&amp;oacute; por el hueco, examinando la penumbra. De pronto solt&amp;oacute; el tablero, tom&amp;oacute; a Rossiter por el hombro y tir&amp;oacute; de &amp;eacute;l hacia la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iexcl;Henry! &amp;iexcl;Mira!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter se sac&amp;oacute; la mano de Ward de encima y acerc&amp;oacute; la cara a la abertura; enfoc&amp;oacute; lentamente la mirada y luego ahog&amp;oacute; una exclamaci&amp;oacute;n.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Directamente delante de ellos, apenas iluminado por un tragaluz sucio, se abr&amp;iacute;a un cuarto mediano, tal vez de una superficie de cuatro metros y medio, donde no hab&amp;iacute;a otra cosa que el polvo acumulado contra el z&amp;oacute;calo. El piso estaba desnudo, atravesado por unas pocas rayas de lin&amp;oacute;leo gastado; un dise&amp;ntilde;o floral mon&amp;oacute;tono cubr&amp;iacute;a las paredes. El papel se hab&amp;iacute;a despegado en algunos sitios, pero fuera de eso el cuarto parec&amp;iacute;a habitable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conteniendo la respiraci&amp;oacute;n, Ward cerr&amp;oacute; con un pie la puerta del cub&amp;iacute;culo, y luego se volvi&amp;oacute; hacia Rossiter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Henry, &amp;iquest;te das cuenta de lo que hemos descubierto? &amp;iquest;Te das cuenta, hombre?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;C&amp;aacute;llate. Por el amor de Dios, baja la voz.&lt;/i&gt; - Rossiter examin&amp;oacute; el cuarto cuidadosamente. - &lt;i&gt;Es fant&amp;aacute;stico. Estoy tratando de ver si alguien lo ha usado en los &amp;uacute;ltimos tiempos.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Desde luego que no&lt;/i&gt; - se&amp;ntilde;al&amp;oacute; Ward -. &lt;i&gt;Es evidente. Ese cuarto no tiene puerta. La puerta es donde nosotros estamos ahora. Seguramente la taparon con el tablero hace a&amp;ntilde;os, y se olvidaron. Mira cu&amp;aacute;nta suciedad.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter contemplaba el cuarto, y aquella inmensidad le produc&amp;iacute;a v&amp;eacute;rtigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Tienes raz&amp;oacute;n&lt;/i&gt; - murmur&amp;oacute; -. &lt;i&gt;Bueno, &amp;iquest;cu&amp;aacute;ndo nos mudamos?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Arrancaron uno por uno los tableros de la parte inferior de la puerta, y los clavaron en un marco, que pod&amp;iacute;an sacar y poner r&amp;aacute;pidamente, disimulando la entrada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego escogieron una tarde en que la casa estaba pr&amp;aacute;cticamente vac&amp;iacute;a y el administrador dormido en la oficina del subsuelo, e irrumpieron por primera vez en el cuarto; entr&amp;oacute; Ward solo mientras Rossiter montaba guardia en el cub&amp;iacute;culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante una hora se turnaron, caminando silenciosamente por el cuarto polvoriento, estirando los brazos para sentir aquel vac&amp;iacute;o ilimitado, descubriendo la sensaci&amp;oacute;n de una libertad espacial absoluta. Aunque m&amp;aacute;s reducido que la mayor&amp;iacute;a de los cuartos subdivididos donde hab&amp;iacute;an vivido antes &amp;eacute;ste parec&amp;iacute;a infinitamente mayor, las paredes unos acantilados inmensos que sub&amp;iacute;an hacia el tragaluz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Finalmente, dos o tres d&amp;iacute;as despu&amp;eacute;s, se mudaron al nuevo cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante la primera semana Rossiter durmi&amp;oacute; solo all&amp;iacute;, y Ward en el cub&amp;iacute;culo, donde pasaban el d&amp;iacute;a entero juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poco a poco fueron introduciendo algunos muebles: dos sillones, una mesa, una l&amp;aacute;mpara que conectaron al portal&amp;aacute;mparas del cub&amp;iacute;culo. Los muebles eran pesados y victorianos, los m&amp;aacute;s baratos que encontraron, y su tama&amp;ntilde;o acentuaba el vac&amp;iacute;o de la habitaci&amp;oacute;n. El orgullo principal era un enorme armario de caoba, con &amp;aacute;ngeles tallados y espejos encastillados, que tuvieron que desarmar y llevar a pedazos en las valijas. Se elevaba ahora junto a ellos, y a Ward le recordaba unos microfilms de catedrales g&amp;oacute;ticas, - unos &amp;oacute;rganos inmensos que cubr&amp;iacute;an paredes de naves.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de tres semanas dorm&amp;iacute;an los dos en el cuarto, el cub&amp;iacute;culo les parec&amp;iacute;a insoportablemente estrecho. Una imitaci&amp;oacute;n de biombo japon&amp;eacute;s divid&amp;iacute;a adecuadamente el cuarto, sin quitarle espacio. Sentado all&amp;iacute; a las tardes, rodeado de libros y &amp;aacute;lbumes, Ward iba olvidando poco a poco la ciudad de all&amp;aacute; afuera. Afortunadamente llegaba a la biblioteca por un callej&amp;oacute;n escondido y evitaba as&amp;iacute; las calles atestadas. Rossiter y &amp;eacute;l mismo le comenzaron a parecer las dos &amp;uacute;nicas personas reales, todos los dem&amp;aacute;s un inane producto lateral, r&amp;eacute;plicas casuales que ambulaban ahora por el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue Rossiter quien sugiri&amp;oacute; pedirles a las dos muchachas que compartiesen el cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Las han vuelto a echar, y quiz&amp;aacute; tengan que separarse&lt;/i&gt; - le dijo a Ward, evidentemente preocupado de que Judith cayese en mala compa&amp;ntilde;&amp;iacute;a -. &lt;i&gt;Siempre hay congelaci&amp;oacute;n de alquileres despu&amp;eacute;s de una reevaluaci&amp;oacute;n, pero todos los propietarios lo saben y entonces no alquilan hasta que les conviene. Se est&amp;aacute; volviendo muy dif&amp;iacute;cil encontrar sitio.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward asinti&amp;oacute;, y fue al otro lado de la mesa circular de madera roja. Se puso a jugar con una borla de la pantalla verde ars&amp;eacute;nico de la l&amp;aacute;mpara, y por un momento se sinti&amp;oacute; como un hombre de letras victoriano que llevaba una vida c&amp;oacute;moda y espaciosa en una sala atestada de muebles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Estoy totalmente de acuerdo&lt;/i&gt; - dijo, se&amp;ntilde;alando los rincones vac&amp;iacute;os -. &lt;i&gt;Hay sitio de sobra aqu&amp;iacute;. Pero tendremos que asegurarnos de que no se les escapar&amp;aacute; una palabra.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de tomar las debidas precauciones, hicieron participar del secreto a las dos muchachas, que contemplaron embelesadas aquel universo privado. - &lt;i&gt;Pondremos un tabique en el medio&lt;/i&gt; - explic&amp;oacute; Rossiter -, &lt;i&gt;y lo sacaremos todas las ma&amp;ntilde;anas. Podr&amp;aacute;n mudarse aqu&amp;iacute; en un par de d&amp;iacute;as. &amp;iquest;Qu&amp;eacute; les parece?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iexcl;Maravilloso!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las j&amp;oacute;venes miraron el armario con ojos muy abiertos, y bizquearon ante las infinitas im&amp;aacute;genes reflejadas en los espejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No tuvieron dificultades para entrar y salir. El movimiento de inquilinos era continuo y las facturas las pon&amp;iacute;an en el buz&amp;oacute;n. A nadie le import&amp;oacute; qui&amp;eacute;nes eran las muchachas y nadie prest&amp;oacute; atenci&amp;oacute;n a aquellas visitas regulares al cub&amp;iacute;culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, media hora despu&amp;eacute;s de la llegada, ninguna de las muchachas hab&amp;iacute;a vaciado las valijas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;&amp;iquest;Qu&amp;eacute; pasa, Judith?&lt;/i&gt; - pregunt&amp;oacute; Ward, caminando de lado entre las camas de las j&amp;oacute;venes hasta el estrecho hueco entre la mesa y el armario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Judith vacil&amp;oacute;, mirando a Ward y luego a Rossiter, que estaba sentado en su cama, terminando de preparar el tabique de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;John, lo que pasa es que...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helen Waring, m&amp;aacute;s directa, tom&amp;oacute; la palabra, mientras alisaba el cubrecama con los dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Lo que Judith est&amp;aacute; tratando de decir es que nuestra posici&amp;oacute;n aqu&amp;iacute; es un poco embarazosa. El tabique es...&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter se puso de pie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Por amor de Dios, Helen, no te preocupes&lt;/i&gt; - la tranquiliz&amp;oacute;, hablando en aquella especie de susurro fuerte que todos hab&amp;iacute;an cultivado sin darse cuenta -. &lt;i&gt;Nada de cosas raras, pod&amp;eacute;is confiar en nosotros. El tabique es s&amp;oacute;lido como una roca.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las dos muchachas asintieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;S&amp;iacute;&lt;/i&gt; - explic&amp;oacute; Helen -, &lt;i&gt;pero no est&amp;aacute; puesto todo el tiempo. Pensamos que si hubiera aqu&amp;iacute; una persona mayor, por ejemplo la t&amp;iacute;a de Judith, que no ocupar&amp;iacute;a mucho espacio y no causar&amp;iacute;a ninguna molestia porque es muy agradable, no tendr&amp;iacute;amos que preocuparnos del tabique... m&amp;aacute;s que a la noche&lt;/i&gt; - agreg&amp;oacute; r&amp;aacute;pidamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward lanz&amp;oacute; una mirada a Rossiter, que se encogi&amp;oacute; de hombros y se puso a estudiar el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Bueno, es una soluci&amp;oacute;n&lt;/i&gt; - dijo Rossiter -. &lt;i&gt;John y yo sabemos c&amp;oacute;mo se sienten. &amp;iquest;Por qu&amp;eacute; no?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;S&amp;iacute;, claro&lt;/i&gt; - coincidi&amp;oacute; Ward. Se&amp;ntilde;al&amp;oacute; el espacio entre las camas de las muchachas y la mesa -. &lt;i&gt;Uno m&amp;aacute;s no se notar&amp;aacute;.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las muchachas estallaron en gritos de alegr&amp;iacute;a. Judith se acerc&amp;oacute; a Rossiter y lo bes&amp;oacute; en la mejilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Perd&amp;oacute;name que sea tan pesada, Henry.&lt;/i&gt; - Judith sonri&amp;oacute;. - &lt;i&gt;Qu&amp;eacute; tabique m&amp;aacute;s maravilloso has hecho. &amp;iquest;No podr&amp;iacute;as hacer otro para mi t&amp;iacute;a, uno peque&amp;ntilde;o? Es muy dulce pero se est&amp;aacute; volviendo vieja.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Naturalmente&lt;/i&gt; - dijo Rossiter -. &lt;i&gt;Te entiendo. Me queda madera de sobra.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward mir&amp;oacute; el reloj. - &lt;i&gt;Son las siete y media, Judith. Deber&amp;iacute;as ponerte en contacto con tu t&amp;iacute;a. No s&amp;eacute; si tendr&amp;aacute; tiempo de llegar esta noche.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Judith se aboton&amp;oacute; el abrigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Oh, s&amp;iacute;&lt;/i&gt; - le asegur&amp;oacute; a Ward -. &lt;i&gt;Volver&amp;eacute; en un instante.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La t&amp;iacute;a lleg&amp;oacute; a los cinco minutos, con tres pesadas valijas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Es asombroso&lt;/i&gt; - observ&amp;oacute; Ward a Rossiter tres meses despu&amp;eacute;s -. &lt;i&gt;El tama&amp;ntilde;o de este cuarto todav&amp;iacute;a me produce v&amp;eacute;rtigos. Es casi m&amp;aacute;s grande cada d&amp;iacute;a que pasa.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter asinti&amp;oacute; r&amp;aacute;pidamente, evitando mirar a una de las muchachas que se estaba cambiando detr&amp;aacute;s del tabique central. Ahora nunca sacaban ese tabique, porque desarmarlo todos los d&amp;iacute;as se hab&amp;iacute;a vuelto pesado. Adem&amp;aacute;s, el tabique secundario de la t&amp;iacute;a estaba pegado a ese, y a ella no le gustaba que la molestasen. Asegurarse de que entrara y saliera correctamente por la puerta camuflada ya era bastante dif&amp;iacute;cil.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de eso parec&amp;iacute;a improbable que los descubriesen. Evidentemente el cuarto hab&amp;iacute;a sido un agregado construido sobre el pozo central del edificio, y las valijas apiladas en el pasillo circundante amortiguaban todos los ruidos. Directamente debajo hab&amp;iacute;a un peque&amp;ntilde;o dormitorio ocupado por varias mujeres mayores, y la t&amp;iacute;a de Judith, que las visitaba regularmente, juraba que no o&amp;iacute;a ning&amp;uacute;n sonido a trav&amp;eacute;s del grueso cielo raso. Arriba, la luz que sal&amp;iacute;a por el tragaluz no se pod&amp;iacute;a distinguir de los otros cientos de l&amp;aacute;mparas encendidas en las ventanas de la casa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter termin&amp;oacute; de preparar el nuevo tabique y lo levant&amp;oacute; entre su cama y la de Ward, ajust&amp;aacute;ndolo en las ranuras de la pared. Hab&amp;iacute;an coincidido en que eso les dar&amp;iacute;a un poco m&amp;aacute;s de intimidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Seguramente tendr&amp;eacute; que hacerles uno a Judith y Helen&lt;/i&gt; - le confi&amp;oacute; a Ward.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward se acomod&amp;oacute; la almohada. Hab&amp;iacute;an devuelto los dos sillones a la muebler&amp;iacute;a porque ocupaban demasiado espacio. La cama, en cualquier caso, era m&amp;aacute;s c&amp;oacute;moda. Nunca se hab&amp;iacute;a acostumbrado del todo a la tapicer&amp;iacute;a blanda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;No es mala idea. &amp;iquest;Y qu&amp;eacute; te parece si instal&amp;aacute;ramos unos estantes en las paredes? No hay sitio donde poner algo.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La instalaci&amp;oacute;n de los estantes orden&amp;oacute; considerablemente el cuarto, despejando grandes zonas del piso. Separadas por los tabiques, las cinco camas estaban dispuestas en fila a lo largo de la pared del fondo, mirando al armario de caoba. Entre las camas y el armario hab&amp;iacute;a un espacio libre de poco m&amp;aacute;s de un metro, y dos metros a cada lado del armario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La visi&amp;oacute;n de tanto espacio fascinaba a Ward. Cuando Rossiter coment&amp;oacute; que la madre de Helen estaba enferma y que necesitaba urgente cuidado personal, &amp;eacute;l supo en seguida d&amp;oacute;nde podr&amp;iacute;an ponerla: al pie de su propia cama, entre el armario y la pared lateral.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Helen rebosaba de alegr&amp;iacute;a.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Eres tan bueno, John&lt;/i&gt; - le dijo -; &lt;i&gt;pero, &amp;iquest;te importar&amp;iacute;a que mam&amp;aacute; durmiese a mi lado? Hay espacio suficiente para meter otra cama.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter desarm&amp;oacute; los tabiques y los puso m&amp;aacute;s juntos. Ahora hab&amp;iacute;a seis camas a lo largo de la pared. Eso daba a cada cama un intervalo de unos setenta y cinco cent&amp;iacute;metros, lo justo para sacar los pies por el costado. Tendido boca arriba en la &amp;uacute;ltima cama de la derecha, los estantes a medio metro por encima de la cabeza, Ward casi no pod&amp;iacute;a ver el armario, pero nada interrump&amp;iacute;a el espacio que ten&amp;iacute;a delante, unos dos metros hasta la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces lleg&amp;oacute; el padre de Helen.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward golpe&amp;oacute; en la puerta del cub&amp;iacute;culo y le sonri&amp;oacute; a la t&amp;iacute;a de Judith mientras ella lo hac&amp;iacute;a pasar. La ayud&amp;oacute; a poner en su sitio la cama que guardaba la entrada, y luego llam&amp;oacute; en el panel de madera. Un momento despu&amp;eacute;s el padre de Helen, un hombre peque&amp;ntilde;o y canoso, de camiseta y tirantes sujetos con un cordel a los pantalones, apart&amp;oacute; la madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward lo salud&amp;oacute; con una inclinaci&amp;oacute;n de cabeza y camin&amp;oacute; por encima de las pilas de valijas que hab&amp;iacute;a en el suelo, al pie de las camas. Helen estaba en el cub&amp;iacute;culo materno, ayudando a la anciana a tomar el caldo de la tarde. Rossiter, arrodillado junto al armario, transpiraba copiosamente tratando de sacar con una palanca de hierro el marco del espejo central. Sobre la cama y en el suelo hab&amp;iacute;a pedazos del armario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Tendremos que empezar a sacar todo esto ma&amp;ntilde;ana&lt;/i&gt; - le dijo Rossiter. Ward esper&amp;oacute; a que el padre de Helen pasara y entrara en su cub&amp;iacute;culo. Se hab&amp;iacute;a fabricado una peque&amp;ntilde;a puerta de cart&amp;oacute;n, y la cerraba por dentro con un tosco gancho de alambre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rossiter lo mir&amp;oacute; y arrug&amp;oacute; el ce&amp;ntilde;o, furioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Alguna gente es feliz. Este armario da un trabajo enorme. &amp;iquest;C&amp;oacute;mo se nos habr&amp;aacute; ocurrido comprarlo?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward se sent&amp;oacute; en la cama. El tabique le apretaba las rodillas y casi no pod&amp;iacute;a moverse. Mir&amp;oacute; hacia arriba mientras Rossiter estaba ocupado y descubri&amp;oacute; que la l&amp;iacute;nea divisoria que &amp;eacute;l hab&amp;iacute;a marcado a l&amp;aacute;piz estaba tapada por el tabique. Apoy&amp;aacute;ndose en la pared, trat&amp;oacute; de empujarlo y volverlo a su lugar, pero aparentemente Rossiter hab&amp;iacute;a clavado el borde inferior contra el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo un golpe seco en la puerta del cub&amp;iacute;culo que daba al pasillo: Judith que volv&amp;iacute;a de la oficina. Ward comenz&amp;oacute; a levantarse y se sent&amp;oacute; de nuevo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Se&amp;ntilde;or Waring&lt;/i&gt; - dijo suavemente. Era la noche que le tocaba hacer guardia al anciano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Waring se acerc&amp;oacute; a la puerta del cub&amp;iacute;culo arrastrando los pies y la abri&amp;oacute; haciendo bastante ruido, cloqueando entre dientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- &lt;i&gt;Arriba y abajo, arriba y abajo&lt;/i&gt; - murmur&amp;oacute;. Tropez&amp;oacute; con la bolsa de herramientas de Rossiter y lanz&amp;oacute; un juramento en voz alta; luego agreg&amp;oacute; por encima del hombro, de mal humor -: &lt;i&gt;Si me preguntan les dir&amp;eacute; que hay aqu&amp;iacute; demasiadas personas. Abajo hay s&amp;oacute;lo seis, no siete como aqu&amp;iacute;, y en un cuarto del mismo tama&amp;ntilde;o.&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ward asinti&amp;oacute; vagamente y se volvi&amp;oacute; a estirar sobre la cama estrecha, tratando de no golpearse la cabeza contra los estantes. Waring no era el primero en sugerirle que se fuera. La t&amp;iacute;a de Judith le hab&amp;iacute;a hecho una insinuaci&amp;oacute;n similar dos d&amp;iacute;as antes. Desde que hab&amp;iacute;a dejado el empleo de la biblioteca (el alquiler que cobraba a los dem&amp;aacute;s le alcanzaba para comprarse los pocos alimentos que necesitaba) Ward se pasaba la mayor parte del tiempo en el cuarto, viendo al viejo m&amp;aacute;s de lo que deseaba, pero hab&amp;iacute;a aprendido a tolerarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tratando de calmarse, descubri&amp;oacute; que alguien hab&amp;iacute;a desmontado la espira derecha del armario, todo lo que &amp;eacute;l hab&amp;iacute;a podido ver en los dos &amp;uacute;ltimos meses.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hab&amp;iacute;a sido una hermosa pieza, que simbolizaba de alg&amp;uacute;n modo todo ese mundo privado, y el vendedor le hab&amp;iacute;a dicho en la tienda que quedaban pocos muebles como ese. Por un instante Ward sinti&amp;oacute; un repentino espasmo de dolor, como cuando era ni&amp;ntilde;o y el padre le quitaba algo en un arrebato de exasperaci&amp;oacute;n y &amp;eacute;l sab&amp;iacute;a que nunca volver&amp;iacute;a a tenerlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En seguida se tranquiliz&amp;oacute;. Era un hermoso armario, sin duda, pero cuando no estuviese all&amp;iacute; el cuarto parecer&amp;iacute;a todav&amp;iacute;a m&amp;aacute;s grande.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111352102495207794?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111352102495207794/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111352102495207794' title='4 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111352102495207794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111352102495207794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/bilenio.html' title='Bilenio'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111343314889006074</id><published>2005-04-13T15:44:00.000-07:00</published><updated>2005-04-13T15:59:08.900-07:00</updated><title type='text'>Halid Majid el achicharrado</title><content type='html'>Por: Roberto Arlt&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;Una misma historia puede comenzarse a narrar de diferentes modos, y la historia de Enriqueta Dogson y de Dais el Bint Abdalla no cabe sino narrarse de éste: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enriqueta Dogson era una chiflada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la semana de irse a vivir a Tánger se lanzó a la calle vestida de mora estilizada y decorativa. Es decir, calzando chinelas rojas, pantalones amarillos, una especie de abullonada faldacorsé de color verde y el renegrido cabello suelto sobre los hombros, como los de una mujer desesperada. Su salida fue un éxito. Los perros le ladraban alarmados, y todos los granujillas de las fortificaciones del zoco la seguían en manifestación entusiasta. Los cordeleros, sastrecillos y tintoreros abandonaban estupefactos su trabajo para verla pasar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Capitán Silver, que embadurnaba telas de un modo abominable, hizo un retrato de Enriqueta Dogson en esta facha, y para agravar su crimen, situó tras ella dos forajidos ventrudos, cara de luna de betún y labios como rajas de sandía. Semejantes sujetos, vestidos al modo bizantino, podían ser eunucos, verdugos, o sabe Alá qué. Imposible establecer quién era más loco, si el pintor Silver o la millonaria disfrazada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enriqueta Dogson envió el retrato al bufete de su padre, en Nueva York. El viejo Dogson, un hombre razonable, se echó a reír a carcajadas al descubrir a su hija empastelada al modo islámico, y dirigiéndose al doctor Fancy le dijo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;¿De dónde habrá sacado semejante disfraz esta muchacha? Le juro, mi querido doctor, que ni registrando con una linterna todos los países musulmanes descubriremos una sola mujer que se eche a cuestas tal traje. Es absurdo.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho esto, el viejo Dogson meneó la cabeza estupefacto, al tiempo que risueñamente se decía que el disfraz de su hija podía provocar un conflicto internacional. Luego se encogió de hombros. Los hijos servían quizá para eso. Para divertirle a uno con las burradas que perpetraban. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El que no se encogió de hombros fue el anciano Faraj el Bint Abdalla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Faraj el Bint Abdalla estaba amostazado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Tánger no se hacía otra cosa que mormurar el enamoramiento de su hijo Dais con esta extranjera fantasiosa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un amor con una musulmana es el ideal de todo europeo. Una intriga con un árabe, el más glorioso recuerdo que puede llevarse una muchacha occidental. Enriqueta Dogson era consecuente con este punto de vista. Se podían ver fotografías de ella en compañía de Dais el Bint Abdalla. En la orilla del Mediterráneo, sobre las murallas, recostada a lo largo de los antiguos cañones portugueses, con Dais el Bint Abdalla sentado melancólicamente a su lado. También aparecía Enriqueta en el palacio del ex sultán, con el joven Dais a su lado; a la entrada de la mezquita, con el joven Dais sentado a sus pies; en una grada del pórtico, en el zoco, con el joven Dais ofreciéndole un ramo de rosas; bajo un grupo de palmeras, más allá de la "Puerta del Castigo". Aquello era sencillamente delicioso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Realmente, al viejo Faraj el Bint Abdalla no le faltaban razones para andar amostazado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven Dais el Bint Abdalla se había ido enamorando. Secretamente pensaba renunciar a la religión musulmana, en cambiar la chilaba, las babuchas y el fez por un correcto traje europeo y un hongo discreto, y abandonar a su familia para ir en seguimiento de Enriqueta Dogson. Tales disparates pensaba muy secretamente y con temor oscuro, porque no había podido olvidar ciertos versículos del Corán que en su infancia le habían valido buenas tandas de palos en la planta de los pies, y el Corán estaba incrustado en su vida, y no dejaba de comprender que estaba acercando su vida a una peligrosa playa ignorada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo Faraj el Bint Abdalla le vigilaba con los ojos bien abiertos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin pérdida de tiempo le escribió a su corresponsal en la isla de Java, en Bali, y un mes después recibió una respuesta afirmativa. Podía enviar su hijo a Java. Se haría cargo de él su amigo el usurero Hassan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto es que el Corán prohíbe terminantemente la usura; pero esto es con los musulmanes, y el astuto Hassan, en la isla de Java, ejercía la usura no con los musulmanes sino con los infieles, es decir, con los campesinos chinos y budistas. El Corán no prohíbe beneficiarse con la hacienda de los incrédulos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo Faraj, una vez recibida la respuesta de Java, llamó a su hijo Dais a la sala de abluciones de su casa, y sentado frente a él, mientras el joven permanecía respetuosamente de pie, le dijo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Sé que te has enamorado de una perra infiel. ¿Pretendes que la cólera de Alá ruede sobre nuestras cabezas? ¿Sabes tú lo que encierran los sesos de carnero de una mujer extranjera a tu raza y a tu religión? ¿De una mujer que se pasea semidesnuda entre los hombres, mostrándoles sus piernas y su rostro y bebiendo como una mula, no agua, sino licores?&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dais el Bint Abdalla permanecía silencioso, como cuadra a un buen hijo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo Faraj continuó: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Te has enredado como un camello en tus propias cuerdas. ¿Has olvidado la dignidad que te debes a ti mismo y a tu familia y los peligros que encierra para un piadoso creyente el reiterado trato con una mujerzuela oriunda sabe Alá de qué familia? Prepara tu equipaje y apréstate a partir para Java. Irás a trabajar a la casa de mi amigo Hassan, el prestamista. Pero antes de salir, ve a la casa de Hacmet y dile que te haga conocer a su abuelo. Y que su abuelo te muestre su cuerpo desnudo.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por primera vez Dais abrió la boca asombrado: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;¿Que su abuelo me muestre su cuerpo desnudo?&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Sí; que su abuelo se desnude frente a ti y te muestre su cuerpo. Vete ahora. Y no te olvides. Te haré apalear como a un esclavo si alguien me informa que te ve en compañía de esa maldición de Alá.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dais se inclinó respetuosamente. Estaba perdido. No le quedaba otro recurso que matarse o partir para Java. Lo pensaría. ¡Ah! Y antes, visitar la casa de Hacmet y decirle que su padre le había dicho que le hiciera conocer a su abuelo. Pero a su abuelo desnudo. ¡Eso sí que era una ocurrencia! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El joven Dais retrocedió espantado cuando el viejo Halid Majid terminó de desnudarse, y abriendo una ventana se mostró a la claridad del sol. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuerpo del viejo estaba surcado de terribles cicatrices. Semejantes a un follaje de piel roja y brillante, se extendían irregularmente por todos sus miembros. Esas cicatrices y costurones abarcaban su rostro, sus labios, sus párpados, sus brazos. Era como si el cuerpo de aquel hombre hubiera pasado a través de un engranaje terrible que sin hacerle perder su forma humana le hubiese desgarrado con sus dientes. No había una pulgada de epidermis en aquel anciano que no estuviera señalada por la misteriosa tortura. Ésta le daba la apariencia de un monstruo chino. Una vez que el viejo creyó haber sido contemplado lo suficiente por el joven Dais, le dijo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Siéntate, hijo de Faraj, y escucha atentamente mi historia. Éstas son las desgracias que les ocurren a los musulmanes que se acercan a las mujeres que no son de su raza. Cuando me hayas escuchado, el camino del deber aparecerá recto y fácil ante tus ojos. ¿Me escuchas, hijo de Faraj?&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Sí, señor; te escucho.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"En nombre de Alá el Clemente, el Misericordioso: Hace ochenta años. Yo entonces tenía veinte años. Mi padre me envió a la ciudad de Singaragia, en la isla de Java. No sé si tú sabrás que su población se compone en su mayor parte de malasios infieles, de chinos hediondos y de budistas cuya indecencia llega a extremos que no puedes imaginarte. Era mi amo un hermano de mi padre. Aparte de traficar con nidos de golondrina, a los cuales son muy aficionados los chinos, se dedicaba al préstamo como a la compra de telas baticadas, que son unas telas sumamente floreadas por las que pierden la cabeza los javaneses más sensatos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tío tenía su tienda al final de una calle en la que podían verse altas pértigas de cañas de bambú adornadas en su extremo de manojos de plumas de colores. Por esta calle pasaban hacia sus posesiones del campo los chinos principales, muy tiesos en sus literas doradas y conducidas por coolíes. También pasaban mujeres, con medio cuerpo desnudo y el rostro descubierto, conduciendo sobre la cabeza redondas bandejas de piñas y plátanos, que parecían ciempiés por los innúmeros rayos de palma que de ellos partían. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo estaba asombrado de todo aquello que mis ojos veían, y nada igualaba a mi agrado como el poder pasearme por entre las bajas montañas, de las que bajaban como grandes escalones las terrazas de los arrozales. También acudía a las riñas de gallos, por las que enloquecen los javaneses, o me sentaba en unas piedras excavadas que ellos llaman las 'Sillas de Shiva', escuchando la música que hacía el viento al pasar por unas inmensas arpas de bambú que los nativos de esos parajes colocan en sus sembradíos para ahuyentar a los pájaros que destrozan sus cosechas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No vivía sino pasando de un asombro a otro. Solía también pasearme por el mercado, donde había infinita variedad de infieles, algunos con los dientes laqueados de negro, otros con la cabeza rapada, los dientes limados y las narices perforadas, así como chinos de túnicas floreadas, sacerdotes con mantos amarillos, cingaleses conduciendo vacas gibosas y campesinos seguidos de sus lagartos domesticados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estando una mañana en el mercado, vi a una mujer que me llamó la atención. Era alta, majestuosa; su cuerpo estaba envuelto en una sola pieza de tela floreada y su cabeza adornada de una corona de flores. Iba descalza, como acostumbraban las mujeres de aquel país, y cuando me vio, arrimado a la tienda de un mercader de flores, me echó tal mirada, que mis huesos se echaron a temblar. Un mal genio me inspiró a seguirla. Eché a caminar tras de ella, hasta que entró en una casa en cuyo portal cosía prendas un sastrecillo. La desconocida, antes de entrar al portal, se volvió y me sonrió de tan arrebatadora manera, que súbitamente creí que el día se había convertido en noche y que mi vida quedaba caída a la misma entrada del portal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al día siguiente volví al mercado, y a la misma hora llegó la desconocida, que se detuvo en el puesto de una mujer que mercaba legumbres. Yo, indeciso y tímido, permanecí a alguna distancia de ella, pero pronto la desconocida me descubrió y volvió a sonreírme. Yo iba a acercarme a ella, pero la vendedora de legumbres me hizo un gesto y comprendí que tenía algún mensaje que transmitirme. Cuando me acerqué a su puesto, me dijo que su compradora se llamaba Turey y que era esposa de Moana, el sastrecillo. Turey le había dicho que gustaba de mí, y que aquella noche, cuando los vigilantes golpean en los tambores de madera la hora primera, me acercara al portal donde podría hablarme, pues a esa hora el sastrecillo, fatigado por las labores del día, dormía profundamente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ansiosamente esperé la noche, y llegó la noche, y después la hora primera. Cautelosamente me acerqué al portal, cuya puerta estaba entreabierta. Allí me aguardaba Turey. Me dijo que con riesgo de su reputación se atrevía a hablarme. Yo le agradaba mucho. Su marido, el sastrecillo Moana, pertenecía a la religión brahmánica, pero ella no sentía ninguna atracción hacia él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde aquella noche continuamos viéndonos siempre. Entrada la oscuridad, yo me deslizaba hacia el portal que ella dejaba entreabierto, y mientras el sastrecillo dormía, nosotros vivíamos nuestra felicidad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De esta manera transcurrieron algunos meses. Dicen los sabios que el placer sacia al hombre y encadena a la mujer. Una noche, mientras conversábamos en el portal, Turey me preguntó si yo me casaría con ella si su marido llegara a morir. Irreflexivamente le respondí que sí; pero luego, atacado por un escrúpulo que me produjo el recuerdo de una bárbara costumbre practicada en aquel país, le pregunté: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Pero, dime, en este país, ¿las viudas no están condenadas a la hoguera?&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Sí&lt;/i&gt; -me respondió Turey-. &lt;i&gt;Algunas mujeres practican aún esa costumbre; pero ella queda para las viudas que no quieren cambiar su religión; que las que abandonan el brahmanismo y se hacen musulmanas no marchan a la hoguera, aunque el deshonor caiga sobre ellas y su familia y parientes las repudien.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una esclava que se acercó a ella en aquel momento interrumpió nuestra conversación y yo tuve que marcharme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volvimos a vernos otras veces, y Turey no recordó más la propuesta que me hizo aquella noche; pero una vez que llegué al portal, aunque lo encontré entreabierto, Turey no estaba. Pensando que me convenía aguardar, me senté allí, y Turey no tardó en aparecer. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escúchame -me dijo-. Es tanto lo que deseaba vivir a tu lado, que esta noche, he envenenado a mi marido. Él acaba de morir. Está allá arriba, en su cama. Nadie sospechará que lo he matado, porque el veneno que le he dado no mancha el cuerpo. Ahora nadie podrá impedirme estar a tu lado. De modo que cuando pasen algunos días, me casaré contigo y adoptaré tu religión. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escuchándola, mi corazón se aterrorizó secretamente. Jamás supuse que esa mujer fuera capaz de envenenar al inocente sastrecillo. Me dije, razonablemente, que bien pudiera ser que mi destino fuera morir también envenenado a manos de Turey si la casualidad ponía en su camino a otro hombre que le agradara más que yo. Sin poder detenerme, no le oculté mi repulsión por el crimen que había cometido. Le dije que aquélla era la última vez que nos veíamos, y que no se acercara nunca más a mí, porque si no la denunciaría a la justicia del Sultán por el delito cometido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Turey escuchó en silencio mis palabras, y yo sentí que sus ojos me atravesaban el corazón como dagas envenenadas. Sin saber por qué, en ese momento entró un miedo pánico en mi entendimiento. Sin poderme reportar, me aparté corriendo del portal. Parecíame que la misma sombra del sastrecillo recién asesinado me amenazaba de terrible muerte o me previniera de un suceso peor aún. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquella noche, no pude conciliar el sueño. Pensaba que en cierto modo yo era el culpable del triste fin de Moana y que el día del Juicio Final me sería pedida cuenta de su tremenda suerte. Desvelado con tan siniestros pensamientos, vi llegar el amanecer, y cuando entré en la tienda de mi tío, éste me dijo: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;¿No sabes la novedad? Anoche murió Moana, el sastrecillo. Su viuda ha manifestado el deseo de morir en la misma hoguera que carbonice el cuerpo de su marido. Realmente, estas mujeres bárbaras dan muestras a veces de una fidelidad que ni entre los mismos creyentes se encuentra para raro ejemplo.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si bien me espantó el fin del sastrecillo, más aún me asombró el propósito de Turey. ¿Qué se proponía al manifestar su voluntad de morir en la hoguera? ¿Hacerse perdonar por el dios de sus creencias el mortal pecado que había cometido? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque mozo irreflexivo, adivinaba que un destino grave había caído sobre mi cabeza. En pocas horas, con mi conducta licenciosa había provocado la muerte de un honesto cortador de prendas, y ahora el suicidio de su arrepentida viuda. Indudablemente que algún día el Ángel de la Muerte me pediría cuentas de semejantes desaguisados, y no terminaba de jurarme a mí mismo que jamás volvería a fijar los ojos en la mujer del prójimo, cuando inopinadamente apareció la esclava de Turey, quien, dirigiéndose a mí, me dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;i&gt;Mi señora manda decirte que de acuerdo con las costumbres del país, su difunto marido será quemado en una hoguera, y que ella, como cuadra a una viuda honesta, se precipitará en la hoguera. Díjome también que te diga que le agradaría mucho verte en el cortejo de los que la despidan de esta vida.&lt;/i&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo me estremecí de horror frente al sacrificio casi inevitable. Sin embargo, para calmar mis remordimientos, me decía que Turey, llegado el momento, no se atrevería a arrojarse entre las llamas, y dejé que su esclava se retirara, después de prometerle que cumpliría con mi deber e iría a verla morir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde, lívido como el mismo muerto a quien llevaban a quemar a una hoguera que se encendería en el bosque, me incorporé al cortejo funesto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rodeada de los malditos sacerdotes brahmanes y de viejas desgreñadas, que más parecían fieras carniceras que seres humanos, marchaba Turey con el rostro rayado de sangrientos arañazos y los ojos hinchados por interminable llanto. Yo la miraba sin acertar a comprender cómo era posible que amando tanto la vida y el placer diera su vida por un ser que cuando estuvo vivo ella mató. A su lado, como protegiéndola de aquellas que podían persuadirla de que no llevara a cabo tan bárbaro propósito como el de quemarse viva, marchaban los parientes del sastrecillo, y todos la cumplimentaban por su conducta y fidelidad a las costumbres del país. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegados al bosque, los que formábamos el cortejo hicimos un círculo en torno de un monte de leña donde se abrasaría el muerto y se suicidaría su viuda. Yo no abandonaba la esperanza de que llegado el extremo momento Turey se negaría a arrojarse entre las llamas. A todo esto, los sacerdotes colocaron el cadáver del sastrecillo sobre los maderos regados de aceite y un monje encendió la pira. Una rápida llamarada envolvió el montecillo de madera. Turey, separándose del cortejo, echó a caminar en torno de la hoguera para buscar el lugar más bajo y entrar en ella. Se acercó a mí. Yo iba a recibir su postrer saludo... ¡Horror!... De pronto me sentí agarrado por los ganchos de sus manos y arrastrado con infernal violencia al centro del brasero. Rodamos encima de las brasas. Yo profería terribles gritos, tratando de librarme del mortal abrazo de ese monstruo, cuya venganza era manifiesta ahora. Las llamaradas lamían mi cuerpo y mi túnica ardía rápidamente. De pronto, los brazos de la horrible mujer que me mantenían pegado al fuego se aflojaron; con mis vestiduras incendiadas, achicharrado vivo, me arrojé fuera de la hoguera y caí desvanecido sobre la hierba del prado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Con qué palabras contarte mis terribles sufrimientos? ¡Oh, hijo de Faraj! Me sumergieron en un barril de aceite, donde durante muchos días y muchas noches creí que los sufrimientos terminarían por hacerme perder la razón. Mi tío, mis amigos, nadie creía que resistiría las graves quemaduras que me desfiguraban el cuerpo. Sin embargo, poco a poco fui reponiéndome, y aunque el fuego de la hoguera me había transformado en un monstruo, no pude menos de darle las gracias a Alá por haberme inferido tan clemente castigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ya lo sabes, hijo del amigo de mi hijo. No busques amor de mujer fuera de tu raza, de tu ciudad natal y de tu religión."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ésta, aunque ingenua, fue la causa por la que Enriqueta Dogson, de la mañana a la noche, dejó de ver para siempre al joven Dais el Bint Abdalla, que, sin despedirse de ella, se embarcó para Java en busca del olvido de una pasión insensata.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111343314889006074?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111343314889006074/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111343314889006074' title='3 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111343314889006074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111343314889006074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/halid-majid-el-achicharrado.html' title='Halid Majid el achicharrado'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-12116579.post-111334832942014769</id><published>2005-04-12T16:25:00.000-07:00</published><updated>2005-04-12T16:27:24.373-07:00</updated><title type='text'>El abanderado</title><content type='html'>Por: Alphonse Daudet&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;b&gt;I&lt;/b&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El regimiento estaba en batalla sobre un repecho de la v&amp;iacute;a f&amp;eacute;rrea, sirviendo de blanco a todo el ej&amp;eacute;rcito prusiano amontonado en frente, bajo el bosque. Se fusilaban a ochenta metros. Los oficiales no cesaban de gritar: "&amp;iexcl;acu&amp;eacute;stense!" Pero ning&amp;uacute;n soldado quer&amp;iacute;a obedecer y el fiero regimiento segu&amp;iacute;a de pie, agrupado alrededor de una bandera. En ese gran horizonte de sol poniente, de trigos en espiga y de pastos de ganado, aquella masa de hombres, atormentados y envueltos en el manto inmenso de la humareda confusa, ten&amp;iacute;a el aspecto de un reba&amp;ntilde;o sorprendido a campo raso en el primer torbellino de un hurac&amp;aacute;n formidable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hierro ca&amp;iacute;a como una lluvia sobre el repecho en donde no se o&amp;iacute;a sino la crepitaci&amp;oacute;n de la fusiler&amp;iacute;a, el ruido sordo de las g&amp;aacute;batas rodando entre la fosa y las balas que vibraban eternamente de un extremo a otro del campo de batalla, como las cuerdas tendidas de un instrumento siniestro y retumbante. De cuando en cuando la bandera que se alzaba sobre las cabezas, agit&amp;aacute;ndose al viento de la metralla, se perd&amp;iacute;a entre el humo; y una voz grave y fiera hac&amp;iacute;a o&amp;iacute;r, dominando el estr&amp;eacute;pito de las armas y las quejas y juramentos de los heridos, estas breves palabras: "A la bandera, hijos m&amp;iacute;os, a la bandera"... Entonces un oficial, vago como una sombra, &amp;aacute;gil como una flecha, desaparec&amp;iacute;a un instante entre la niebla roja; y la heroica ense&amp;ntilde;a volv&amp;iacute;a a desenvolver sus pliegues por encima de la batalla. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Veintid&amp;oacute;s veces hab&amp;iacute;a ca&amp;iacute;do... Veintid&amp;oacute;s veces su asta, tibia a&amp;uacute;n, fue heredada de la mano de un moribundo por un valiente que volv&amp;iacute;a a levantarla. Y cuando, ya por la noche, lo que quedaba del regimiento -un pu&amp;ntilde;ado de hombres apenas- se bati&amp;oacute; lentamente en retirada, aquel pabell&amp;oacute;n ya no era sino un andrajo glorioso en manos del sargento Hormus, vig&amp;eacute;simo tercio abanderado de la jornada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;II&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tal sargento Hormus era un viejo tonto que casi no sab&amp;iacute;a ni escribir su nombre y que hab&amp;iacute;a empleado veinte a&amp;ntilde;os en ganar los galones que adornaban la manga de su casaca. Todas las miserias del exp&amp;oacute;sito y todos los atontamientos del cuartel se reflejaban en su frente baja, en su espalda abovedada por el saco, en su rostro inconsciente de soldado humilde. Adem&amp;aacute;s ten&amp;iacute;a el defecto de ser algo tartamudo; mas para ser abanderado no se necesita gran elocuencia y la misma tarde de la batalla su coronel le dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-T&amp;uacute; tienes la bandera, mi bravo sargento; gu&amp;aacute;rdala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sobre su viejo uniforme de campa&amp;ntilde;a, bien pasado ya a causa de la lluvia y el fuego, la cantinera sobrecosi&amp;oacute; al instante un cordoncillo dorado de subteniente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese orgullo, &amp;uacute;nico en su vida de humildad, irgui&amp;oacute; el cuerpo del viejo militar; y la costumbre de caminar encorvado, con los ojos bajos, se cambi&amp;oacute; desde entonces en el h&amp;aacute;bito de marchar orgullosamente, con la mirada en alto para ver flotar el fragmento de tela que se manten&amp;iacute;a en sus manos, siempre derecho, siempre fiero, por encima de la muerte, por encima de la traici&amp;oacute;n y por encima de la derrota. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadie ha visto, en &amp;eacute;poca alguna, un hombre tan dichoso como Hormus, cuando en los d&amp;iacute;as de batalla ten&amp;iacute;a el asta entre las manos afirm&amp;aacute;ndola en su estuche de cuero negro. Ni hablaba ni se mov&amp;iacute;a; y serio como un sacerdote, ten&amp;iacute;a el aspecto de guardar una cosa sagrada. Toda su vida y toda su fuerza estaban concentradas en esos dedos que se crispaban alrededor de un harapo glorioso sobre el cual rodaban las balas. Sus ojos llenos de fiereza miraban de frente a los prusianos y parec&amp;iacute;an decir: "Atr&amp;eacute;vanse, pues; traten siquiera de venir a rob&amp;aacute;rmela!..." &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nadie, ni a&amp;uacute;n la misma muerte, lo intentaba. Despu&amp;eacute;s de Borny, despu&amp;eacute;s de Gravelotte, despu&amp;eacute;s de las batallas m&amp;aacute;s terribles, la bandera continuaba su camino, deshecha, agujereada, transparente, llena de heridas; mas era siempre el viejo Hormus quien la llevaba. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;III&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Despu&amp;eacute;s... lleg&amp;oacute; septiembre, el ej&amp;eacute;rcito en Metz, el bloqueo y esa larga parada en el fango donde rodaban los ca&amp;ntilde;ones sin direcci&amp;oacute;n y donde las primeras tropas del mundo se desmoralizaban por el ocio y por la falta de v&amp;iacute;veres y de noticias, muriendo de fiebre y de fastidio al pie de sus fusiles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni los jefes ni los soldados cre&amp;iacute;an ya en cosa alguna; s&amp;oacute;lo Hormus guardaba a&amp;uacute;n la confianza. Su harapo tricolor le hac&amp;iacute;a creer en todo; y mientras &amp;eacute;l lo sent&amp;iacute;a a su lado, estaba seguro de que nada se hab&amp;iacute;a perdido. Desgraciadamente, como ya nadie se bat&amp;iacute;a, el coronel guardaba las banderas en su casa misma, en un barrio de Metz; y el bravo subteniente viv&amp;iacute;a como una madre que tuviese a su hijo en nodriza, pensando en &amp;eacute;l sin cesar. Cuando el fastidio lo atormentaba hac&amp;iacute;a un viaje a Metz, de donde regresaba contento despu&amp;eacute;s de mirar su bandera siempre en el mismo sitio, siempre tranquila, siempre recostada majestuosamente contra el muro. Esos viajes que &amp;eacute;l verificaba en una sola jornada, hac&amp;iacute;an nacer en su alma el valor y la paciencia; le hac&amp;iacute;an sonar con campos de batalla, con marchas gloriosas y con las grandes ense&amp;ntilde;as tricolores flotando a lo lejos sobre las trincheras prusianas... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La orden del d&amp;iacute;a del mariscal Bazaine hizo rodar por tierra las bellas ilusiones. Una ma&amp;ntilde;ana Hormus vio, al despertarse, mucha agitaci&amp;oacute;n en el campamento. Los soldados, reuni&amp;eacute;ndose en grupos, murmuraban, anim&amp;aacute;ndose y excit&amp;aacute;ndose con gritos de rabia; levantando los pu&amp;ntilde;os hacia un punto de la ciudad como si sus c&amp;oacute;leras designasen a un culpable... "Atr&amp;aacute;penlo!... Fusil&amp;eacute;moslo..." Y los oficiales guardaban silencio, apart&amp;aacute;ndose del bullicio, avergonzados... avergonzados de haber le&amp;iacute;do a cincuenta mil valientes, bien armados a&amp;uacute;n, a&amp;uacute;n vigorosos, la orden del mariscal que los entregaba sin combate al enemigo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&amp;iquest;Y las banderas? -pregunt&amp;oacute; Hormus palideciendo... Las banderas tambi&amp;eacute;n hab&amp;iacute;an sido entregadas con los fusiles, con el resto de los equipajes, con todo... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&amp;iexcl;Ra... Ra... Rayo de Dios!... -balbuce&amp;oacute; el pobre hombre- ...En todo caso a&amp;uacute;n no tendr&amp;aacute;n la m&amp;iacute;a... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, ligero como una bala, se ech&amp;oacute; a correr hacia la ciudad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;IV&lt;/b&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tambi&amp;eacute;n en Metz la animaci&amp;oacute;n era inmensa. Los guardias nacionales, los guardias m&amp;oacute;viles y los burgueses se agitaban gritando; las diputaciones recorr&amp;iacute;an las calles vibrantes y precisadas, dirigi&amp;eacute;ndose a la casa del mariscal. Hormus no ve&amp;iacute;a nada, no o&amp;iacute;a una palabra; hablando consigo mismo, sub&amp;iacute;a a grandes pasos la calle del Faubourg. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&amp;iexcl;Robarme mi bandera!... Pues no faltaba m&amp;aacute;s!... &amp;iexcl;Acaso es posible robar una bandera!... &amp;iexcl;Acaso tienen derecho!... Si les quiere dar algo a los prusianos que les d&amp;eacute; lo suyo... sus carrozas doradas, su vajilla magn&amp;iacute;fica tra&amp;iacute;da de M&amp;eacute;xico... Pero mi pabell&amp;oacute;n... El pabell&amp;oacute;n es m&amp;iacute;o... El pabell&amp;oacute;n es mi dicha, mi fortuna... &amp;iexcl;Y yo proh&amp;iacute;bo terminantemente que lo toquen!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todas estas frases incompletas estaban cortadas por la marcha y por la tartamudez. Pero en el fondo &amp;eacute;l ten&amp;iacute;a su idea: una idea bien firme, bien precisa: tomar la bandera, llevarla flotante al seno del regimiento y pasar luego sobre el vientre de los prusianos con todos los que quisieran seguirle. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando lleg&amp;oacute; al fin de su camino, ni siquiera lo dejaron entrar. El coronel, furioso tambi&amp;eacute;n, no quer&amp;iacute;a recibir a nadie... Pero el viejo Hormus no entend&amp;iacute;a as&amp;iacute; el asunto y jurando, gritando y empujando al plant&amp;oacute;n:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mi bandera -dec&amp;iacute;a-, denme mi bandera...!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin se abri&amp;oacute; una ventana: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&amp;iquest;Eres t&amp;uacute;, Hormus? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-S&amp;iacute;, mi coronel, yo... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todos los pabellones est&amp;aacute;n en el Arsenal..., no tienes necesidad sino de presentarte ah&amp;iacute; para que te den un recibo... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&amp;iquest;Un recibo?... &amp;iquest;Para qu&amp;eacute;?... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Es la orden del mariscal... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero... coronel... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&amp;iexcl;D&amp;eacute;jame en paz!... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la ventana se cerr&amp;oacute;... El viejo Hormus vacil&amp;oacute; como si estuviese borracho y repiti&amp;oacute; entre dientes: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&amp;iexcl;Un recibo!... &amp;iexcl;Un recibo!... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al fin se puso en marcha por segunda vez, no pensando sino en que su bandera estaba en el Arsenal y que era necesario volverla a ver, costara lo que costara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;V&lt;/b&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las puertas del Arsenal estaban completamente abiertas para dejar el paso libre a los carros prusianos que esperaban su cargamento en el patio inmenso. Hormus sinti&amp;oacute;, al entrar, que un escalofr&amp;iacute;o agitaba sus nervios. Todos los dem&amp;aacute;s abanderados, cincuenta o sesenta oficiales silenciosos e indignados, estaban all&amp;iacute;... Y todos aquellos hombres tristes, con las cabezas desnudas, agrup&amp;aacute;ndose detr&amp;aacute;s de los enormes carros sombr&amp;iacute;os, daban a la escena un aspecto de entierro. La lluvia aumentaba la emoci&amp;oacute;n de tristeza... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pabellones del ej&amp;eacute;rcito de Bazaine estaban amontonados en un rinc&amp;oacute;n, confundi&amp;eacute;ndose sobre el suelo fangoso. Nada m&amp;aacute;s terrible que el espect&amp;aacute;culo de esos fragmentos de rica seda, pedazos de franjas de oro y de astas trabajados, arreos gloriosos echados por tierra y manchados de lluvia y de lodo. Un oficial de administraci&amp;oacute;n los iba cogiendo, uno por uno; y al nombre de su regimiento, pronunciado en alta voz, cada abanderado se acercaba para recoger un recibo. Derechos e impasibles, dos oficiales prusianos vigilaban el cargamento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;iexcl;Y ustedes se iban as&amp;iacute;, &amp;iexcl;oh santos jirones gloriosos!, desplegando sus agujeros y barriendo tristemente la tierra, como banda de p&amp;aacute;jaros que tuviesen las alas rotas!... &amp;iexcl;Ustedes se iban con la verg&amp;uuml;enza de las grandes cosas humilladas... y cada uno de ustedes se llevaba un pedazo de la Francia!... El sol de las largas jornadas dej&amp;oacute; su sello entre sus arrugas marchitas... Ustedes guardan, en las marcas de las balas, el recuerdo de muchos h&amp;eacute;roes desconocidos que cayeron muertos, al azar, bajo sus franjas tricolores!...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya lleg&amp;oacute; tu turno, Hormus... Ah&amp;iacute; te llaman... Ve a buscar tu recibo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;iquest;Se trataba de un recibo cuando una bandera francesa, la m&amp;aacute;s bella, la m&amp;aacute;s mutilada, la suya, estaba delante de sus ojos?... El viejo sargento se figuraba estar a&amp;uacute;n all&amp;aacute; arriba, de pie sobre el repecho de la v&amp;iacute;a f&amp;eacute;rrea... Su ilusi&amp;oacute;n le hac&amp;iacute;a o&amp;iacute;r de nuevo el canto de las balas, el ruido de las g&amp;aacute;batas que rodaban y la voz robusta del coronel:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A la bandera, hijos m&amp;iacute;os, a la bandera...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, sus veintid&amp;oacute;s camaradas muertos y &amp;eacute;l, vig&amp;eacute;simo tercio abanderado, precipit&amp;aacute;ndose a su vez para levantar y sostener el pobre pabell&amp;oacute;n que vacilaba falto de brazo... &amp;iexcl;Ah! Ese d&amp;iacute;a hab&amp;iacute;a jurado defenderlo, guardarlo hasta la muerte... Y ahora...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;S&amp;oacute;lo de pensarlo, toda la sangre del coraz&amp;oacute;n le sub&amp;iacute;a a la cabeza... Ebrio, sin sentido, se lanz&amp;oacute; sobre el oficial prusiano arranc&amp;aacute;ndole su ense&amp;ntilde;a idolatrada, para agitarla de nuevo entre sus manos, para levantarla a&amp;uacute;n, bien alta, bien recta y para gritar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-A la ban...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero su grito fue cortado entre su garganta... y sinti&amp;oacute; temblar el asta, que se escapaba de sus manos... En ese aire malsano, en ese aire de muerte que pesa terriblemente sobre las ciudades rendidas, la bandera no pod&amp;iacute;a flotar... Nada de orgulloso, nada de fiero pod&amp;iacute;a vivir ah&amp;iacute;... Y el viejo Hormus cay&amp;oacute; fulminado...&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;hr&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/12116579-111334832942014769?l=gargantuario2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://gargantuario2.blogspot.com/feeds/111334832942014769/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=12116579&amp;postID=111334832942014769' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111334832942014769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/12116579/posts/default/111334832942014769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://gargantuario2.blogspot.com/2005/04/el-abanderado.html' title='El abanderado'/><author><name>Tenebris</name><uri>http://www.blogger.com/profile/11028399633866266881</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='25' height='32' src='http://bp2.blogger.com/_XMU9ykYFVm8/R4x08fTbb2I/AAAAAAAAAAQ/JXYd-nz2DVs/S220/Sausalito.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
